edición: 2471 , Martes, 22 mayo 2018
18/05/2018
Un nuevo eurobono como paliativo

Europa trabaja contra reloj para reducir el riesgo de colapso del euro

Un escenario similar a la tormenta perfecta parece estar a punto de visitar el continente europeo, con riesgos políticos, sociales y económicos
Juan José González
Curiosa contradicción la que suele darse en Europa cuando se trata de tomar decisiones de ámbito general. La Unión Europea, o una parte de ella, se pone de acuerdo habitualmente a la hora de gastar o, al menos, sus representantes tardan menos tiempo en ponerse de acuerdo. Otro asunto -aquí la contradicción- es concertar la forma y los medios necesarios para financiar el presupuesto, un monstruo que debe hacerse cargo de dar recursos suficientes a todos los socios para mantener el Estado del Bienestar, lo que conlleva una carga gigante de responsabilidades de financiación, caso de la política agraria, la de cohesión, las sociales y un largo etcétera. Pero tampoco parece probable que los socios de la Unión vayan a ponerse de acuerdo en cómo resolver los problemas de las deudas pendientes, habida cuenta de que los más afectados -los deudores- por este mal crónico, los italianos, continúan sin descartar la idea surrealista de conseguir la amortización de la deuda pendiente, esto es, una cancelación unilateral de la deuda de ese país, nada menos que de un cuarto de billón de euros y que hoy permanece en el balance del Banco Central Europeo dentro del programa `QE´ (Quantitative Easing). Y es que la coyuntura en Italia parece complicarse conforme transcurre el tiempo, dejando el destino y la dirección de los acontecimientos en manos de la formación de un nuevo Gobierno que, entre otros, amenaza con poner en revisión su disciplina en algunas instituciones de la UE y a la que no es ajena la correspondiente a la moneda única, el euro. A pesar de ser tan sólo un folio perteneciente al borrador de un programa político, no deja de ser la italiana, una posibilidad, una amenaza, un riesgo que viene a sumarse al Brexit, a la amenaza de guerra comercial de EE UU, a una ralentización de la economía y con la tensión bélica en Oriente de fondo. La tormenta perfecta.
La reivindicación -aunque por el momento tan sólo en fase de borrador- política del futuro Gobierno de condonar unilateralmente y de golpe los 250.000 millones de euros que debe el Estado italiano tiene visos de querer esconder las intenciones de un jugador de pócker que pretende iniciar una partida de la forma más agresiva: proponiendo un ataque, un desafío. El mismo jugador basa su ataque en una convicción, en este caso, política por la cual, siempre que hay una deuda gigante, como es en este caso la pública italiana, se da por seguro que, en aras a evitar el contagio y los daños colaterales, todo el mundo estaría de acuerdo -y pondrá algo o todo de su parte- para resolver el problema. Y entre todo el mundo están los Gobiernos, que salvarían sus bancos y los bancos sus empresas y estas a sus accionistas, una cadena de `salvamento´ que no necesariamente debería cumplirse.

La convicción del deudor de que este y no otro será el comportamiento del acreedor (en este caso el BCE) parecería que se trata de una apuesta con muchos números para lograr el éxito. Pero, en este caso, es probable que el deudor no llegue a conseguirlo, puesto que tan sólo el 5% de la deuda pública del Estado italiano se encuentra en manos de inversores extranjeros, mientras el 95% restante está en manos de inversores -acreedores- locales o italianos. Que la distribución de la deuda según el origen de los acreedores, sea la señalada, no quiere decir que ante una decisión de suspender los pagos de la deuda, no fuera a poner a buena parte de Europa patas arriba, empezando por la moneda única.

Conscientes los políticos, los economistas y los expertos de que el círculo vicioso, o la rueda del terror financiero puede romperse en cualquier momento para regresar así a los escenarios de la crisis financiera más reciente, se escuchan estos días numerosas voces expertas que demandan la puesta en marcha inmediata de una unión bancaria formal y efectiva, así como la creación en los próximos meses -antes de que finalice el año- de nuevos mecanismos financieros que puedan, en caso de urgencia, anular los riesgos de entrar en una situación de gran recesión.

No se trataría de mutualizar las deudas, tampoco de mutualizar riesgos, sino de poner en marcha una estructura financiera diferente y nueva para agrupar la deuda soberana de los socios europeos, similar a las obligaciones de deuda `colateralizadas´. Sería una especie de `eurobono´ pero diferente al tradicional al que se oponen algunos países de la UE, del norte, con el mismo tratamiento de riesgo de los bonos soberanos. Activo financiero que, entre otros, haría posible la diversificación de las exposiciones a la deuda por parte de bancos, fondos de inversión, planes de pensiones y otros inversores financieros. 

Este sería el primer elemento de un conjunto de piezas que, junto a la reforma del euro que reclaman expertos e instituciones monetarias, la unión bancaria, la fiscal y el presupuesto único, debería servir, o al menos, ser suficiente, para salvaguardar al que se considera como mayor riesgo inminente para la Unión Europea, un volcán que desde Italia amenaza con entrar en erupción. La pregunta es si hay tiempo para evitarlo o sólo para minimizar los daños. O ya es tarde.

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