edición: 2783 , Viernes, 16 agosto 2019
13/10/2011

Estados Unidos acentúa la presión sobre Irán al acusarle de preparar atentados contra Arabía Saudí e Israel

Pedro González
No podía faltar el ingrediente bélico terrorista en medio de la agudísima crisis financiera global. Mientras la atención se fijaba, tanto en Europa como en Estados Unidos, en las reacciones a los síntomas cada vez más alarmantes de colapso económico y político, el Departamento de Estado norteamericano desencadenaba una alerta mundial por posibles atentados terroristas contra los medios de transporte. Aeropuertos y estaciones ferroviarias y marítimas occidentales han sido advertidos para que extremen sus medidas de seguridad.

La secretaria de Estado, Hillary Clinton, apunta directamente a Irán como responsable de esta alarma, consecuencia de haberse descubierto y desbaratado un intento de asesinato contra el embajador de Arabia Saudí, Abdel Al-Jubeir, en suelo americano. La señora Clinton admitió que su denuncia y condena hay que interpretarlas como “un duro mensaje de Estados Unidos de que deben cesar de inmediato estas acciones terroristas”, dejando en el aire que, en caso contrario, Irán deberá atenerse a las consecuencias.

Previamente, el fiscal general, Eric Holder, difundía el acta de acusación contra dos ciudadanos iraníes –uno de ellos, también con nacionalidad americana-, que habrían admitido estar preparando las bombas para atentar contra Al-Jubeir, que además de embajador es uno de los consejeros más influyentes del rey Abdallah. El fiscal general de Estados Unidos señaló que todos los indicios muestran que “el complot había sido concebido, organizado y dirigido por Irán, a quién responsabilizamos por lo tanto de estas acciones”. Holder apuntó también a los pashdarán, los poderosos Guardianes de la Revolución  iraní, como responsables directos del complot. Tres delitos se imputan directamente a Manssor Arbabsiar y Gholam Shakuri, los dos detenidos: conspiración para asesinar a una autoridad extranjera, utilización de un arma de destrucción masiva (explosivos), y conspiración para cometer un acto de terrorismo internacional. 

Otros portavoces de la diplomacia americana han indicado también que, según el plan presuntamente diseñado por Teherán, al asesinato del embajador saudí en Washington deberían seguirle de manera consecutiva otros atentados en diversos lugares del mundo, entre ellos y de manera precisa, contra la embajada de Israel en Argentina.

Todas las acusaciones han sido rechazadas de inmediato por Irán, primero por su embajador ante Naciones Unidas, Mohammad Khazaee, que calificaba los relatos estadounidenses de “conspiración diabólica”, y después por la portavocía del presidente Mahmud Ahmadineyad: “Estamos ante un guión fabricado de principio a fin por las agencias norteamericanas para desviar la atención de la opinión pública de los problemas internos de Estados Unidos”, señala la nota. La oficina presidencial iraní abunda también en su tesis de que Washington estaría buscando con esta táctica sembrar la discordia en el seno del mundo musulmán. 

Precisamente, Riad declaró creer la totalidad de la versión americana, ya que emitió una “nota de gratitud” hacia Estados Unidos por haber descubierto y desbaratado el atentado. Su propio embajador, presunto objetivo del asesinato, lo denunció asimismo como “una violación odiosa de las convenciones internacionales”. La Arabia suní y wahabita mantiene una pugna nada soterrada con el Irán chií por el liderazgo religioso, y consiguientemente político, en todo el orbe musulmán, especialmente el de Oriente Medio.

La diplomacia americana se movilizó desde la misma noche del martes para informar a todos sus aliados de los detalles del presunto complot, calificado de “acción terrorífica del gobierno iraní, que no puede pasarse por alto bajo ningún concepto”. Esta multiplicación de llamadas acentúa la presión internacional sobre Teherán, cuyo régimen sufre la asfixia progresiva de las sanciones impuestas tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea. Si, a pesar de los desmentidos, las evidencias demostraran con pruebas irrefutables la implicación de Irán como instigador del terrorismo internacional, se allanaría mucho el camino para adoptar medidas más contundentes contra el régimen de los ayatolás, principal valedor todavía de una Siria, cuyo régimen es considerado  asimismo responsable de la masiva y sangrienta represión desencadenada por el presidente Bashar Al-Assad.

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