edición: 2490 , Lunes, 18 junio 2018
07/05/2013
Con las elecciones alemanas en el horizonte

Europa descuenta la entrada de dinero oriental

Aumenta el interés por la adquisición de activos en el continente en busca de mejores rentabilidades, cede el miedo y sube la `apuesta´ por el riesgo
Juan José González

Advierten los gestores de fondos un cambio sustancial en el comportamiento de los inversores a raíz del movimiento de las autoridades monetarias japonesas. Supone este un cambio agresivo de medidas para dejar atrás la deflación e imprimir a la economía un ritmo que acabe con la recesión. En Europa se descuenta con rapidez lo que se considera epicentro de un impulso alcista en la demanda de activos y, por tanto, el apetito de los inversores a asumir mayores riesgos ha comenzado también a mover al alza los mercados del continente. Las bolsas esperan que esa especie de ola tipo tsunami de liquidez procedente de Japón hacia Europa sea un hecho en pocas semanas. Dinero oriental en busca de mayores rentabilidades y que seguramente tirará del resto de inversores. Una buena señal, indicador `adelantado´ que anticipa el final de algo, quizás de la austeridad europea, de las elecciones alemanas en septiembre. Eso sí, hasta entonces, las grandes decisiones de inversión permanecerán en el dique seco, nada de tensiones.

Los mercados parecen haber interpretado que lo de Japón puede haber sido el pistoletazo de salida de un movimiento de mayor alcance y que el `incidente´ chipriota, a pesar de su desdichada resolución, ha servido para comprobar que el pánico, como se suele decir, no ha cundido y que los inversores se han mantenido en sus posiciones: no ha habido ventas masivas de deuda europea, todo un síntoma de `lo bien´ que pueden llegar a resultar pequeños rescates o quiebras puntuales como la de Chipre, aunque otras (¿Eslovenia?) estén por llegar. También se valora como muy positiva la reacción del dinero en el penúltimo episodio de la crisis política italiana, sobre el que pesaba el nefasto recelo a que pudiera convertirse en un factor desestabilizador a lo largo de varios meses.

Tampoco hay que perder de vista otros resultados que están deparando las políticas monetarias en escenarios como Reino Unido, políticas que no dan el fruto esperado, donde la economía no responde a las medidas expansivas, con tipos de interés bajos e inflación controlada. Políticas expansivas que mantienen estancado el crecimiento, y por las que, cabe recordar, suspiran hoy buena parte de los miembros de la Unión Europea, excepto Alemania, claro.

Así que en busca de una interpretación macroeconómica, los expertos señalan que cuando los bancos centrales intervienen con fuertes inyecciones de liquidez (en este caso el BCE y antes el de Japón) es debido a que descuentan un período largo -más de cuatro meses- de sequía y ausencia de los consumidores por el mercado, pues probablemente estarán bajo la sombra del desempleo y/o con la incertidumbre futura del puesto de trabajo. Lo que sí es cierto es que los bancos centrales regresan a los mercados con un papel más reforzado en su influencia sobre los mercados financieros, como regulador vigilante de la buena marcha de la economía.

Con los inversores japoneses animados a salir de su escenario de deflación crónica (una década) y con los americanos interesados en una Europa que parece dibujar el adelanto del final de la austeridad, los mercados comienzan a registrar la entrada de dinero, aunque por ahora sólo se perciba en los financieros y no en la economía real. En este punto, las empresas con posibilidades de activar el mercado laboral, siguen sin demandar crédito porque tampoco el consumo da señales de vida. En el caso español, la economía sigue con los problemas estructurales de siempre aunque se aplica en los ajustes y reformas, algo que lleva su tiempo y su riesgo, puesto que las reformas necesitarán algo de crecimiento económico para que surtan efecto. Algo que no parece previsible en estos próximos meses hasta septiembre ni posiblemente hasta los primeros meses del año próximo.

Sin embargo, el impulso inversor que parece haber perdido buena parte del miedo y apostar al mismo tiempo por un aumento del riesgo, puede verse frenado por el principal problema que apuntan los grandes fondos internacionales: la lentitud de las decisiones políticas. Es un peligro, un problema y una amenaza para la salida de la crisis que no exista una unión bancaria así como una unidad fiscal. Precisamente el obstáculo principal a esa unión guarda relación con la ausencia de un presupuesto europeo para dar respuesta a cada problema de cada socio, batalla en la que Alemania se puede quedar cada vez más aislada si mantiene su veto a imponer las condiciones de ese presupuesto general europeo, un asunto en el que a su vez, todos los gobiernos, se muestran reticentes en la cesión de soberanía.

No es que los inversores se hayan vuelto locos, sino más bien que se descuenta una explosión en la reactivación de la economía europea una vez conocidos los resultados de las elecciones alemanas de septiembre y conocidos también los primeros movimientos del gobierno germano. Y en lo que sí parecen coincidir todos es que, hasta entonces, tensiones las justas. Aunque hasta septiembre pueden suceder muchas cosas.

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