edición: 2825 , Martes, 15 octubre 2019
12/09/2018
En tono de alarma y prevención del Supervisor bancario 

Europa pone en marcha un movimiento desesperado para salvar a la banca alemana

Prisas por crear el Fondo de Garantía Europea de Depósitos y por aplicar Basilea III al mismo tiempo. Todo para cerrar la fusión urgente de la banca alemana cuando llegan vientos de crisis
Juan José González
"Se necesitan campeones europeos". Parece un bando con objetivos deportivos pero no, es una comunicación de Danièle Nouy, presidenta del Mecanismo Único de Supervisión de la Unión Europea dirigida al sector financiero y a los Gobiernos que corresponda. Llamada de urgencia en el fondo que pretende llamar la atención del sector bancario, seguramente alarmada por las cifras de los dos grandes bancos alemanes como también por el reconocimiento de no haber hecho los deberes a tiempo. En el guion de la etapa posterior a la crisis de 2008, figuraban, entre otros, la necesidad de grandes fusiones, la puesta en marcha de un Fondo de Garantía Europeo de Depósitos y la implantación homogénea de Basilea III. Y resulta que el paso del tiempo muestra que los tres están por hacer. Nada nuevo en la corriente de opinión procedente de las autoridades supervisoras europeas respecto a su deseo, ya conocido, de impulsar la formación de los "jugadores globales", los "campeones europeos" para el sector financiero con el objetivo de crear grandes grupos bancarios globales y trasnacionales.
En cambio, sí que parece brotar un denodado interés, muy coyuntural, por acelerar y fomentar las uniones, acuerdos o fusiones de entidades bancarias europeas con un problema, no declarado, de fondo: la imposibilidad e incapacidad de los dos grandes bancos alemanes -Deutsche Bank y Commerzbank- para sanear sus balances y salir de una crisis interna que ya dura más de una década. De fondo también la preocupación sobre el nuevo escenario que parece ganar fuerza con el paso del tiempo: una nueva crisis económica mundial de fondo.

Se mantiene la crítica sobre la pasividad de los grandes y medianos grupos bancarios europeos que, según Bruselas, no han creído oportuno aprovechar estos diez años desde que estallara la crisis para consolidar y ganar tamaño. El reproche se hace a los grupos bancarios de todos los países que integran la Unión Europea y se compara con la tarea llevada a cabo por EE UU, mercado que vio la oportunidad y la necesidad de un proceso rápido de fusiones.

Pisan el acelerador en el Mecanismo Único de Supervisión en un ambiente lleno de opiniones que advierten de la llegada de vientos de fin de ciclo, en la antesala de una recesión y del regreso a otra crisis al interpretar la estadística de las cifras de coyuntura el final del ciclo económico expansivo. Fusiones bancarias es lo que ahora desea el Gobierno alemán, patrocinador intelectual de un movimiento de consolidación de la banca europea, y con la excusa de Nouy para competir con éxito contra "otros jugadores financieros a nivel mundial".

En su misiva, la responsable del Supervisor Único, llama a la consolidación, que debe ser mayor y más profunda. Reclama a la banca y, en especial, a los grandes grupos, los deberes pendientes que fueron señalados en su día, tras el estallido de la crisis de 2008, por las autoridades bancarias y que siguen sin hacer. Apremio en base a especulaciones de sobre el frenazo de la economía mundial y en medio de una campaña mediática europea con origen en Bruselas y Fráncfort. El objetivo es ahora promocionar ahora las fusiones trasnacionales para acelerar el cierre de la crisis que viven Deutsche Bank y Commerzbank y concluir con la integración de ambas entidades.

Quizás deberían considerar algunas de las recomendaciones que recientemente hacía el exdirector del Banco de España, Aristóbulo de Juan, a propósito de las concentraciones de entidades bancarias en varios bancos sistémicos, advirtiendo del "serio riesgo que no debe estimularse -como está ocurriendo- sino al contrario". Reflexión que concluía porque según De Juan "resultan difíciles de gestionar, muy difíciles de supervisar e imposibles de cerrar, salvo con un coste desproporcionado".

Que las autoridades políticas alemanas estén interesadas en la integración a toda velocidad de los colosos bancarios nacionales Deutsche Bank y Commerzbank, ilustra del tamaño de las dificultades para seguir adelante de los dos bancos sin las ayudas públicas pertinentes. De ahí que sea urgente poner remedio a un problema que, además de voluminosos recursos públicos de todos los alemanes, produciría daños irreversibles en buena parte de la clientela particular, formada por ahorradores particulares y por empresas. Así como el consiguiente peligro, más que evidente, de contagio al resto de la Unión Europea. Los nuevos test de estrés se presentarán al público en noviembre, en un ambiente precalentado y propicio para una fusión salvadora de la banca alemana.

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