edición: 2826 , Miércoles, 16 octubre 2019
21/01/2010

Florentino encaja el tercer golpe de Sacyr y FCC en Panamá y hace del istmo el ‘punto negro’ de su sueño americano

Panamá no aplicará la Ley de Retorsión a las españolas, pero Zapatero no consuma sus promesas de un tratado para superar la doble tributación: partirán en desventaja con las italianas
Obras en el Canal de Panamá
Ana Zarzuela

Traga dos veces. Se lo tomó la primera vez como un desafío personal, quería ‘tocar pelo’ y romper el maleficio de un istmo en el que las españolas son los primeros inversores, pero que mantiene las grandes obras de infraestructuras panameñas aún vírgenes para ACS. Y cuando en julio llegó la adjudicación del mayor contrato de infraestructuras de los últimos años tuvo que digerir ‘bilis’ ante las felicitaciones de Zapatero y Blanco a Luis del Rivero. Aún no había asimilado el “así gana Sacyr”, pero Florentino Pérez ya ha tenido que pasar otros dos bocados amargos en latitudes panameñas. FCC le ha puesto apellidos propios en consorcio con la mexicana Ica y la costarricense Meco al segundo gran contrato del Canal, la construcción de un nuevo cauce de acceso a la infraestructura desde el Pacífico por 187 millones de euros que le deja sitio en el istmo a la brújula de Falcones para tres años y medio de ejecución. Le amargó las Navidades, aunque esta vez el presidente de ACS había dejado pasar de largo la tentación del segundo concurso en volumen económico propuesto por la Autoridad del Canal. Consolaba todavía Florentino su adiós al contrato más abultado del momento -2.243 millones de euros- con la esperanza de que la doble tributación y lo ajustado de la oferta ganadora de Sacyr -2.863 millones menos que ACS- hicieran el resto. No es así. A punto de comenzar las obras, el consorcio GRUMP cumple plazos y acaba de cobrar el primer anticipo de 300 millones de dólares y el Canal mejora sus beneficios y le despeja la alfombra roja a los resultados de  sus concesiones.

Por eso ACS se lo piensa aún dos veces en el escaparate de los 1.000 millones de dólares del metro de la capital panameña. El primer tren subterráneo centroamericano comienza la ‘ruta’ de su precalificación el 8 de febrero: es el último plato del menú de las grandes infraestructuras públicas de Martinelli aún al alcance -al menos en teoría- de apellidos españoles cuando comience su construcción en julio de 2010. Pero la ‘revancha’ panameña se le enfría a ACS. Ni la competencia ni el juego de las alianzas -ahora que Impregilo sella todas las sintonías con Sacyr y que Ica se lanzará en solitario, o con FCC-, ni el calendario, ni siquiera el viento de los ‘olvidos’ de Moncloa juegan a favor de los sueños panameños de Florentino. El presidente panameño trata de llegar allá donde su antecesor Martín Torrijos no pudo -con su pacto con Zapatero para evitar la doble tributación-  y promete hacer suyo el esfuerzo de las empresas por aterrizar en el istmo sin desventajas fiscales con su competidoras.  Toda un arma de presión con Moncloa para que saque al istmo de la ‘lista negra’ de paraísos o al menos medie ante la OCDE y Bruselas. No serán esta vez las amenazas de la Ley de Retorsión las que hagan recelar a las españolas. Los nuevos ministros sólo las han hecho ondear lo justo para enseñarle músculo a Ecuador y al TLC con EEUU y no las aplicarán con la licitación del subterráneo. Pero a Moncloa se le paró desde octubre el cronómetro de las promesas con Panamá al que le dan cuerda las empresas, las presiones la UE, el aval de la Casa Real ante Martinelli y las gestiones de Taguas en Seopan, ahora que otros cinco acuerdos europeos están sobre la mesa panameña –el italiano ya firmado- para evitar la doble tributación.

