edición: 3101 , Jueves, 3 diciembre 2020
28/05/2010

Francia bautiza oficialmente el proyecto Transgreen y sus planes para el Plan Solar del Mediterráneo

Javier Aldecoa
Era un secreto a voces, desde que en marzo Nicolas Sarkozy respaldó a Electricité de France (EDF) y al regulador galo, TRE en las primeras tentativas de la Red de Transporte Eléctrico Mediterráneo (Transgreen). De las seis líneas de trabajo de la UPM que agrupa a los 27 países de la Unión Europea con sus 16 vecinos de la ribera sur del Mare Nostrum, el Plan Solar del Mediterráneo era el que más posibilidades tenía de encarnarse en acuerdos empresariales y programas de financiación. Bajo la óptica del Elíseo, ha comenzado ya a hacerlo con la puesta de largo formal, en el Foro Euromediterráneo de Marsella del 27 de mayo, del Transgreen. Nace como sociedad de derecho comercial, con una duración inicial de tres años y once empresas a bordo: EDF, RTE, Areva, Nexans, Prysmian, Véolia, Atos Origin, Caisse des Dépôts, TERNA y Siemens y Abengoa; éstas dos últimas con participación accionarial al mismo tiempo en Desertec, la iniciativa solar alemana para el Magreb.

Del vínculo oficial y los avales estatales de Transgreen da fe la evidencia de que, en su documento de constitución, reconoce que ve la luz a recomendación del Gobierno francés y avalada por los Ministros de Ecología, Energía, Desarrollo, Industria y Asuntos Europeos, con el objetivo de estudiar e impulsar una red de transporte en el seno del Plan Solar del Mediterráneo capaz de convertirse en columna vertebral del transporte energético entre la UE y el Norte de África y de despejar las incógnitas de transporte y comercialización entre los dos continentes de los 20 Gw de energía renovable que Bruselas, París y Madrid esperan importar del Magreb en 2020.

Los estudios de Transgreen -según sus propios pronósticos- servirán para elaborar un esquema director internacional y un marco para el intercambio de experiencias y la coordinación de los planes técnicos y financieros para la producción de energía solar al otro lado del Estrecho de Gibraltar, su transporte y también su comercialización, así como para consolidar Y esta vez, con Transgreen, Nicolas Sarkozy  le deja claro a la presidencia española de turno que ni siquiera necesitaría financiación comunitaria, no al menos en sus primeros compases: los participantes en el consorcio se encargarían de asumir el presupuesto inicial y, en caso de concretarse el plan, tendrían ventaja sobre sus competidores para hacerse con los contratos para la instalación de las líneas, cada uno de más de 1.000 millones de euros. Transgreen busca hacerle sitio además a las ‘debilidades’ del caso italiano, que deberá importar energía renovable de terceros países para el cumplimiento de objetivo nacional en 2020. Además, ya no están tan claras las fronteras de la rivalidad absoluta entre el PSM de cuna gala y el Desertec de origen alemán, en el que se han hecho sitio la italiana Enel, la española Abengoa, la francesa Saint-Gobain Solar, o la marroquí Nareva Holding, entre una quincena de aliados.

París y Berlín saben que sin la posibilidad de construir largos enlaces de alto voltaje en corriente continua entre Europa y África (la red eléctrica actual se basa en la corriente alterna) no se podría ni empezar a pensar en la viabilidad ni del Desertec ni del Plan Solar del Mediterráneo. Y, con cada ladrillo en los planes para sus interconexiones, tratan de superar las ventajas -que parecían irrenunciables hasta hace poco- de España, con la única interconexión eléctrica intercontinental, de 1.400 Mw. Francia gana tiempo y posiciones en el Plan Solar Mediterráneo con acuerdos bilaterales y con el impulso a Transgreen para potenciar bajo el mando de EDF redes desde Túnez, Libia, Marruecos y Egipto a Italia y Grecia.

El mapa aún está por definir. Pero el Gobierno de Nicolás Sarkozy se hace fuerte en el tiempo muerto, escoge aliados, calendarios y escenarios. Tiene los aliados justos para un consorcio que se pueda autoproclamar como paneuropeo (entre ellos Siemens, ABB o Areva especializados en redes, los fabricantes de cables Nexans o Prysmian, fabricantes de centrales solares, empresas proveedoras de sistemas de información como Cap Gemini o Atos Origin y gestores de redes eléctricas como RTE) y sobre todo, como adelantaba La Tribune, un capitán: nada menos que el presidente del Consejo Internacional de Grandes Redes Eléctricas, André Merlin, que además preside el consejo de vigilancia de la Red de Transporte de Electricidad de Francia (RTE), filial de EDF para la gestión de las líneas de alta tensión.

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