edición: 2851 , Jueves, 21 noviembre 2019
06/10/2010
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

Estados Unidos, una realidad más dura de lo esperado

SERVICIO DE ESTUDIOS DE 'LA CAIXA'
En el segundo trimestre, el producto interior bruto (PIB) de la economía estadounidense creció un 1,6% intertrimestral anualizado. Los riesgos inherentes a un crecimiento débil ganan así preponderancia frente a los riesgos de tensiones inflacionistas. Si bien los efectos de base llevaron al crecimiento interanual hasta el 3,0%, lo cierto es que la desaceleración respecto al primer trimestre fue mayor de lo esperado y la recuperación se muestra más débil de lo que se venía anticipando. Por ello, hemos revisado a la baja en dos décimas el crecimiento previsto para 2010, hasta el 2,8%.

Adicionalmente, la habitual revisión de julio vino a mostrar que el punto de partida de la recuperación es más bajo de lo que se había supuesto en un principio, con una economía que registró un crecimiento nulo en 2008 y un descenso del 2,6% en 2009. Las nuevas cuentas nacionales de los últimos tres años muestran una desaceleración más intensa del consumo privado que, a su vez, tiene un efecto significativo en la tasa de ahorro de las familias. Así, el ahorro de los hogares llegó en junio al 6,4% de la renta disponible mientras que durante el último año se ha venido situando de forma consistente por encima del 5,0%, tasas netamentes superiores al 3,0% del que se hablaba previamente a la revisión y más consistentes con la dinámica de reducción de la deuda de los hogares, la situación del mercado inmobiliario y la persistencia del elevado desempleo.

El consumo público, a modo de compensación, ha sido mayor de lo que se había estimado. Pero es la inversión en equipo el componente que se confirma como la principal fortaleza de la recuperación sumando su tercer trimestre de avances robustos. Por el lado de la inversión residencial, el fuerte crecimiento del segundo trimestre se debe más a la corrección a la baja de los ya de por sí débiles registros de trimestres previos que a una recuperación genuina del sector. En lo referente al sector exterior, la desaceleración de las exportaciones convivió con la continuidad de la presión importadora. En este sentido, destaca el repunte intenso de las compras al exterior del segundo trimestre, que debería atemperarse en los próximos meses a la vista de la debilidad del consumo privado.

Abundando en esta moderación de las apetencias consumistas, las ventas minoristas, sin coches ni gasolina, sumaron en julio su cuarto mes de debilidad consecutivo con un leve retroceso del 0,2% respecto a junio. Descontando el efecto de las variaciones de precios, el consumo al por menor se sitúa un 2,9% por debajo del registro de diciembre de 2007, nivel representativo de la situación previa a la crisis. Dentro de esta misma tónica de debilidad, el índice de confianza del consumidor del Conference Board de julio bajó con fuerza por segundo mes consecutivo.

Por el lado de la oferta, las empresas no financieras siguen constituyendo la parte más robusta de la recuperación, como demuestra la evolución de la inversión en equipo en las cuentas nacionales. Sin embargo, en los dos últimos meses hemos asistido a cierto deterioro de las perspectivas empresariales, aunque éstas siguen claramente inscritas en la banda optimista. Así, el índice de sentimiento empresarial del Institute for Supply Management tuvo ligeros avances hasta el nivel de los 60,4 puntos en manufacturas y 60,3 puntos en servicios. Si la situación manufacturera es consistente con ritmos elevados de crecimiento, en el caso de los servicios, que son el 83,2% del total de empleos privados, ya se está más en una línea de expansión modesta. Coherente con la mejor situación relativa de las manufacturas, la producción industrial de julio se recuperó de la atonía de junio y siguió asentando su recuperación, con un índice general que lleva recuperado un 7,9% del 14,9% que se llegó a perder durante la crisis. La utilización de la capacidad productiva subió hasta el 75,8% del total, el porcentaje más alto desde finales de 2008, pero netamente inferior al promedio histórico de 81,0%.

El mercado de la vivienda sigue débil pese a haber tenido una contribución positiva al crecimiento del segundo trimestre. Así, las 546.000 viviendas iniciadas en julio, en términos anuales, siguen lejos de las 1.600.000 viviendas iniciadas representativas de los años anteriores a la burbuja. El comportamiento de las ventas tampoco muestra signos de reactivación, con retrocesos claros a partir del final de las ayudas gubernamentales. El índice Case-Shiller de precios de la vivienda de segunda mano tuvo modestos incrementos en abril y mayo, aunque lejos todavía de mostrar una tendencia alcista nítida, mientras que el índice de confianza de los constructores de la National Association of Home Builders cayó en julio a su nivel más bajo desde marzo de 2009. El problema de la vivienda hay que buscarlo en la sobreoferta del mercado que, a su vez, viene alimentada por las ejecuciones de hipotecas por impago que, en el primer trimestre, seguían en máximos, con el 9,5% de todos los préstamos hipotecarios presentando retrasos por impago superiores a los 90 días.

Unos de los principales lastres para la recuperación del mercado de la vivienda sigue siendo la debilidad del mercado de trabajo, que tiene visos de perdurar hasta la primera mitad de 2011. La creación de empleos privados en los primeros siete meses de 2010 fue de 630.000, un ritmo muy lento para enjuagar los 8,5 millones perdidos en 2008 y 2009. La tasa de desempleo se situó en julio en el 9,5%. La proporción de parados de larga duración, de difícil recolocación, está en un históricamente alto 44,9%, y el gran número de trabajadores desanimados y de trabajadores a tiempo parcial de forma involuntaria dificultarán que la tasa de desempleo descienda significativamente mientras que el crecimiento económico no supere los ritmos actuales.

Los precios mantienen su tónica de atonía. El índice general de precios al consumo (IPC) de julio aumentó un 1,2% interanual, mientras que la debilidad del consumo y la baja utilización de la capacidad productiva hicieron que el índice subyacente se incrementase un 0,9% interanual por cuarto mes consecutivo. La debilidad del mercado de la vivienda también tiene aquí su contribución, ya que los alquileres de la vivienda imputados a los propietarios de la vivienda habitual siguen contribuyendo a escorar a la baja los índices de precios.

El sector exterior se ha deteriorado significativamente, a pesar de la moderación de la demanda interna y de la relativa estabilidad del precio del petróleo, retrasando así el proceso de corrección que había empezado en 2006. En esta línea, el déficit comercial de bienes y servicios de junio fue de 49.895 millones de dólares, 8.000 millones por encima que el del mes previo y ya en niveles anteriores a la crisis. El déficit comercial que excluye el petróleo y sus derivados alcanzó su máximo nivel desde finales de 2007 a causa de las importaciones de productos de Asia oriental. Si bien el déficit bilateral con China es un 42,0% del total, en julio el déficit con Japón presentó también un fuerte incremento.

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