Panamá hace ‘ojitos’ a los empresarios españoles: con 2.000 millones de intercambio comercial, son los primeros inversores en el istmo y el gobierno centroamericano es el primer interesado- Martineli dixit- en que el contrato a Sacyr para las terceras exclusas del Canal - adjudicado el 8 de julio por 3.118 millones de dólares- no sea la última de las grandes concesiones con apellidos ibéricos. Buscan en las multinacionales españolas aliados para revivir su sector turístico; no hace ni dos meses que la Embajada convocaba a un grupo de empresarios españoles para motivarlos a implicarse en la construcción de un corredor de energías renovables que unirá Centroamérica con México y el sur de EEUU.

Pero sobre todo, es el caramelo del metro de Ciudad de Panamá y la licitación por más de 1.000 millones de obras el próximo semestre el que esta vez se les puede envenenar a las grandes constructoras españolas si Moncloa no lo remedia antes. Se suben a las prisas de Martinelli, prometió que la licitación llegaría en los cien primeros días de su mandato, ya venía con el proyecto bajo el brazo, los ojeadores han llegado a Santo Domingo, Brasilia y Madrid. Los candidatos enseñan ya músculo. De momento, los estudios del suelo han dado comienzo. Ya hay un nuevo organismo autónomo encargado de impulsar uno de los proyectos insignia de la Administración, el compromiso de 300 millones de dólares de la Corporación Andina de Fomento (CAF), el respaldo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y se ha abierto el periodo de asesoría en el que  un consorcio formado por la empresa mexicana Cal y Mayor, la suiza Poyry y la panameña Geo Consult, consiguió el contrato para los diseños conceptuales, los primeros planos del metro y la preparación de los documentos de licitación para la segunda etapa, la de la construcción de la obra.

ALIANZAS, EXPERIENCIA Y SINERGIAS

Los meses y los concursos compartidos han terminado por cohesionar un tejido de sinergias y cooperación entre las grandes multinacionales que aspiran a hacerse con las riendas del despegue en infraestructuras de Panamá, en el que ACS ha quedado cada vez más relegada, en favor de FCC y Sacyr. En el concurso del Canal recién adjudicado a FCC en diciembre, la a firma que preside Luis del Rivero repetía presencia con Impregilo y la local Cusa, prácticamente el mismo grupo de empresas que se impuso en julio en el mayor contrato del programa de ampliación del Canal de Panamá a la estadounidense Bechtel y las españolas FCC, ACS y Acciona.

FCC, por su parte, escogió de nuevo un equipo con la mexicana ICA y con la costarricense Meco para hacerse con la adjudicación. Sacyr cuenta además con las buenas relaciones locales con CUSA, cuyo presidente fue el responsable de la ACP, Alberto Alemán Zubieta. Ya lo acompaña en la construcción del tercer juego de esclusas del Canal y podría repetir en el futuro. Nada que hoy por hoy pueda reeditar ACS. ICA, la mayor constructora mexicana, va esta vez por libre de las aspiraciones de Florentino tras los ‘vagones’ del metro panameño, tan convencida de sus cálculos que asegura desde agosto, alto y claro, en público, tener grandes posibilidades de ganar el proyecto”, dada su experiencia en la construcción de obras similares en México con más de 200 kilómetros de vías. Ya el consorcio suizo-mexicano POYRY/CAL y Mayor y Asociados y la empresa Geoconsult son los encargados de asesorar el proceso de diseño, licitación y posterior ejecución del proyecto.

La carrera de los pretendientes ha comenzado y, ahora que Luis del Rivero está dispuesto a convertir Panamá en una de las grandes apuestas de Sacyr para el futuro -una vez que el consorcio que lidera se ha hecho con las obras de la ampliación del Canal- , los componentes de Unidos por el Canal, integrado además por la italiana Impregilo, la belga Jan de Nul y la panameña Cusa, están ya en todas las quinielas de los analistas panameños. Ya saben -desde la visita de Martinelli a Italia para sellar el acuerdo que pone fin a la doble tributación- que el consorcio formado por las empresas italianas Astaldi, Impregilo y Ghella buscará sitio en una carrera en la que ya han hecho saber que están interesadas en ‘correr’ (por una u otra calle) empresas de Brasil, Taiwán,  Japón y Estados Unidos, una obra que le pisa los talones a la ampliación del Canal en peso en la cartera de obras de Martinelli (fue su promesa estrella en campaña electoral) y que será concluida en cuatro años, por un valor de entre 1.000 y 1.500 millones de dólares.

