edición: 3049 , Viernes, 18 septiembre 2020
02/05/2011

Euforia americana y alerta mundial ante posibles represalias por la muerte de Bin Laden

Pedro González
El presidente Barack Obama ha logrado de golpe una victoria equiparable a la de Roosevelt y Truman en la Segunda Guerra Mundial, tal es el entusiasmo con que el pueblo americano ha acogido la noticia de la muerte de Osama Bin Laden por un comando de élite, que había logrado infiltrarse en el campamento del líder de Al Qaeda en las afueras de Islamabad. Para solemnizar más aún el carácter colectivo de esta victoria, Obama llamó a la Casa Blanca a sus dos inmediatos predecesores, Bill  Clinton y George W. Bush, a fin de compartir como pueblo el entusiasmo por la “misión cumplida”.

Obama, el primer inquilino negro de la Casa Blanca, el primer Premio Nobel de la Paz a cuenta de lo que se presumía que iba a hacer en vez de por lo ya conseguido, el presidente que apenas unos días antes hubo de demostrar que había nacido en suelo americano ante las insidias de Donald Trump y de lo más granado de la extrema derecha del Partido Republicano, se apunta una victoria quizá decisiva en la “guerra contra el terrorismo internacional”, iniciada por Bush a raíz de los ataques del 11-S, el equivalente al que supuso Pearl Harbour en 1940. Un triunfo que no solo dispara de golpe la languideciente popularidad de Obama sino que también le blinda como candidato incontestable a la reelección en 2012.

Tras el anuncio de la muerte de Bin Laden, realizado por el propio Obama, el entusiasmo de instituciones y pueblo llano americano creció como una marea, de forma que el pesimismo que se había apoderado del país en el último año y medio ha dado paso a la euforia de los mejores momentos de la historia. Resurge el orgullo americano y la inigualable sensación de pertenencia a la primera potencia global, un sentimiento que se había apagado en los últimos tiempos a medida que llovían datos tan pesimistas como que Estados Unidos podría no ser capaz de hacer frente a su deuda, y las correspondientes admoniciones de China, su principal banquero y prestamista.
 
La operación de comando reivindica, además, la eficacia tanto de la inteligencia como de la precisión militar de sus fuerzas, ya que la culminación que supone matar a Bin Laden ha sido fruto de una larga y paciente labor de espionaje e información antes de que el pasado 29 de abril se le comunicara a Obama el lugar exacto donde se escondía Bin Laden y su familia, y el presidente ordenara la operación para eliminarlo en la madrugada del 1 de mayo.

Sin  embargo, se abren muchas otras incógnitas. La primera afecta al propio país en el que se ha realizado el asesinato, Pakistán, refugio cierto de muchos integrantes de Al Qaeda, que han gozado de la complicidad y simpatía del poderoso servicio secreto pakistaní. Los talibanes afganos han encontrado en su suelo bases tanto para el lanzamiento de ataques contra las fuerzas de la coalición como para replegarse y reposar después de realizarlas. Es, pues, más que probable que tanto los talibanes en Afganistán como sus aliados en el interior de Pakistán, lancen operaciones y atentados de represalia, siquiera para compensar el amargo sabor de derrota que se ha extendido por todo el ámbito extremista musulmán apenas conocida la muerte del líder nominal de Al Qaeda. Así lo consideran también la CIA y la inteligencia militar americana, que han puesto en estado de alerta a toda la ciudadanía, por considerar que el principal objetivo de esa presunta ofensiva global serán precisamente los intereses de Estados Unidos.

La amenaza de represalias también puede afectar tanto a cualquiera de los países occidentales involucrados en la guerra de Afganistán como a los árabes, objeto de las manifestaciones y protestas contra sus regímenes dictatoriales, por lo que la Secretaría de Estado ha emprendido una febril ronda de contactos para coordinar medidas de seguridad y protección.

Aunque existían serias dudas de que Bin Laden mantuviera intacto su liderazgo sobre Al Qaeda, es evidente que su carisma tenía un carácter emblemático que ahora se ha venido abajo. Su poder es mayor en Pakistán incluso que en Afganistán, por lo que es en aquel país en donde cabe esperar las reacciones más violentas. Y, por supuesto, en tanto que células independientes, también es muy probable que se intenten atentados en cualquier país del mundo y contra intereses que representen de algún modo el choque con una civilización de la que abominan, es decir tanto los de Estados Unidos como los de países de la Unión Europea. 

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