edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
03/02/2017
Para no perder el tren de la recuperación

Europa, obligada a seguir el ritmo de expansión económica de EE UU

Previsible cambio de planes en la política monetaria europea por los planes fiscales en Norteamérica
Juan José González
Compás de espera de los bancos centrales. Se impone la prudencia en el caso de la Reserva Federal americana (Fed) que parece enfriar, por el momento, una de las tres subidas previstas de los tipos de interés anunciados por ese organismo para 2017. Como si de una partida de póker se tratara, los responsables de la Fed esperan a que la nueva Administración enseñe sus cartas. Mientras, esperan pacientes porque los vientos de Washington avanzan un ciclón, un tornado de reformas económicas con el gasto como protagonista. Tampoco habría que alarmarse demasiado por ese riesgo ciclónico, pues es probable que la estrategia del Ejecutivo de Trump se demore uno o dos meses. El peligro, sin embargo, es evidente, habida cuenta de que los objetivos del presidente pasan por seguir echando leña al fuego de la economía que, aunque lentamente, se parece cada vez más a una máquina que acelera su velocidad de marcha. Entretanto, Europa observa y se prepara para reaccionar ante el impulso americano, entre otras razones porque si éste opta por una expansión fuerte de la economía, Europa deberá intentar no perder el ritmo ni la estela americana. Está en juego la recuperación económica europea.
Lo cierto es que el inicio del año en los bancos centrales, la Fed en EE UU y el BCE en la Unión Europea, no ha podido ser más expresivo e ilustrativo de dos estrategias diferentes: caminan por vías distintas, incluso, se diría que progresivamente distantes. Al menos es lo que indica la posición de partida de las dos autoridades monetarias; la primera en fase de revisión, preparada para la ejecución de la primera de las tres subidas de tipos anunciadas por la Fed el pasado año, en tanto que el BCE mantiene su estrategia de no tocar tipos hasta finales del presente ejercicio. Es probable que -intuyen los expertos- el BCE siga el camino por el que ha transitado la Fed en el último año, y modifique su política monetaria poniendo rumbo en la misma dirección que el banco central americano.

Porque ambos bancos centrales coinciden en esa visión optimista y positiva de la economía mundial. En el caso de la Fed, el avance de una economía que registra desde hace meses algo parecido al pleno empleo, sigue el guion del crecimiento lento pero sostenido. Mientras en el caso europeo, el avance de la economía es igualmente lento, si bien, una variable como la inflación puede modificar los planes a corto del BCE, al haberse acercado los precios al objetivo del 2% de inflación anual. Por otra parte, en Europa se estarían valorando otro tipo de riesgos a medio y largo plazo.

Riesgos que se centran en la incertidumbre política, el ruido y la inestabilidad que vendrá provocada por la borrasca del Brexit, de la que ya se perciben las primeras nubes y, por tanto, el BCE se puede ver obligado a reaccionar y a modificar el precio del dinero mucho antes de lo previsto. En el caso norteamericano, la Fed se sabe en la antesala de un problema que la enfrentará a la Administración debido a que los planes de inversión y gasto que figuran en los planes del nuevo equipo de Washington no combinan bien con una subida en el tipos de interés, al menos al ritmo y plazos que contempla la Fed.

Las grandes empresas, por otro lado, siguen atentas la respiración del BCE porque estiman que la financiación para el presente ejercicio puede dar un giro radical si el banco central decide replicar los primeros movimientos de la política monetaria de la Fed. Si la Administración norteamericana acelera sus planes fiscales, el banco central estaría obligado de la misma forma a pisar el acelerador y subir los tipos de forma inmediata. Más si el presidente sigue empeñado en rebajar los impuestos a las empresas.

Para comprobar la reacción de la Fed habrá que esperar a mediados del próximo mes de marzo a la reunión de la Fed, si bien es altamente probable que el banco central cuente con novedades de la Casa Blanca y sus planes fiscales antes de la cuenta, este mismo mes. Así las cosas, las dudas se centran ahora en la postura que adoptarían las autoridades monetarias europeas; si se mantienen al margen de cualquier revisión de tipos en EE UU, o bien, reaccionan para no perder el paso de la Fed. Esta última posición conllevaría un cambio en la política monetaria europea que, por otro lado, serviría para aplacar los temores del BCE sobre un aumento desmesurado de los precios en los próximos meses puesto que sería un factor de riesgo para la expansión de la economía europea.

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