edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
27/10/2008

Falta el ‘mea culpa’ de Rato

Alan Greenspan, anterior presidente de la FED, ha sido el último en reconocer su culpa. “Me equivoqué parcialmente”, ha dicho y entenderán que no ha puesto mucho énfasis en su confesión, al igual que los reguladores británico, francés o alemán. Pero Greenspan en más culpable porque la crisis financiera mundial tiene su origen en Estados Unidos y en una desregulación que ahora podemos calificar de irresponsable que, además, no quiso reaccionar a tiempo.
El catálogo de culpables se ha ampliado mucho pero lo encabezan los propios bancos de inversión, seguidos de los demás bancos que hicieron de la codicia un modo de vida y negocio. Se añaden las agencias de calificación de riesgos, más culpables si cabe porque han sido el respaldo para todos los desmanes con sus irreales “notas” por las que cobran a las entidades calificadas y a cualquiera que se ponga a demandar su información pormenorizada. Pero hay más culpables y en esa lista paralela figura con letras de honor del FMI, y su director gerente a la cabeza, Rodrigo Rato.

Rato que gozó de un claro y contundente apoyo político español para acceder al puesto de máxima responsabilidad del FMI -con categoría de Jefe de Estado- y todos lo celebramos. Quienes ayudaron a encumbrarlo -Aznar y el propio Zapatero- pusieron una parte de su prestigio en la apuesta y ahora tienen que apechugar con ello. Porque Rato no puede defender su trayectoria en el principal agente financiero del mundo y ha dejado en tela de juicio su utilidad, mucho más aun que el propio sistema financiero que nació en Bretton Woods y que también dio origen al FMI. Rato estuvo al frente del principal agente financiero mundial y falló estrepitosamente: durante su gestión se desarrollaron los principales episodios que han llevado a la crisis financiera y, en cierta medida, a la agudización de la recesión mundial.

Rato dejó el FMI por sorpresa, de forma abrupta y sin explicaciones claras -o por lo menos creíbles-. Y lo hizo hace un año tras un preaviso de tres meses, justo en los albores de la crisis subprime. Pocos meses habían pasado desde su salida cuando el FMI dio una primera cifra sobre los activos tóxicos: 900.000 millones de dólares. Poco se equivocó porque en aquellos momentos se hablaba de una contaminación de un máximo de 500.000 millones. Algo sabía el organismo de lo que estaba pasando porque fue capaz de dar la cifra que finalmente más se aproximó a la realidad.

Rato es ahora asesor de varias entidades financieras, por cierto, ninguna de ellas contaminada por activos tóxicos. Y continúan disputándoselo en otras. Hasta aparece periódicamente como candidato a presidir Caja Madrid. Incluso hay empresarios que le dicen que le echan de menos y el contesta complacido que “los empresarios sí pero el PP, no”. Ya va siendo hora de que Rodrigo Rato nos aclare su fracaso como director gerente del FMI y, sobre todo, nos diga por qué se fue como lo hizo. Inocente no es pero es necesario que sepamos hasta dónde llega su culpa. Y no tiene buena pinta.

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