edición: 2249 , Miércoles, 28 junio 2017
08/10/2008
Observatorio de Coyuntura

Estados Unidos, más exportaciones y menos consumo

Servicio de Estudios de ´la Caixa´

El producto interior bruto (PIB) estadounidense creció un 2,2% interanual en el segundo trimestre. En términos intertrimestrales anualizados, el avance fue de 3,3%, algo por encima de lo previsto teniendo en cuenta el estímulo fiscal aprobado en abril. La revisión de julio de las cifras publicadas anteriormente dejó al último trimestre de 2007 con un crecimiento intertrimestral negativo. El consumo privado, el áncora de la economía, siguió desacelerándose con un avance del 1,4% interanual. Una parsimonia que podría ser menos sin las mencionadas ayudas fiscales y que apunta a la baja. En el capítulo de la inversión no residencial, si las estructuras tuvieron un buen comportamiento, la inversión en equipo, con más peso en la economía, se desaceleró con fuerza, descendiendo respecto al nivel del trimestre anterior mientras que continuaron los fuertes descensos en la inversión residencial.

El sector exterior pasa a ser el soporte más sólido del crecimiento gracias a la debilitada demanda de importaciones y a la renovada competitividad que otorga un dólar barato. Así, las exportaciones ganaron un 11,2% interanual mientras que las importaciones cedieron un 2,0%. El problema es que la demanda interna del segundo trimestre se contrajo respecto al primero, y está por ver si un crecimiento basado por completo en el sector exterior es sostenible en una economía tan grande como la estadounidense. Se esquiva la recesión pero, en los dos últimos meses, el riesgo vuelve a estar más en el lado del crecimiento que en el de la inflación. Aunque esto no implica que las tensiones de precios estén conjuradas, 2009 va configurándose como un año de débil actividad y no de recuperación.

Abundando en esta tesis está el sentimiento de los consumidores cuyo indicador más seguido, el índice de confianza del consumidor del Conference Board, se quedó en julio en los 51,9 puntos, un nivel que, aunque algo por encima de la cifra del mes anterior, en los últimos 30 años sólo ha estado tan bajo en los primeros dos meses de 1992. La gran diferencia con aquel entonces está en las expectativas. En 1982 éstas estaban muy por encima de la percepción del presente, mientras que en la actualidad sucede lo contrario. En consonancia con el sentimiento de los consumidores, las ventas al por menor de julio, sin incluir las fluctuantes compras de automóviles y el consumo de gasolina, avanzaron un 3,4% interanual que, descontando las variaciones de precios, se traduce en un apagado 0,8%. Por su parte, las compras de automóviles siguieron intensificando su caída y acumulan un descenso del 10,5% interanual. Lo preocupante de esta evolución general no es tanto la intensidad de la desaceleración como la marcada tendencia a la baja.

La visión empresarial, aunque más sosegada en un principio, también se acoge a esta tendencia bajista, como lo atestigua en julio el índice de actividad empresarial del Institute for Supply Management, que en manufacturas descendió levemente hasta el nivel de equilibrio de los 50,0 puntos, donde hay tantas respuestas optimistas como respuestas pesimistas. Por su parte, el índice de servicios bajó hasta los 49,2 puntos. En ambos casos, la modesta recuperación del componente de empleo queda empañada por la persistencia de las tensiones en precios y por una mayor debilidad de los nuevos pedidos. En contraste con anteriores periodos de desaceleración, cuando estos índices reaccionaban con prontitud y con intensos retrocesos, esta vez nada de eso se está produciendo sino que se está marcando una tendencia suave, pero bien definida, a la baja.

La evolución del sector de la vivienda, más allá de las consecuencias directamente derivadas de su reducida actividad en las cuentas nacionales y en el empleo, marcará el paso del consumo privado a través de la evolución de sus precios. El gasto en construcción del segundo trimestre disminuyó un 15,6% respecto al periodo anterior en términos anuales, con lo que, aunque mejora el descenso del 25,0% del periodo previo, dista mucho de haber tocado fondo. En esta tesitura, las viviendas iniciadas cayeron en julio un 29,6% respecto al mismo periodo del año anterior. Apuntando en igual dirección, los permisos de construcción, que constituyen un indicador adelantado del anterior, descendieron un similar 32,4%, y la cuestión aquí ya no está en los ritmos de descenso sino en los bajos niveles alcanzados.

Por el lado de la demanda, la situación es más preocupante. El precio de los inmuebles sigue disminuyendo la riqueza percibida de muchos consumidores y, en mayo, su índice más representativo, el Case-Shiller, siguió intensificando descensos con un retroceso acumulado del 19,8% respecto al máximo de junio de 2006, lo que, si se añade a la subida del IPC, alcanza una pérdida del 24,7%. Tampoco mejora la liquidez de los inmuebles con la venta de viviendas de segunda mano de junio, que cae un 15,5% interanual, y la de viviendas nuevas, con mayores oscilaciones, que cede un 33,3%. La consecuencia es que en junio se tardaba en promedio 11,1 meses en vender una vivienda, el doble de lo que se necesitaba hace tan sólo dos años.

El otro elemento importante que actúa sobre el consumo es el mercado de trabajo y tampoco aquí mejoran las perspectivas. En julio, por primera vez desde 2003, había menos empleados no agrícolas en comparación con el mismo mes del año anterior. En los primeros siete meses de 2008 se acumula una pérdida neta de 463.000 puestos de trabajo. En julio, la tasa de paro se encaramó hasta el 5,7% de la población activa, un punto porcentual por encima del mismo periodo del año pasado con unos salarios que, considerando los repuntes de precios, están en niveles adquisitivos no superiores a 2001.

Sin embargo este aminoramiento de la marcha de la actividad económica sigue sin moderar las presiones sobre el índice de precios al consumo (IPC), que en julio avanzó un 5,6% interanual. Si ya es problemática la persistencia de la presión alcista de los precios de la alimentación y de la energía, no ayuda que el componente subyacente también evolucionase al alza, pasando de incrementos del 2,4% al 2,5%. Los precios de producción del mismo periodo se incrementaron en un 9,8% interanual, pero siguen sin trasladarse a los consumidores. Con todo, es positivo que la influencia de los precios energéticos en los otros sectores de la actividad está siendo mucho más limitada de lo que se esperaba, aunque la expectativa de que suban los precios a niveles cercanos al 2,0% queda ya un poco más lejos.

Por su parte, la balanza comercial de bienes y servicios arrojó en junio un déficit de 56.772 millones de dólares, un descenso del 4,0% interanual. Algo inferior a lo esperado por culpa del petróleo. Y es que, durante los últimos doce meses hasta junio, el déficit exterior en petróleo o en productos derivados del petróleo constituyó un 64,0% del déficit de bienes y servicios total del periodo. Sin embargo, la parte positiva es que el saldo negativo no petrolífero descendió hasta llegar a un 47,0% del máximo alcanzado en octubre de 2005 en dólares corrientes.

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