edición: 2700 , Miércoles, 17 abril 2019
29/01/2010
"Alianza de la Primavera"

Europa pone el acento en los objetivos ambientales y sociales en el marco del nuevo escenario económico

Ecodes y otras organizaciones europeas proponen pautas para superar los errores de la Estrategia de Lisboa
Beatriz Lorenzo

Europa se encuentra en una encrucijada, en mitad de un laberinto fragoso como pocos, enfrentada al difícil desafío de reconstruir un sistema económico mermado tras el huracán financiero,  lacrado por cifras de desempleo sin precedentes,  y asolado por la desconfianza de una sociedad que ha visto como imperaba la falta de sostenibilidad en las compañías y el modelo económico conocido se desmoronaba ante sus ojos como un castillo de naipes.  A la hora de mantener una Europa unida, cohesionada, las instituciones europeas han también ha resbalado. Su objetivo, la generación de prosperidad económica, pasaba por la asunción de varias medidas: promocionar el consumo , mejorar el compromiso social, reducir la pobreza, impulsar la protección medioambiental y estimular el empleo. Pero a la hora de la verdad, aunque se progresó en algunos temas, las políticas sociales y medioambientales demostraron ser demasiado débiles para alcanzar sus objetivos y se fracasó en la prevención del daño ecológico, al tiempo que la desigualdad social no solamente no disminuía, sino que incluso se ha incrementado.

De estos acontecimientos se extrae una lección evidente: la necesidad de un cambio urgente y significativo en la dirección estratégica de la Unión Europea. Con este propósito ha sido creada la llamada “Alianza de la Primavera”, una campaña conjunta impulsada por cuatro grandes organizaciones europeas de la sociedad civil: la Oficina Europea de Medioambiente, la Confederación Europea de Sindicatos, la Plataforma Social y Concorde. En España, la Fundación Ecología y Desarrollo se ha sumado a la compaña, cuyo objetivo es lograr que en la UE se establezca una nueva estrategia económica y de gobernanza que sirva a las personas y el planeta.

DESAFÍO AMBIENTAL Y SOCIAL

La Alianza de la Primavera aboga también por preservar y recuperar los ecosistemas, reduciendo el uso de recursos y el consumo de energía, apostando por la agricultura y la pesca sostenible y prestando mayor atención al cambio climático y a la pérdida de biodiversidad. Por último, la campaña pretende también reducir las desigualdades y erradicar la pobreza; garantizar el acceso universal a los servicios públicos; luchar contra la discriminación y el racismo, y garantizar la igualdad de género y el respeto a los derechos de los inmigrantes. Promover el empleo de calidad, aumentar y mejorar la economía para el desarrollo y fortalecer el control sobre las políticas de la Unión Europea, son otras de las propuestas de esta iniciativa.

La campaña pretende dar impulso para que las próximas acciones de la Unión Europea se orienten en una dirección muy concreta. En primer lugar, el tema medioambiental es uno de los más espinosos de los que  actualmente se encuentran en el candelero, sobre todo desde la fallida Cumbre de Copenhague que hizo retumbar unas alarmas que ya sonaban desde hacía tiempo.  Realmente, los acuerdos políticos sobre el clima y protección ambiental gestados hasta la fecha en los salones de Bruselas no han conseguido reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión europea, que continúan aumentando en todo el mundo. El impacto de estas emisiones en la Tierra es mucho mas serio hoy de lo que los científicos pensaban hace una década, y sus efectos en la humanidad serán irreversibles. La huella ecológica en toda la Unión Europea aumenta día a día y el viejo continente, integrante del pequeño porcentaje de naciones desarrolladas responsables de buena parte de las emisiones contaminantes, necesita renovar sus esfuerzos para buscar nuevos canales de reducción de las emisiones, fomento de las energías limpias y nuevas vías de consenso con las economías emergentes, las grandes perjudicadas.

A su vez, la Unión Europea deberá, según aconseja la campaña, modificar su política económica que hasta ahora ha impactado desafortunadamente en la mayor parte de las comunidades locales a lo largo y ancho del planeta. Las políticas sobre comercio, agricultura, pesca, industrias de extracción, medioambiente e inmigración, entre otras, han obstaculizado las oportunidades de estas comunidades para alcanzar un desarrollo sostenible: en el último año, el número de los que pasan hambre en el mundo aumentó en otros 40 millones, para un total de casi mil millones de personas.

De hecho, a pesar de los compromisos de los Objetivos de desarrollo del milenio y la Carta de los Derechos Fundamentales, ha crecido el número de violaciones de los derechos humanos, y ello se debe en cierto modo a que la Unión Europea todavía no proporciona un marco legal que otorgue plena protección contra la discriminación en todas las áreas.

SUPERANDO LA ESTRATEGIA DE LISBOA

A su vez, las organizaciones que han formado la Alianza de la Primavera, convienen en que la priorización de la competitividad y la desregulación en la Unión Europea ha fracasado como bien público.  En efecto, desde el año 2005 la Unión Europea lleva adoptando una estrategia de desregulación de los mercados, inclusive el mercado laboral, de acuerda con la estrategia de crecimiento y empleo avalada por el Tratado de Lisboa. La estrategia, correcta en su formulación inicial, ha provocado finalmente un detrimento y desgaste de la sociedad europea, ocasionando un aumento del empleo de mala calidad y un fracaso en la reducción  de desigualdad.  Claramente, la Estrategia de Lisboa, con su enfoque hacia la competitividad ha tenido también efectos adversos en el aspecto medioambiental, por causa de la ralentización de la aprobación de normativas en materia de cambio climático.

También en la actual crisis económica tiene mucho que ver la filosofía de desregulación promovida por la UE, que ha provocado un aumento irresponsable de la deuda y una cierta negligencia por parte de los débiles organismos reguladores. Como consecuencia, el desempleo está aumentando y la deuda pública está creciendo, a la par que aumentan las desigualdades sociales.

Otro punto importante que las ins es que la mayoría de los ciudadanos de la Unión Europea se sienten al margen de los procesos de toma de decisiones y todavía muy ajenos a los entresijos relativos a las instituciones europeas. Incluso en muchas ocasiones, los políticos nacionales consideran a Bruselas como un poder externo, ajeno, e incluso lo utilizan como chivo expiatorio de las decisiones más impopulares, algo que conlleva el efecto adverso de debilitar la credibilidad de la UE y su capacidad de gobernanza.

Por último, las instituciones firmantes culminan su manifiesto abogando porque la Unión Europea, la economía más grande del mundo, ponga en funcionamiento sus poderosos instrumentos para establecer objetivos medioambientales, reducir las desigualdades, y regular los mercados. Lo que se necesita ahora es, realmente, voluntad política para conseguir una UE sostenible y más justa, con el apoyo de los fuertes movimientos de la existente sociedad civil.

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