edición: 2556 , Martes, 18 septiembre 2018
13/11/2012
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

Europa emergente: debilidad de la actividad e inflación enquistada, un tándem peligroso

SERVICIO DE ESTUDIOS DE `la CAIXA´

Con el flanco financiero en vías de estabilización, la atención se ha centrado en las últimas semanas en el proceso de deterioro de la actividad, preocupante tanto porque la intensidad del proceso se está ampliando como por el hecho de que las perspectivas inmediatas de la eurozona no son positivas.

Adicionalmente, la situación de la inflación, sin revestir un dramatismo excesivo, complica las decisiones de política monetaria, aumentando la incertidumbre sobre los desarrollos futuros que cabe esperar en Europa emergente.

Así, de entrada, la noticia más visible de la región ha sido el hecho de que durante las últimas semanas se ha asistido a una notable reducción de las tensiones financieras en materia de prima de riesgo. Tras la clarificación del Banco Central Europeo (BCE) sobre las modalidades de intervención en el mercado de deuda pública, la decisión del Tribunal Constitucional alemán sobre la constitucionalidad del Mecanismo Europeo de Estabilidad y el anuncio de la Reserva Federal sobre nuevas medidas de estímulo monetario (lo que se ha venido a conocer como Quantitative Easing 3 o QE3), la prima de riesgo de Polonia, Hungría, Rumania, la República Checa y Eslovaquia se ha distendido notablemente. Ya se había producido un primer movimiento en esta línea en julio pasado, cuando el BCE había anunciado su intención de ser más activo en los mercados de deuda.

Con el frente financiero internacional menos estresado, el aspecto que ahora toma mayor protagonismo es el referido estrictamente a la evolución de la actividad. Los datos de contabilidad nacional del segundo trimestre confirmaban que la debilidad económica estaba agravándose en todos los países. La diferente posición en materia de actividad no venía explicada tanto por el tono de la demanda interna (con la salvedad, parcial, de Polonia) como por el distinto grado de crecimiento que aporta el sector exterior en estos países.

Dado que la evolución prevista para la eurozona, principal mercado de destino de las exportaciones de los países de Europa emergente, es negativa (y no se espera un crecimiento intertrimestral del PIB hasta el primer trimestre de 2013), cabe esperar que la senda futura de las exportaciones siga siendo a la baja en los próximos tiempos. De hecho, y como puede observarse en el gráfico precedente, los indicadores de sentimiento económico del tercer trimestre (se dispone de datos de julio y agosto) apuntan a una nueva ralentización de la actividad. Si se extrapola dicha tendencia a la variación del producto interior bruto (PIB) del conjunto de la región, en el tercer trimestre el PIB crecería por debajo del 1% interanual, frente al 1,4% interanual del periodo de abril a junio.

Un factor que complica adicionalmente la coyuntura es la inflación. Aunque por el momento no tiene sentido una alarma excesiva, lo cierto es que el crecimiento interanual de los precios está enquistado en el 4% desde aproximadamente mediados de 2011. Esta cifra se puede considerar elevada dada la tónica de debilidad de la demanda que las economías de Europa emergente están experimentando. Además, lo más probable es que en los próximos meses los componentes más volátiles del índice tiendan a acelerarse apreciablemente.

El componente de alimentación ya está, de hecho, reflejando el notable tensionamiento de las materias primas alimentarias, como indica su aceleración hasta el 5,4% interanual en agosto pasado (en abril pasado la tasa de avance era de solo un 2,4%). Y aunque el componente energético se ha desacelerado apreciablemente, debido fundamentalmente a que los precios del petróleo estaban en agosto un 9% más bajos que hace un año, durante los próximos meses es probable que la tendencia se revierta en parte. Cabe mencionar, finalmente, que esta valoración general que sitúa a la inflación más como un riesgo futuro que como una amenaza presente tiene su excepción en Hungría, un país cuya inflación se situó en agosto en el 6% interanual, y su componente alimentario por encima del 9%.

En esta tesitura, que combina la pérdida de ritmo económico con una inflación enquistada y con riesgos al alza, los bancos centrales de la región han empezado a mover ficha desde hace unos meses decantando el dilema entre mayor rigor antiinflacionista o un apoyo a la actividad más clara a favor del segundo objetivo. En junio pasado, el banco central de la República Checa redujo en 25 puntos básicos su tipo de intervención, hasta el 0,5%. Hungría realizó movimientos similares en agosto y septiembre (situando el tipo de intervención en el 6,25%).

Tras estos movimientos, se esperan nuevos descensos del tipo de interés en los próximos meses. Polonia, hasta la fecha inactiva en este frente, podría iniciar en octubre, con un descenso de también 25 puntos básicos, una senda de disminuciones del tipo de interés. Incluso la República Checa, cuyo reducido nivel del tipo de interés de referencia limita su capacidad en este ámbito (aunque se prevé que reduzca hasta el 0,25% el tipo de referencia para finales de 2012), ha anunciado que está estudiando medidas excepcionales de expansión monetaria.

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