edición: 2247 , Lunes, 26 junio 2017
30/09/2008

Estamos ante el final de una era

Germán M.Crespo

La situación de la economía norteamericana y, de su sector financiero en particular, arrastrando en su caída al resto de las economías mundiales por el efecto globalización, vaticina profundos cambios en la manera de ver la economía. Si a ello le unimos la evolución política estadounidense de los últimos años, que tras los atentados del 11-S se ha debilitado notablemente, dejando entrever qué la única preocupación de Bush era defender el territorio norteamericano, dejando a sus aliados en un segundo plano y, actuando de manera unilateral en los diversos conflictos, abre la puerta a un nuevo capitalismo del que los europeos nos podemos aprovechar, con una cultura económica tradicionalmente más social y una visión del mundo más acorde con una nueva realidad. Hacer una nueva lectura de los valores liberales imperantes hasta la fecha.

¿Será el final de una época? Puede que sí, pero los europeos debemos empezar a creer en una verdadera Unión Europea, dejando a un lado protagonismos nacionalistas, uniendo lo mejor de cada país y establecer una forma única de hacer política y economía que convierta a Europa en la primera potencia económica y política. Es toda una oportunidad.

Una gran parte de los expertos económicos han vaticinado que la crisis financiera estadounidense es el paso previo a un cambio de hacer banca a escala mundial. Si a ello añadimos las repercusiones que tendrá sobre la economía real de los norteamericanos, los cambios augurados pueden ser de mayor calado. Esta claro que esta crisis también tendrá su repercusión en Europa, básicamente por la dependencia económica que desde el final de la II Guerra Mundial se ha ido cimentando a este lado del Atlántico. Tras el final de la ‘Guerra Fría’ muchos auguraron un liderazgo económico-político estadounidense sería difícil de superar. Los ataques terroristas del 11-S marcaron un antes y un después de esta situación. Nadie ponía en duda que la reacción norteamericana sería fulminante. Pero muchos creyeron que sería un buen momento de cambiar de estrategia. Hay que recordar que quién armó, entrenó y financió a los ‘nuevos terroristas’ fueron los mismos que luego sufrieron sus más feroces ataques: la Administración estadounidense, algo que no era la primera vez que sucedía. Mientras que Europa continuó en su papel de comparsa. Pero las ‘soluciones’ de la estrategia de la Administración Bush no han ofrecido ninguna solución. El mundo es más inseguro –hay que recordar que Bin Laden sigue campando a sus anchas en la frontera afgano-paquistaní y que el ejército de este país dispara sin ningún rubor a las tropas norteamericanas cuando ‘creen’ que se inmiscuyen en su política interna-; la invasión de Irak no ha dejado el petróleo más barato –ha llegado a cotas históricamente altas- y han metido ‘el miedo en el cuerpo’ a todo Occidente.

Ahora, sin embargo, nos enfrentamos a la base fundamental de nuestra era: la economía. El fracaso del plan del Tesoro vivido ayer en el Congreso de norteamericano, el ‘crash’ que vivió ayer Wall Street –y que hoy se espera en el resto de Bolsas mundiales- y la falta de ideas por parte del capitalismo liberal que durante años se ha mantenido en los distintos gobiernos estadounidenses, independientemente del color –Demócrata o Republicano- que estuviera al frente, abren una nueva posibilidad a que la Unión Europea se convierta en el nuevo referente económico mundial. Y, por qué no, político.

Evidentemente la crisis económica no es ajena a Europa, prueba de ello lo muestra el retroceso que ha vivido el PIB en el ámbito europeo. Todo por copiar unas políticas ultraliberales que de nada le ha servido al Continente Europeo para superar a la economía estadounidense. También tenemos bancos con problemas, pero básicamente por copiar unas actuaciones en el mercado cómo han demostrado los bancos estadounidenses no eran todo lo fiables. Pero no todos. Hay tenemos a nuestro sector financiero que, liderados por el Banco Santander, se están convirtiendo día a día en referentes de cómo hay que hacer banca. Todo gracias a una política financiera vigilada implacablemente por el Banco de España y que, a la postre, tan buenos resultados ha obtenido y que muchos ya quieren copiar. El celo demostrado por el Banco Central Europeo en su vigilancia de la inflación también es un botón de muestra de que en Europa también podemos hacer bien la cosas, aunque hay que reprocharle al BCE una mayor vigilancia de la banca europea para que casos cómo Fortis o Dexia no se repitan, y volvamos a nacionalizaciones encubiertas, que a la postre nos toca pagar a todos.

Ya tenemos una moneda única que ha unificado en ella la potencialidad económica de la Unión Europea. Tampoco hay que olvidar uno de nuestros puntos fuertes, tantas veces admirados desde el otro lado del Atlántico, como es nuestra política social y sanitaria. Y esta sí, a escala europea. Ya tenemos a empresas líderes en todos los sectores, banca, telecomunicaciones, energéticas, eléctricas, farmacéuticas y así un largo etcétera.

Pero necesitamos menos burocracia, tal y como solicitamos continuamente los europeos, más liberalización de mercados, con el objetivo de beneficiar a la sociedad y no únicamente a la empresas. La creación de gigantes europeos, de todos los sectores, que sean capaces de hacer frente a cualquier injerencia de empresas no comunitarias que apoyadas en intereses particulares pretenden hacer del capitalismo liberal su bandera de control de mercado –véase Rusia con su sector energético y su intento de ‘asfixiar’ a la Unión Europea con su estrategia-. Además, hay que evitar ‘políticas locales’ proteccionistas, como se han aplicado alguna vez en nuestro país y que tiene como máximo exponente a las empresas francesas, que puedan empequeñecer las fortalezas de unas grandes empresas europeas de cualquier sector. Y sobra decir que necesitamos una Justicia rápida, con un Tribunal de Estrasburgo ágil y ejemplar.

En definitiva, empezar a pensar como europeos aunque  todavía quedan deberes por hacer, pero tenemos los argumentos a nuestro favor y los medios para alcanzar ese liderazgo. Ha llegado el momento en el que veamos en la bandera azul de doce estrellas ese círculo que simbolizan los ideales de unidad, solidaridad y armonía entre los pueblos de Europa trasladados al resto del mundo. ¿Seremos capaces de aprovechar este momento?

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