Impregilo tiene experiencia en el diseño y construcción de infraestructuras similares -construye en Italia los metros de Génova y Nápoles, además de las líneas de Tren de Alta Velocidad entre las ciudades de Milán y Turín y otro tramo entre Bolonia y Florencia- y los transportes suburbanos de Sevilla y Palma de Mallorca llevan la firma de la compañía que preside Luis del Rivero. Pero Taiwan, Italia, Japón y Brasil aguardan en la antesala de los interesados. Son sus gobiernos los que han comenzado, de forma oficial, el respaldo diplomático a sus empresas nacionales en la carrera panameña.

El presidente taiwanés cuenta con el visto bueno del Congreso para la cesión tecnológica al istmo y reproducir en Centroamérica un sistema que en Taipei transporta diariamente 1,5 millones de pasajeros. Brasil se sube al metro de Panamá con un crédito de 1.000 millones de dólares no sólo para el subterráneo, sino para infraestructuras y para hacer sitio a las empresas cariocas en la Ciudad del Saber centroamericana. Los japoneses tienen una propuesta técnica acompañada con un préstamo de 400 millones de dólares para comenzar lo antes posible. Berlusconi recibía a Martinelli hace menos de un mes con el acuerdo para evitar la doble tributación de las empresas italianas en el mismo periplo en el que el panameño le daba el visto bueno oficial a la participación del consorcio formado por Astaldi, Impregilo y Ghella en la licitación para construir el metro de Panamá. Roma busca de Panamá el trampolín para su expansión comercial en Centroamérica y no quiere erosionarla por diferencias tributarias.

FLORENTINO, SIN REVANCHA, NI CONSUELO

Si esperaba consuelo en las ‘zozobras’ de la mayor adjudicación de la historia de Sacyr, la ampliación del Canal, o en los problemas sobrevenidos y la implementación de una ‘oferta ajustada en costes’, Florentino no lo ha tenido tampoco: , ahora que las obras de construcción del nuevo sistema de esclusas acaban de empezar, después de varios meses de los trabajos preparatorios, Sacyr ha conseguido conjurar el fantasma de los retrasos en la ejecución poner ‘orden’ entre los socios 'díscolos' del Grupo Unidos por el Canal (GUPC) y superar las diferencias de criterio entre el grupo belga Jan de Nul, el especialista en dragados, que controla algo menos del 5%, la italiana Impregilo y el grupo local Constructora Urbana (Cusa). Como prueba, el ingreso, esta misma semana, del primer anticipo, con cargo a las obras en el Canal, por 300 millones de euros. Sacyr Vallehermoso ha obtenido un beneficio de 460,7 millones de euros durante los nueve primeros meses del año, una cifra que se sitúa muy por encima de los 6,1 millones de euros en el mismo periodo del pasado año. .Las cuentas de Sacyr a 30 de septiembre presentaban un beneficio de 461 millones, impulsados por las plusvalías de 800 millones generados por la desinversión en Itínere.

El grupo que preside Luis del Rivero ha elevado sus ventas un 12,3% por el tirón de su división de servicios; la cartera engorda un 56% - con proyectos por ejecutar en construcción suman 7.954 millones, para los que se espera un Ebitda de 466 millones- y la deuda pierde peso. Los resultados del Canal -que tiene bajo su control el 38% del mercado de portacontenedores entre el norte de Asia y la costa este de Estados Unidos -han mejorado en el último semestre y despejan todas las nubes sobre su rentabilidad: cerró el año fiscal con un aumento de un 10% sus ingresos -a pesar del descenso en tonelaje- , por encima de los 2.207 millones de dólares, frente a los 2.007,1 millones del año fiscal anterior. Las autoridades panameñas descuentan que el número de exportaciones se triplicará a partir de 2025 -gracias a la ampliación que capitanea Sacyr- y que la operación de las esclusas permitirá recuperar todos los pagos en menos de una década. Sólo durante sus primeros 11 años de vida operativa, el Canal ampliado aporta unos 30.000 millones de balboas (22.000 millones de euros) y generará entre 150.000 y 250.000 empleos.

