edición: 2724 , Viernes, 24 mayo 2019
27/07/2011
El derivado estrella en la cobertura de deuda, camino de perder la bula del legislador

Estalla la guerra contra la opacidad y el descontrol de los CDS

El detonante, la incapacidad de los Gobiernos para calcular el agujero real de la deuda griega
La deuda ‘a la sombra’ trae de cabeza al BCE y a la FED
Juan José González

El asunto que mantiene en vilo a los supervisores locales y al Banco Central Europeo –y a la FED norteamericana- tiene que ver con los seguros de impago de deuda, los Credit Default Swaps (cds) el derivado por excelencia que adquieren los acreedores como seguro contra un impago, y verdadero paradigma de la opacidad e inseguridad financiera, puesto que las entidades financieras y aseguradoras no tienen obligación de detallar. Y así, no resulta sencillo averiguar la exposición real de las entidades a la deuda mientras no sea posible reunir la información sobre los cds que han adquirido al mismo tiempo que la deuda. De ahí que las compañías aseguradoras, como estos días se aprecia en EE UU, se encuentren al borde un ataque de… pánico. Se supone que los legisladores europeos ya han tomado nota de la imperfección y se aprestan a corregir el fallo del sistema. La guerra a la opacidad de los ‘cds’ ya ha sido formalmente declarada. Ahora sólo queda por ver los resultados.

Como suele suceder con los premios de la lotería nacional, la deuda griega también esta muy repartida. Demasiado, si se tiene en cuenta que solamente la punta del iceberg, es decir, las cantidades identificadas y reconocidas por el emisor, contrastadas también con las reconocidas por muchos tenedores, alcanzan el cuarto de billón de euros. Pero lo que hay bajo el nivel del agua, lo que no se ve del iceberg, es una multitud de pequeñas cantidades de deuda que fueron emitidas en los últimos 20 años que transitan y/o residen en las cajas de un sinfín de fondos de pensiones y aseguradoras, a su vez dispersos por el ancho mundo; cientos de instituciones con pequeñas cantidades de papel soberano heleno en su haber. Incalculable. Pero posible y necesario intentar un acercamiento a la cantidad real, una ardua tarea que actualmente ocupa a los bancos centrales de, al menos, cada socio de la Unión Europea.

Lo cierto es que el asunto adolece de una temeraria falta de información sobre los múltiples detalles de la deuda en poder de fondos de pensiones, de inversión, en carteras de aseguradoras y en las carteras de negociación de bancos de la Europa ex comunista. Un grupo numeroso de instituciones que tendrían cantidades menores de deuda griega –además de portuguesa e irlandesa- al que habría que sumar la que tienen los estados alemanes que como Renania-Westfalia mostraban su enfado públicamente a las autoridades helenas. Y eso que se trataba de 220 millones de euros.

Son las conocidas zonas oscuras de la crisis, un espacio donde es casi imposible penetrar porque la legislación no obliga a revelar las posiciones de deuda de, por ejemplo, fondos de pensiones y de inversores privados, exentos de hacer públicas sus compras a través de memorias anuales como sucede con bancos y cotizadas.

Las situaciones de default son temidas, entre otras muchas razones, por la cantidad de deuda que se mantiene en la ‘sombra’ en sociedades no cotizadas ni sometidas a la obligación de comunicar sus movimientos. Mientras esas posiciones no sean desveladas por el propio acreedor, no será posible estimar con certeza el agujero real, sobre todo, si el deudor no confirma el volumen real de deuda emitido, caso de Grecia y se sospecha que también puede ser el caso de Portugal.

Otro frente que preocupa a los Gobiernos endeudados -y no endeudados- es el enorme porcentaje de deuda de un país en la cartera de su propia banca privada, caso de Italia, economía que sí pone los pelos de punta a los gobernantes y origen de la reciente reacción del Eje franco-alemán de la pasada semana. Precisamente, una de las lecturas que se pueden extraer de los informes de test de estrés de la banca, es comprobar el nivel de exposición de la banca nacional a la deuda soberana de su país. En el caso de la española, el grupo de las 25 entidades financieras que fueron analizadas en el citado test de la autoridad bancaria europea (EBA) tiene una exposición de 336.200 millones de euros, de los que 222.800 millones lo son en deuda emitida por las AA PP españolas, es decir, el 66,25%. Otros países como Italia sitúan ese porcentaje en el 48,23%, si bien el tamaño de la deuda de esta es superior al de la española.

Con todo, tampoco parece que la deuda ‘incontrolada’ u oculta de ese iceberg –deuda en la ‘sombra’ la denominan los operadores- le quite el sueño a los reguladores, si acaso a los Gobiernos por lo que les puede tocar como consecuencia de un contagio o de las dificultades del sector financiero local, caso de España. Como tampoco quita el sueño esa concentración excesiva según el BCE, de la deuda soberana en la cartera de la banca nacional.

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