edición: 2559 , Viernes, 21 septiembre 2018
20/02/2009
Observatorio de Coyuntura

Estados Unidos y la dificultad de recuperar el consumo privado

Servicio de Estudios de 'la Caixa'.- El recientemente investido presidente Barack Obama tendrá ante sí una dura tarea. La economía está en recesión y las perspectivas para el conjunto de 2009 son de crecimiento negativo. La recuperación tendrá que esperar a 2010 y será lenta. La trayectoria bajista de la economía se ha convertido desde septiembre de 2008 en una caída abrupta. El PIB (producto interior bruto) del tercer trimestre retrocedió un 0,5% intertrimestral anualizado mientras que el consumo privado cedió un más rotundo 3,8%. Será ésta la variable clave en 2009, no sólo por su peso del 70,5% en el PIB, sino porque las deterioradas finanzas de los hogares constituyen un mal punto de partida que condicionará la efectividad de los estímulos y el crecimiento de los próximos años.

Desde finales de 2000 hasta la mitad de 2008, el endeudamiento bruto de las familias pasó del 70,5% al 97,3% del PIB, sólo superado por el 117,2% del sector financiero. La corrección del precio de la vivienda ha reducido riqueza pero no la deuda contraída, con lo que el apalancamiento de las familias se ha hecho insostenible. Con la reducción del crédito esta situación empezó a corregirse en el tercer trimestre iniciando un largo proceso de desapalancamiento de los hogares. La primera consecuencia ha sido el fin del crecimiento de la deuda bruta de las familias a la espera de su reducción. Así, una parte importante de los ingresos que lleguen a los hogares será destinada a reducir la deuda contraída y no a reactivar el consumo.

Por ello, para ser efectivo, el estímulo fiscal necesario para contrarrestar el deterioro de la actividad deberá ser excepcionalmente grande. Obama ha previsto un paquete de 825.000 millones de dólares para 2009 y 2010, un tercio dedicado a la reducción de impuestos y dos tercios a inversiones públicas. La Oficina de Presupuestos del Congreso (Congressional Budget Office) prevé un déficit base del 8,3% del PIB para 2009, pero incluyendo el paquete del nuevo presidente se podría superar el 12%. Considerando el punto de partida, este ajuste lento con mayor ahorro de los consumidores e importantes déficits públicos puede durar varios años. El mayor ahorro de los estadounidenses no será suficiente para financiar este déficit en una economía ya endeudada y que cerró 2008 con un déficit exterior cercano al 5% del PIB. La debilidad de la economía global, incluidos los emergentes, hará más difícil esta financiación externa. Finalmente, dada la magnitud del déficit fiscal, puede surgir a medio plazo un entorno inflacionista con altos tipos de interés que dificulte la inversión privada e impida una recuperación robusta.

El ánimo de los consumidores es un fiel reflejo de estas dificultades. Después de la tímida recuperación de noviembre, el índice de confianza del consumidor del Conference Board volvió a marcar en diciembre un nuevo mínimo histórico en los 40 años de vida del indicador bajando de 44,9 hasta los 38,0 puntos, con un drástico descenso de la percepción de la situación presente sin mejoras en las expectativas futuras. En este contexto, las ventas minoristas de diciembre experimentaron una fuerte bajada respecto a noviembre que llevó, sin los fluctuantes automóviles y gasolina, a un retroceso del 2,5% interanual. Descontando los incrementos de precios, la disminución fue del 4,2%. Por sectores, los retrocesos fueron generalizados aunque las mayores debilidades siguieron centradas en los bienes duraderos, incluyendo los automóviles, y en materiales de construcción.

La visión empresarial, según el índice de actividad del Institute for Supply Management, siguió abundando en este escenario de recesión profunda. Así, en diciembre, el índice de manufacturas bajó de 36,2 al nivel de los 32,4 puntos, un nivel al que no se había llegado desde 1980 y que está muy por debajo del equilibrio de los 50,0 puntos, que se considera el umbral que señala riesgos de recesión. Por su parte, el índice de servicios se recuperó de su mínimo histórico pasando de 33,0 al nivel de los 39,6 puntos. En ambos casos se evidencian fuertes descensos en los componentes de empleo y, especialmente, en nuevos pedidos y precios que, en manufacturas, alcanzaron nuevos mínimos históricos desde los inicios del indicador, que se remontan al año 1948.

La vivienda sigue sin tocar fondo. Por el lado de la demanda, el precio de los inmuebles sigue disminuyendo la riqueza percibida de muchos consumidores. El índice Case-Shiller de octubre acumuló un retroceso del 25,0% respecto al máximo de junio de 2006. Teniendo en cuenta los incrementos del IPC, los inmuebles presentan una pérdida acumulada del 30,5% desde su nivel máximo. La corrección de la oferta de viviendas también continúa y en diciembre se iniciaron 625.000 viviendas en términos anuales, menos de un tercio del registro de 2006, lo que constituye un nuevo mínimo histórico del indicador desde sus inicios en 1959. En el mismo mes, el incremento de inmuebles embargados, subastados a precios bajos, no logró estabilizar el descenso de las ventas. Todo ello indica que habrá que esperar varios meses para que el sector de la vivienda se estabilice.

La evolución reciente del mercado de trabajo ahonda en la senda bajista y arrastra con ella al consumo privado. Así, en 2008 se perdieron 2.589.000 puestos de trabajo, de los que 1.934.000 correspondieron a los últimos cuatro meses. Por su parte, la tasa de paro de diciembre llegó al 7,2% de la población activa, el máximo desde 1991. La crisis de la industria del automóvil hay que entenderla en clave de puestos de trabajo. El senado concedió 14.000 millones de dólares en ayudas pero harán falta muchos más. Los tres grandes de Detroit perdían dinero mucho antes de la crisis y se está lejos de un plan de negocio que asegure la viabilidad a largo plazo.

En el frente de la inflación los peligros desaparecen a corto plazo. El índice general de precios al consumo (IPC) de diciembre siguió estando muy influido por las oscilaciones del precio del petróleo y retrocedió, por quinta vez consecutiva, respecto al mes anterior. La variación interanual fue de un magro 0,1%, cuando solo tres meses atrás se rozaba el 5%. El índice subyacente, el general sin alimentos ni energía, cayó por segundo mes consecutivo a causa de la debilidad de la demanda agregada y la menor utilización de la capacidad productiva, con una variación interanual del 1,8%.

El sector exterior aportó en noviembre signos contradictorios. La importante reducción del déficit comercial, que pasó de los 56.690 millones de dólares de octubre a los 40.442 millones de noviembre, no fue una buena noticia. En primer lugar, cuatro quintas partes de la mejora fueron debidas al abaratamiento del petróleo. El déficit excluyendo el petróleo mejoró pero a costa de una importante reducción de los flujos comerciales. Las importaciones no petroleras descendieron un 12,0% respecto al mes anterior a causa del la debilidad de la demanda interna. Pero el peor dato estuvo en el retroceso del 5,8% que experimentaron las exportaciones, causado por una reducción de los volúmenes de comercio global. La débil demanda mundial, sugiere que el resto del mundo está muy lejos de compensar el repliegue del consumo privado estadounidense. En este contexto de debilidad global, las ayudas que el sector exterior pueda aportar serán limitadas lo que pondrá una dificultad adicional a la recuperación de la economía americana.

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