edición: 2826 , Miércoles, 16 octubre 2019
15/09/2019

Facebook responderá en Basilea a gobernadores de bancos centrales sobre su proyecto de criptomoneda

Las autoridades monetarias se resisten a una moneda emitida por la red social y su consorcio privado
Carlos Schwartz
Representantes del consorcio que tiene previsto emitir Libra, la criptomoneda anunciada en junio por Facebook, se reunirán hoy en Basilea con funcionarios de 26 bancos centrales, incluida la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra, para responder a las preguntas de las autoridades monetarias. Portavoces de Facebook, la red social promotora de la moneda denominada Libra que se debería emitir en el primer semestre de 2020, han señalado que están complacidos de poder responder a las preguntas de los reguladores y que, precisamente para poder tener un intercambio de ideas y familiarizar con este proyecto al propio comité de emisores y a las autoridades monetarias, habían optado por un largo periodo transitorio antes de la emisión de la moneda.
El anuncio por parte de Facebook desató una controversia internacional sobre esta criptomoneda. Ésta será emitida por la Asociación Libra formada por un grupo considerable de empresas relevantes de procesamiento de pagos, comercio electrónico y moneda electrónica, además de la plataforma Facebook. Esta unidad de cuenta electrónica, por denominarla de alguna manera, se entregará a cambio de dinero real y tendrá como respaldo la denominada Reserva Libra, formada por depósitos bancarios y deuda soberana de corto plazo. Esa reserva es lo que daría estabilidad a esta unidad de cuenta en su tipo de cambio ante las otras monedas de curso legal a las que enfrentaría en cada mercado nacional.

El encuentro será frente al Comité de Pagos e Infraestructuras de Mercado, un foro perteneciente al Banco de Pagos Internacionales y la sesión de hoy estará presidida por el funcionario del Banco Central Europeo (BCE) Benoît Coeuré. Éste ya ha afirmado recientemente que el listón para la aprobación de Libra en la UE se pondría “muy alto”. Su compatriota, Bruno Le Maire, el ministro de Finanzas francés, fue mucho más allá de este criterio la semana pasada cuando afirmó que se debería bloquear el acceso de Libra al mercado europeo y crear una moneda digital propia del banco central.

Le Maire consideró que la iniciativa supone la privatización de la emisión de moneda reemplazando en algunos países monedas más débiles minando la soberanía y la independencia de los estados. En su ataque el ministro señaló que se facilitaría el lavado de dinero y se potenciaría el riesgo de una crisis económica global en caso de un incidente por fallo tecnológico. Más allá de estas opiniones, algunas bastante cuestionables, las críticas al proyecto de Libra son en algunos casos bastante consistentes.

Una diferencia considerable entre Libra y sus congéneres, las denominadas criptomonedas, es que mientras estas últimas explotan su naturaleza descentralizada y la ausencia de una autoridad única sobre las mismas, Libra hace hincapié en la naturaleza centralizada de su emisión. Todas las monedas digitales emitidas hasta ahora lo han hecho sobre la base de la cadena de bloques mediante el modelo de computación distribuida, creando un sistema de registro descentralizado. Esto ha sido mantenido como una de las fortalezas del sistema. Por el contrario Libra ha hecho énfasis en el hecho que será controlada y emitida por un consorcio, y su distribución regulada por él. Mientras el sistema de pagos basado en Libra será también centralizado y ejercido por la sociedad Calibra, una subsidiaria propiedad al 100% de Facebook. 

Esto convierte a la plataforma y sus socios en una suerte de emisores soberanos, pero con responsabilidades limitadas. Es decir que se arrogan una posición de monopolio de la emisión de una criptomoneda, establecen un fondo de reserva para respaldarla, pero ese respaldo tiene un límite. Es el límite jurídico de una sociedad mercantil que puede buscar el amparo de la justicia comercial para decir que no puede hacer frente al pago del ciclo de negocios abarcado por esa unidad de cuenta que han puesto en circulación. Esto que parece una paradoja, es en realidad el talón de Aquiles de todo el invento. Una moneda de curso legal está respaldada por el conjunto de bienes, servicios y mercancías de una nación, y su emisor, el Banco Central es el prestamista de último recurso que responde por la moneda en circulación. Bien o mal este es el compromiso. La posibilidad de redención de esa moneda, por ejemplo la posibilidad de convertirla en otra divisa, está desde luego condicionado por el estado de la economía del emisor.

Sin embargo, una cosa es el monopolio de emisión de una moneda que se arroga un estado nacional, y que implica la garantía de ese estado sobre la moneda puesta en circulación, y otra muy distinta la emisión privada de una unidad de cuenta por parte de una sociedad mercantil. Esta última estará amparada por la legislación mercantil, que a escala global tiene como principio fundacional la posibilidad de la suspensión de pagos y la liquidación mediante los procedimientos concursales del balance patrimonial. Por ejemplo, quien va a controlar que existe alguna simetría entre la Reserva de Libra y el conjunto de las operaciones mercantiles que se desarrollarán en un momento dado a escala internacional a través de la red de Facebook. Ésta se convertiría en un elemento de creación de dinero ficticio de primer orden. El volumen de transacciones comerciales realizado a través de una red de más de 1.100 millones de usuarios superará en cada momento dado al total de unidades de cuenta de Libra emitidas. En cada transacción que exceda el límite emitido de Libra cada euro que se gaste con tarjeta de crédito se transformará en un volumen de Libra inexistente, muy por encima del límite que “garantiza” la Reserva de Libra.

Es probable que en determinado momento al cierre de las operaciones con su compensación y liquidación se cuadren las cuentas, cuando el vendedor de un bien reciba, no Libra, sino moneda de curso legal a cambio del bien pagado por el comprador también con moneda real. Pero si hay un aplazamiento entre compra y venta en materia de liquidación y compensación, algo inevitable, el riesgo alcanzará cifras siderales. ¿Quién va a respaldar a Libra en el caso de una crisis de liquidez? ¿Porqué la Asociación Libra no ha establecido un fondo de garantía para los tenedores de su unidad de cuenta, que en definitiva van a constituir depósitos? ¿Cómo va a afectar el volumen potencial de transacciones en Libra a los activos subyacentes que constituyen la Reserva de Libra? 

La rueda de preguntas puede ser interminable, pero lo más interesante de esta cuestión es el intento de vestir con cualidades de moneda global de curso legal a una unidad de cuenta que carece de valor porque no representa nada, ni siquiera la presunta Reserva de Libra. Esta realidad se exhibe en su desnudez por el hecho de que lo que la respalda son activos denominados en monedas de curso legal. La libra no se puede valorizar a sí misma a menos que se convierta en objeto de especulación. Fenómeno ante el cual sus emisores no tienen instrumento alguno de control.

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