Florentino respira por la piel exterior de ACS, su cartera internacional alcanza ya el 32,4% del total. No es el único: las divisiones encargadas del negocio internacional de las grandes constructoras españoles han trabajado a toda máquina este año, tanto como para compensar en el exterior la menor actividad doméstica. Cosecharán en 2009 un nuevo récord en contratación exterior -el quinto año consecutivo- con un volumen total de adjudicaciones que superará los 21.000 millones de euros, un 14% más que un año antes, según estimaciones de Seopan en noviembre.

Nada que sea suficiente para los planes y los calendarios del presidente del Real Madrid: ya tuvo que tragar dos veces para encajar que FCC le arrebatara el liderazgo constructor por ingresos el primer semestre, un podium que la compañía controlada por Esther Koplowitz había perdido entre enero y marzo gracias a Alpine. Y ni el estirón americano ni una facturación exterior que crece a ritmos del 30% opacan que el bagaje internacional de ACS fuera de España sigue siendo menor que el del resto de sus competidores. La cartera de obra de Sacyr (por obras y servicios) ha crecido un 56,5% hasta los 54.126 millones. Y el 66% de esa cartera (35.615 millones) procede de contratos y adjudicaciones fuera de España. En FCC creció un 7,3% hasta los 35.103 millones. Pero no es la construcción internacional, sino el fuerte incremento en medio ambiente (un 10,1% más) y servicios industriales (un 7,0%), los que le permitieron compensar la caída general en la construcción, de un 8,6%.

Más aún: pese a que FCC bajó sus ingresos a septiembre en un 8,6%, el incremento de su facturación internacional, del 2%, le ayudó a compensar la caída del 13,2% en España. También ACS logró, pese a que vio sus ventas domésticas caer en un 1,1%, saldar los primeros nueve meses del año con un crecimiento del 2% debido al crecimiento de su área exterior, que fue del 14,3%. Sacyr ha logrado suavizar el menor negocio en España: sus ingresos habían crecido hasta septiembre en un 12,3% hasta los 4.487 millones de euros. Y buena parte de esa subida vino del extranjero, de donde las españolas en 2009 se hicieron con decenas de contratos y adjudicaciones millonarias, que empezarán a reportar ingresos en los próximos tres años. Entre los 30 mayores contratos logrados por Sacyr, FCC, ACS, Acciona o Ferrovial, 12 están en Europa, 5 en Estados Unidos, 5 en Latinoamérica y 3 en Asia-Pacífico.

LA ‘MANCHA’ AMERICANA

Florentino Pérez prometió hace casi dos años ante su junta de accionistas, hacer de ACS el mayor grupo constructor del mundo lloviera lo que lloviera. Enfocó su brújula al exterior, con la energía china y el ladrillo americano como proa. Y, 24 meses más tarde, los mercados valoran que Florentino ha comenzado a palpar al menos parte de su ‘sueño americano’, al calor de la administración Obama y la sed de los Estados por subirse al tren de nuevas infraestructuras y transportes: en los últimos doce meses ha materializado dos adquisiciones en áreas que dan acceso a California -la constructora Pulice, con capacidad para operar en Nevada, UTA, Arizona y California y una cartera de 800 millones de dólares- y a Nueva York -con la compra de la constructora puentes y autopistas en Nueva Jersey, Schiavone, por 150 millones de dólares-. Y la filial estadounidense de Hochtief, Turner, es una de las mayores referencias en edificación no residencial de EE UU. Dragados está con Acciona en la ampliación de la A-30 en el sur de Montreal (Canadá) y reconstruye la I-595 en Florida (EE UU) -ambas por casi 2.000 millones-, y un tramo del metro de Nueva York (1.800 millones). Pero las concesiones y la cartera de obras son otra cosa, sobre todo al sur del Río Grande. La filial de servicios, Urbaser, construye y opera plantas de tratamiento, vertederos y estaciones de transferencia en Chile, México, Panamá y Argentina.

