edición: 2556 , Martes, 18 septiembre 2018
31/10/2017
Vacantes desde enero hasta 2019

Europa, en vías de refrendar su apoyo a España con dos sillones en el BCE

La anomalía de la representación española en la UE, cuarto socio más grande, precisa una reparación pendiente desde 2012
Juan José González
España continúa siendo el único país de los cuatro más grandes de la Unión Europea, que sigue sin un sillón en la más importante institución del Banco Central Europeo, en concreto, en su Consejo de Gobierno. Un sillón que dejó vacante en 2012 el español José Manuel González Páramo pero que en general se resisten a acomodar a representantes españoles. Desde ese año España no cuenta con representante en tan destacado organismo. Para encontrar la presencia española es necesario coger el ascensor, pero de bajada y descender hasta terceros niveles e incluso un poco más abajo para encontrar técnicos españoles. La anomalía, pues el resto de primeros países cuentan con sillones muy relevantes, no se corresponde sin embargo con la presencia de profesionales españoles en otros organismos financieros y económicos como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Internacional de Pagos. En todo caso, el Comité Ejecutivo del BCE entra ahora en una larga etapa de renovación que se prolongará a lo largo de casi dos años a partir del próximo enero, y en la que no faltarán aspirantes a sus sillones. España regresa a la pelea europea por, al menos, dos plazas que se le siguen resistiendo -o negando- en beneficio de otras nacionalidades.
Se sabía que las instituciones de la Unión no están integradas por criterios de proporcionalidad de sus socios sino por otros principios o normas no escritas de diversidad nacional, aunque se reconoce en la Unión que el peso de la aportación al presupuesto tiene su correspondencia en influencia y, por tanto, su equivalencia en sillones. El célebre reproche que recibía este criterio (quien pone el dinero, manda) a cuenta del peso (que no del número, que también) de algunos sillones que dan asiento a alemanes, italianos y franceses ha llevado a formular numerosos agravios comparativos, algunos con más razón que otros, caso de los italianos y luxemburgueses frente a los españoles, cuartos en discordia.

Cabe apuntar aquí que la influencia que puede llegar a tener un sillón `relevante´ en un momento `decisivo´ encuentra su ejemplo en el caso de la banca italiana, en parte quebrada, en su mayoría -los sistémicos- insolventes pero que en la práctica ahí siguen, exentos de intervenciones, indultados por incumplimientos de plazos y demás, así como tolerados y exonerados de resoluciones. En este sentido, seguramente una `silla española´ en el Consejo del BCE habría bastado para frenar el penoso espectáculo de la resolución del Banco Popular en tanto que tres entidades bancarias italianas fueron favorecidas por la norma no escrita, escandalosamente asistidas y rescatadas por sus autoridades nacionales.

Es probable que no sea este, el de hoy, el momento más idóneo para reclamar sillones en la Unión Europea. No es la posición la que actualmente puede mantener el Gobierno español la más fuerte como tampoco la más deseada. Y ni mucho menos la más apropiada, pues sólo hay que recordar que Bruselas, siguiendo el escrupuloso cumplimiento que marcan los plazos administrativos ya ha cursado el primer aviso conminatorio al Ejecutivo español para que manifieste cuándo prevé enviarle sus Presupuestos Generales de 2018. Como tampoco ayuda el conflicto catalán, ahora en fase de ejecución de una norma constitucional y en siete semanas elecciones autonómicas.

Sea como fuere, la batalla por conseguir uno o dos sillones se mantiene en dos frentes; el político y el diplomático. Los trabajos diplomáticos, segunda línea de combate en las `batallas´ que a menudo libran los socios con las instituciones europeas, siguen su curso habitual aunque con resultados limitados. Pero el frente político, el más activo, tampoco se obtienen resultados. Ni siquiera el trabajo personal individual -también `político´- acaba siendo el más eficaz, una triple conjunción de afinidad ideológica, amistad profesional previa y, sobre todo, la `química´ personal, tampoco ha funcionado en la práctica en el órgano donde mayores coincidencias se podían producir como en el Ecofin. En esta formación o consejo de asuntos económicos y financieros (integrado por los ministros de Economía y Finanzas de los 27, ya sin Reino Unido) sus miembros ya se conocen y hasta les unen viejos lazos de amistad, compañeros de promoción o incluso de socios consultores. 

Aunque no hay que olvidar que además de los puestos a relevar también están en juego algunas de las políticas que, como la monetaria, han marcado una época en la vida económica de la Unión, tanto para bien como para mal, y que tras la salida de Draghi y Constancio, se supone que será un legado de difícil gestión. Pero da igual, porque el apoyo mayoritario y abrumador de las instituciones europeas al Ejecutivo español en el conflicto con Cataluña, bien podría ser rematado con el también apoyo para situar a uno o dos españoles en esos sillones que quedarán vacantes.

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