edición: 2363 , Miércoles, 13 diciembre 2017
23/06/2010
De nuevo en manos de las calificadoras, los Gobiernos afrontan una nueva regulación
La alta dirección de S&P se aplaude a si misma  en el Nasdaq hace ahora un año

Fitch, S&P y Moody´s dejarán de calificar deuda pública si no unifican criterios

FED y BCE partidarios de restringir su área de actuación a emisiones menores
Juan José González

Tiene que haber alguna forma de frenar o anular los informes de calificación de las agencias de rating. El asunto ya es la segunda vez que entra en el orden del día de los diez primeros temas a tratar en esas reuniones del G-20. Y seguirá estando en la próxima a celebrar el fin de semana. Primero fueron los Estados, sus riesgos y deudas, y el juicio final sobre la perspectiva, jugando entre la estable, la revisión y la negativa. Pusieron en jaque al sistema económico con la publicación de las fichas económicas causando el revuelo general, una inestabilidad caldo de cultivo para especuladores que mantienen sus apuestas bursátiles y sobre la deuda pública a la baja. Ahora, después de la tempestad cambiaria y de la mayor crisis de la deuda que se conoce hasta el día de hoy, se dan cita en la escena pública las tres calificadoras internacionales para reivindicar su papel en la escena pública. No se quieren perder la oportunidad de ser influyentes en los momentos de mayor convulsión financiera.

Aseguran quienes conocen bien a las calificadoras que estas dicen en alto lo que otros en voz baja o callan. Y, curiosamente, ahora se enfrentan entre ellas. La guerra entre calificadoras ha comenzado y amenaza con ser duradera. El último episodio protagonizado en este asunto no esta protagonizado por ningún Estado soberano ni empresa concreta. Ahora el protagonista es, o son, las mismas agencias de calificación o rating. Compiten por algo que puede ser definitivo para que una o dos de las calificadoras más conocidas, esto es, S&P, Moody´s y Fitch, pugnen por la metodología, por la preeminencia de un determinado método de trabajo, de tratamiento de la información, etc. Cuentan con formas diferentes de interpretar la realidad y de afrontar el futuro. Son competidoras, no sólo en clientes y sectores, también se lanzan dardos envenenados, y según el episodio –la cuantía de la minuta- hasta se desacreditan. Un espectáculo.

Moody's tiene para España la calificación de AAA y perspectiva estable; Standard & Poor's rebajó en abril la calificación del país a AA desde AA+, y Fitch recortó el mes pasado la calificación de España a AA+ con perspectiva estable desde AAA. Diferencias que significan disparidad de opinión y distintos criterios sobre un mismo hecho objetivo. Significa que alguna de estas agencias, o las tres, se equivocan en su percepción de la realidad, yerran en la objetividad.

El mercado en general, los Estados en particular, solicitan a las calificadoras un acuerdo metodológico entre ellas; no puede ser que sobre el mismo papel, idénticos hechos analizables e, incluso, en el mismo tiempo, tres calificadoras muestren tanto desacuerdo. El papel de las calificadoras ha caído en desgracia, son impopulares incluso para los profanos del asunto. La francesa Fitch rebajó ayer, por sorpresa –aseguran en la entidad financiera que no se lo esperaban- la nota a largo plazo de BNP Paribas hasta AA- desde AA, mientras que la perspectiva del rating resulta estable. El juicio al banco galo tiró por tierra todos los intentos de recuperación de la entidad con el efecto consabido de arrastrar a toda la banca europea.

Pero Moody´s asegura que la banca española no tiene problemas porque su posición es óptima al tener provisionada la deuda. Es una pelea entre Moody´s y S&P que las sitúa en este episodio a la cola del mercado. Aseguran algunas entidades financieras que siempre van a remolque de la actualidad, varios pasos por atrás y que la reputación escasea y tiende a cero desde que se situaron en el centro de las acusaciones sobre la crisis financiera.

S&P comunicó recientemente que situaba el rating de Telefónica –uno de los seis emisores de deuda con mejor prestigio del planeta- en perspectiva negativa si llegaba a adquirir el 50% de Brasilcel, la compañía que controla Vivo. Por otra parte, Moody´s asegura que la salud de la banca española es buena porque mantienen provisionado el 75% de su deudas dudosas. S&P no esta de acuerdo, pues según sus cálculos esa misma banca española con 108.000 millones de dudosa deuda, fija las pérdidas crediticias hasta casi los 100.000 millones de euros hasta 2011. Una estimación de la misma agencia situaba hace pocos meses una pérdida crediticia del orden de 99.000 millones de euros.

Un auténtico cambalache este de las agencias. Un drama al que el tiempo no tardará mucho más en poner en su sitio, para lo cual los Gobiernos deben fijar mediante acuerdo en los criterios de conducta y presentación de una información que la realidad ha convertido en el eje del comportamiento de los mercados.

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