Ha hecho de América el plato fuerte de su expansión internacional, en noviembre --a través de Iridium y Dragados- se adjudicaba el contrato de construcción y posterior explotación durante cuarenta años por 113 millones de la autopista Ruta5 en Chile, donde ya  participa en dos vías de pago (el túnel de San Cristóbal y la Vespucio Norte Express), después de que el pasado año vendiera a su participada Abertis las acciones que tenía en otras dos (el 48% en Autopista Central de Santiago de Chile y el 50% en Rutas del Pacífico). Y, tras meses de impasse judicial y amenazas del gobierno limeño ACS logró una planta de tratamiento de aguas residuales en Perú por 83,4 millones, aunque fue OHL la que le barrió un tramo del metro en Miami por 360,4 millones. Pero Panamá se ha consolidado, concurso a concurso, como uno de los ‘puntos negros’ del mapa continental.

Poco más ha conseguido en los últimos años del istmo que la gestión (y a través de Urbaser y tras la inversión de 10 millones de euros) de los residuos urbanos de la Ciudad de Panamá, un contrato de -eso sí- y durante quince años, un contrato que suma y sigue con las obras de una presa para Dragados que consiguió en 2008, pero lejos de los galones faraónicos que Florentino esperaba poder colgarse con Torrijos primero, o con Martinelli ahora. Esperarán a ver pasar por delante los ‘premios de consolación’: Ricardo Martinelli se prepara para una nueva oleada de inversiones en Panamá, más allá de las líneas rojas del Canal: ya tiene a mano una nueva oficina de inversiones para facilitar la entrada de capitales extranjeros en el país y ofrece un régimen especial para la instalación de sedes de multinacionales, con beneficios como incentivos fiscales. En el horizonte, le abre la puerta a más de 1.000 millones de dólares al año sólo en inversión directa en infraestructuras. Los mapas de Florentino no son los únicos que mirarán de nuevo, desde el segundo semestre de 2010 a la construcción de una ciudad de al menos 15 nuevos macro-edificios que acogerá las instituciones gubernamentales del país, y que tendrá una inversión de unos 600 millones de dólares. Será uno de los últimos trenes panameños para el presidente de ACS.

LAS PROMESAS INCUMPLIDAS DE MONCLOA

Ubicado por la OCDE en una "lista gris" de 38 países y jurisdicciones -aunque se han comprometido a respetar las normas internacionales sobre intercambio de información fiscal, no han materializado sus promesas-, desde que el G-20 declarara en Londres la guerra a los paraísos fiscales y al secreto bancario, y desde que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) amenazara con sanciones a los que no ayuden a frenar la evasión fiscal, las autoridades panameñas han tenido que tomar iniciativas para cambiar una percepción desfavorable, que se ha convertido en un obstáculo en la consecución de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, - firmado en 2007 y ratificado ese mismo año por el país del istmo, pero que aún aguarda la aprobación de los congresistas estadounidenses. Panamá tiene un sistema tributario territorial pero los países de la OCDE prefieren el régimen universal y el istmo decidió que si EE UU o los países de la OCDE quieren información de sus ciudadanos con operaciones en Panamá van a dársela. Quiere evitar antecedentes como los del banco francés BNP Paribas, que ha cerrado sus operaciones en Panamá después de 57 años en el país.

