edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
11/07/2018

¡Eurocesantes! a pagar

La historia se quiere adelantar en su juicio contra el principal baluarte de la democracia: la soberanía popular y su derecho a decidir en referéndum lo que se ponga, o le pongan, como es el caso, por delante. El típico tópico de que estas ceremonias `referendales´ las carga el diablo vuelve a cumplirse en el Brexit ¿o es que no lo advertían sus astutos políticos en el momento de la propuesta? El destino es cruel y ahora viene a recordar que el desaguisado británico comenzó con un farol de un tal Cameron y prosiguió, y en esas estamos, con una Theresa que en plan duro se pensaba sacar adelante y cumplir con la decisión popular. Otra cosa es que se lo haya creído.

Pero entre juego y juego, Cameron y Theresa han desunido a un unido Reino Unido, hoy sumido en la confusión, la indefinición, la quiebra de las expectativas de futuro y la anulación del presente. Dos años desde la decisión popular con siderales daños colaterales a la población, y no sólo británica. Ahora, los daños colaterales se han convertido en internos y ya se han llevado por delante a dos ministros, sin duda, antesala y premonición de que el próximo será el gabinete en pleno o será también ella, doña Theresa, la que deba plegar velas.

Confiaban los británicos `eurocesantes´ que dada la insularidad geográfica, una ruptura con los vecinos continentales sería cuestión de días, coser y cantar. Que su tradicional habilidad diplomática conseguiría el divorcio fácil por la vía del acuerdo y que el coste de la separación sería jauja a nada que funcionase la diplomacia. Convencidos de esta pantomima, el Brexit no podía ser en modo alguno duro ni firme ni consistente ni sólido, sino un puro cachondeo, un pitorreo nacional e internacional que ha perdido la muy escasa seriedad que tenía el asunto.

Y ahora ¿cómo dar marcha atrás? Imposible sin hacer el ridículo ¿Cómo apearse del tren cuando éste se pretendía lanzado en velocidad? Imposible sin romperse la cabeza y ¿cómo gestionar el caos montado por flemáticos británicos, cínicos y taimados políticos también británicos? De ninguna forma posible salvo irse para casa. Ahora se busca un tipo nuevo de Brexit, algo que guste a todo el mundo, que no enfade ni divida, que agrade a votantes, mercados, europeos y demás familia. Dos años para darse cuenta de que hay juegos sin puntos de retorno, que no tienen marcha atrás y que todas estas cosas tienen costes porque tienen precio ¡A buenas horas mangas verdes! A pagar.

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