edición: 2362 , Martes, 12 diciembre 2017
13/07/2011
La suspensión de pagos de Grecia se mantiene en el horizonte

Europa intenta un acuerdo desesperado para recuperar la confianza de los inversores

Moody's rebaja la calificación de la deuda de Irlanda a bono basura
El Banco Central Europeo en oposición abierta al 'default' griego
Carlos Schwartz

Fuentes del mercado señalaban ayer que los rumores de una intervención del Banco Central Europeo sin confirmar logró contener transitoriamente, la sangría en los mercados de deuda y de valores. Sin embargo, la rebaja en la calificación crediticia de Irlanda hecha anoche por Moody's amenaza más tormenta para hoy. Las fluctuaciones extremas en las bolsas y en el precio de la deuda pública europea en los primeros dos días de la semana espolearon las reuniones ministeriales en Bruselas. Detrás de la presión sin precedentes sobre la deuda de España e Italia, con un nivel de diferenciales ante el bono alemán a 10 años jamás visto en ninguno de ambos países, está la presión combinada de los grandes bancos europeos y estadounidenses de un lado y la negativa de algunos países europeos a aceptar estas presiones.

El Instituto de Finanzas Internacionales, el lobby de la gran banca mundial, hizo llegar a la reunión de ministros del Eurogrupo -que sesionó el lunes 11 bajo la presidencia del comisario de Finanzas Olli Rehn- un documento en el que se urge a poner en marcha un plan de compra de deuda soberana a cargo del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) de 440.000 millones de euros establecido el año pasado como línea de financiación de emergencia contra la cual se ha girado hasta ahora la ayuda a Grecia, Irlanda y Portugal.

La compra de deuda soberana de Grecia y otros países en apuros supondría aligerar significativamente las presiones de liquidez de los países y aliviaría las tensiones que viven los bancos que tienen en sus carteras ingentes cantidades de deuda pública. Mientras, fuentes próximas a las reuniones del lunes y martes señalaban que la suspensión de pagos de Grecia había resurgido como opción impulsada por Alemania, Finlandia, Holanda y Reino Unido en respuesta a esas presiones. Las mismas fuentes afirman que ese alternativa será el eje de una reunión convocada de urgencia para este viernes en Bruselas.
 
Mientras, el objetivo que subyace tras la propuesta del IFI -es decir de la gran banca- es lograr que la deuda soberana nacional sea sustituida por deuda central, emitida en forma directa por la UE reemplazando la deuda soberana en apuros. Las fuertes divisiones en torno a este asunto en el seno de la UE han conducido a una semana de crecientes incertidumbres. Existen claramente dos puntos de vista antagónicos. De un lado, el Banco Central Europeo con Jean-Claude Trichet a la cabeza de la reivindicación, y varios países entre ellos España, y otros representantes de la denominada periferia, con Francia a medias tintas, abiertamente partidarios del apoyo a la deuda. Del otro, países de Europa del norte, en particular Alemania, Finlandia, Holanda y Reino Unido, opuestos.

Sin embargo, en la noche del lunes 11 ante la avalancha de información adversa el ministro de Economía germano Wolfgang Schauble admitió reabrir el debate sobre una solución estable para la deuda soberana, ya sea mediante compras por parte del FEEF u otra alternativa. Pero este cambio de posición de Alemania no es más que una línea de acompañamiento a la suspensión de pagos de Grecia que pretende impulsar de forma definitiva ahora. La presión combinada de los dirigentes del Eurogrupo llevó en principio a que ayer en la reunión del Ecofin se aceptara la idea de una nueva reunión este próximo viernes para debatir esa posibilidad. Mientras, los operadores del mercado destacaban que a lo largo de este año Italia debe refinanciar un 20% de su deuda total que vence en forma escalonada durante 2011 lo que ha añadido sal a la herida abierta.

La idea de la compra de deuda soberana por parte del FEEF forma parte del plan de refinanciación de deuda griega, y para los países de la UE partidarios de este mecanismo la acción debería sumarse a una extensión de los plazos de la deuda por parte de los bancos. Sin embargo este objetivo vuelve a tropezar con la negativa de los grandes bancos europeos e internacionales a que esa operación se haga sin una sustitución de deuda por activos con mejores garantías que la deuda soberana nacional, es decir algún tipo de emisión supranacional. Esta es la valla que vuelve a reaparecer en el horizonte de la negociación ya que Alemania no apoya claramente esta posibilidad. Mientras, las entidades centrales de contrapartida en las que se negocia la deuda de Portugal e Irlanda han incrementado las garantías marginales. Por ejemplo, London Clearing House (LCH), aplica desde el pasado 28 de junio unas garantías marginales del 80% del nominal sobre las posiciones largas en deuda de ambos países. LCH es el principal mercado de liquidez para la deuda pública española en manos de los bancos, sobre todo españoles, en el cual hacen mercado para el resto de las entidades BBVA y Santander. LCH no ha dado a conocer en forma pública ninguna circular respecto a la deuda pública de España o Italia.

Ayer la presión sobre los mercados se disipó levemente tras lograr Italia colocar 6.700 millones de euros en deuda a 12 meses a un tipo de interés del 3,67% contra el interés del 2,147 pagado en la subasta anterior. Sin embargo fuentes del mercado apuntaban que los bancos italianos acudieron forzados a esta subasta aunque con el aliciente de un tipo de interés “reconfortante” pero destacan al mismo tiempo que las futuras emisiones no pueden depender de los mismos bancos.

En el clima adverso del Ecofin ayer se sumó la discusión sobre las pruebas de esfuerzo de la banca europea a cargo de la Autoridad Bancaria Europea (EBA por sus siglas en inglés) que constituye otro punto de fricción ya que los bancos germanos se oponen a que se de una información detallada de los resultados de dichas pruebas. Los resultados serán dados a conocer por la EBA este viernes y se sumarán sin dudas a las vicisitudes de la banca española ya que las divergencias de criterios contables harán que muchas entidades de nuestro país se queden cortas en recursos propios.

Sin embargo, el gran problema sigue siendo la falta de acuerdo en el seno de la UE sobre cómo hacer frente a la insolvencia soberana, problema ante el cual la debilidad de los recursos propios del sistema es una verdadera bagatela. La sensación de que un esfuerzo común por parte de los países miembros se puede encontrar con un obstáculo insalvable parece dominar el sentimiento de los inversores. Los tiras y aflojas entre los países del norte y del sur de Europa con Francia jugando un papel de bisagra, de difícil acomodo, amenazan con resolverse en el sentido de los capitales más concentrados. La caída de Grecia supondría una divisoria de aguas en la historia de la UE que será muy difícil de remontar y que pondrá en cuestión en primer lugar la viabilidad de una moneda única. El financiero George Soros, interesado en la supervivencia del euro, rompió una lanza en favor de una mayor unidad en Europa para hacer frente a la crisis de la deuda mediante el diseño de instrumentos financieros supranacionales. En el eje de su propuesta está la creación de un Tesoro europeo. No parece que esa sea la corriente dominante entre los países con economías más fuertes en el viejo continente.

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