La Zona Libre de Colón pagará impuestos, el narcotráfico ha sufrido la incautación de 8 toneladas de cocaína en el último mes y el presidente luce ya, después de su periplo europeo, una fecha para la próxima firma del acuerdo con Italia (en Milán, tras la XIX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno de finales de noviembre), las negociaciones recién abiertas con España y Holanda y la promesa, de boca de Silvio Berlusconi, de que su gobierno le ayudará a partir del próximo trimestre a salir de la ‘lista gris’ de la OCDE y de “todas las demás listas negras”. Panamá ha comenzado ya a buscar la puerta: tanto el adiós a la lista gris de paraísos fiscales, como su participación en la negociación de un TLC con la UE como miembro de los Estados centroamericanos dependerán de los apoyos que puedan alcanzar. Según las normas de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), la doble tributación -que solapa la fiscalidad del país al que pertenece la empresa y la del Estado en el que opera- es uno de los argumentos utilizados para considerar a Panamá un paraíso fiscal. El país del Canal busca concretar con diez países de América Latina y Europa acuerdos para evitar la doble tributación.

España y Panamá firmaron durante el gobierno de Martín Torrijos (2004-2009) un memorando en materia tributaria que recogía la voluntad de los dos países de crear un acuerdo de intercambio de información fiscal. Sin embargo, no se alcanzó ningún acuerdo. Ni el cambio del embajador en febrero del año pasado, ni las elecciones españolas y la reordenación del Palacio de Santa Cruz del lado español ayudaron a que la sintonía entre Zapatero y Martín Torrijos cuajara. Tampoco las visitas oficiales de los empresarios en abril, ni los aldabonazos de las constructoras. Ya en mayo, cuando Zapatero sellaba con el dominicano Leonel Fernández un acuerdo similar para evitar la doble tributación de sus empresas, Moncloa le había prometido a las empresas que los desencuentros fiscales con Panamá no serían un obstáculo para las inversiones. Lo volvía a prometer el Embajador de España en Panamá, José Manuel López Barrón, al calor del nuevo gobierno panameño de Martinelli durante la pasada la reunión de la Junta de Gobernadores del Banco Centroamericano de Integración (BCIE) celebrada en Panamá.

Martinelli busca la ‘reinserción’ panameña a los salones de la UE de la mano de Moncloa: se cargaba de poner de largo esa sintonía el propio presidente panameño: en su primera visita como electo -justamente a Madrid- aprovechó sus vacaciones personales para visitar La Zarzuela y para verse cara a cara con representantes de las empresas en liza y de la asociación de las grandes constructoras, SEOPAN. Su presidente, David Taguas ya apadrinaba hace dos años, cuando dirigía la oficina económica de Moncloa, un principio de entendimiento entre Rodríguez Zapatero, Miguel Ángel Moratinos y Martín Torrijos para retirar a Panamá de la ‘lista negra’ y sortear el lastre de la doble imposición para "incrementar y fomentar los flujos comerciales y las inversiones bilaterales”. Panamá se ha librado de la condena de la lista negra que Costa Rica no pudo esquivar y que a Uruguay le costó un  peaje adicional. 

En la lista ‘gris’, la OCDE no los considera paraíso. La mediación española, las promesas propias y las comparaciones pesaron más. Por eso ahora Panamá pisa el acelerador de la diplomacia, con la mano tendida a la intercesión europea del brazo español en 2010, el beneplácito de la Casa Real, la sintonía con Rodríguez Zapatero y las promesas de volver a hablar con la UE de adhesión de Centroamérica con la UE. España le tomó la delantera a México, Suiza, Bélgica, Holanda, Italia, Polonia, Canadá y Luxemburgo, enviando en septiembre una propuesta formal para el tratado, -ya en evaluación por la Comisión de Alto Nivel Presidencial para la Defensa de los Servicios Internacionales y Financieros, que preside el Ministro del MEF- pero ahora Roma le ha ganado ya la mano. Silvio Berlusconi le pone los cronómetros. Los retrasos de Moncloa dejan a España sólo en cabeza de una antesala en la que también aprietan los relojes ya Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido y México. Martinelli está llevando a cabo en las últimas semanas una limpieza de cara de las condiciones fiscales de Panamá.

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