edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
13/05/2009

Fogueo y frivolidad en el Debate

A. Pajuelo.- Rajoy cayó en la trampa del cuerpo a cuerpo a mayor gloria de Zapatero y entre ambos hurtaron a los españoles un debate clarificador sobre cómo vamos a conducirnos en los próximos años y a dónde vamos. Poco sabemos de la contribución del PP para atenuar la crisis y menos aun para definir ese futuro que tanto nos interesa. El presidente soltó algunas medidas nuevas que más parecen ocurrencias por su escasa o nula efectividad real. Sólo la supresión de la deducción fiscal para la compra de vivienda merece consideración porque será trascendente. Pero Zapatero buscaba más un efecto secundario y coyuntural, como es inducir a los potenciales compradores de viviendas a acelerar su decisión antes de quedarse sin deducción. Lo que dijo fue poca cosa pero lo que calló fue mucho. No hablo de la necesaria reforma laboral, ni mencionó el espinoso asunto de la energía, dos asignaturas pendientes cruciales. Rajoy tampoco se lo demandó.

Adelantarse en año y medio anunciando la supresión de la deducción fiscal a la compra de vivienda para rentas superiores a 24.000 euros busca únicamente un efecto coyuntural, nada desdeñable en cualquier caso. Pero Zapatero arriesga mucho en su primera incursión tangible en el cambio del modelo productivo español porque ni sabe a estas alturas en cuanto pretende recortar la contribución de la construcción al crecimiento ni qué va a sustituirlo. El primer apunte de reforma estructural es ilegible por improvisado e incompleto.

Es verdad que ha dejado en el aire la creación de una mesa entre partidos para definir ese modelo productivo pero el anuncio ya representa una limitación para esa mesa, mal principio.

El 1 de enero de 2011, aproximadamente la mitad de los compradores de viviendas se quedarán sin bonificación fiscal. Este asunto debía haberse abordado hace tiempo porque está claro desde hace mucho que la deducción provoca un encarecimiento en los precios y, como tal, una llamada a la especulación. Con ser así, no está nada claro que 2011 sea el mejor momento para iniciar la retirada. No puede considerarse como una medida aislada sino que debe incluirse en un marco más amplio que defina ese nuevo modelo productivo. Como de eso todavía no sabemos nada, Zapatero se ha apresurado demasiado y quizá buscando un efecto coyuntural ha condicionado el futuro sin saber exactamente cuál va a ser.

Tampoco parece tener en cuenta el presidente qué puede ocurrir en este país en la poscrisis teniendo en cuenta que no hay reformas estructurales inmediatas, es decir, que si salimos de ella será con los mismos mimbres de ahora y ya sabemos que esos mimbres no sirven. Tendremos mucha inflación, mucho déficit público y por lo tanto más inflación, un mercado laboral rígido, un grave problema de dependencia energética, pérdida de competitividad, etc. Será una crisis distinta y habrá que buscarle otro nombre pero las dificultades se van a prolongar bastante tiempo. No va a ser suficiente con que el mundo salga de esta crisis.

Por cierto, no todas las intervenciones fueron penosas. Merece la pena leer la de Durán i Lleida, suave en la forma pero tremendamente dura en el fondo. Zapatero la toreó como pudo, es decir, mal, pero eso da igual porque lo que llamaba la atención era la bronca entre el presidente y Rajoy. Una pena.

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