edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
27/11/2015

Francia enfrenta con incertidumbre la reducción de la generación eléctrica nuclear

En vísperas de la Conferencia sobre el Clima sigue el debate sobre la transformación renovable
Carlos Schwartz
Francia mantiene vivo el debate sobre el cambio en la mezcla de generación eléctrica que la ley de reforma del sector aprobó hace ya cuatro meses. En vísperas de la Conferencia de París sobre Cambio Climático el Gobierno hace frente a la complejidad de la transformación propuesta. La ley, fruto del pacto electoral con los ecologistas en las elecciones de 2012 establece una reducción de la generación eléctrica con plantas nucleares del actual 75% al 50% para el 2020, una reducción del 40% en el nivel de emisiones de gases de invernadero, y la reducción del consumo de energía de un quinto respecto de los niveles actuales. Una transformación radical para un país que genera un 75% de su electricidad en plantas nucleares lo que le ha permitido tener una de las energías eléctricas más baratas de Europa. La ley aprobada por iniciativa del Gobierno de François Hollande es la versión francesa de la revolución energética alemana, aunque el parón nuclear sea menos drástico que el decretado por Angela Merkel pero sin dudas es más profundo porque el volumen de generación nuclear en Francia no es equiparable.
El sector industrial teme el incremento del precio de la energía a resultas de los cambios previstos y no está claro quien ni como soportará los costes de la transición para una industria eléctrica que es propiedad del estado.

La experiencia alemana que financia los costes de la transición vía tarifas, es decir a costas del consumidor, ha supuesto un aumento de las emisiones por el incremento de la combustión de carbón como combustible más barato. Mientras, la industria nuclear francesa lucha por su supervivencia. La compañía Areva propiedad en un 80% del estado ha debido ser rescatada por el gobierno este año. A resultas de una caída de la demanda de equipos nucleares para la generación eléctrica que se considera un efecto colateral del accidente nuclear de Fukuyima en Japón Areva ha registrado pérdidas en años consecutivos. Para solventar la crisis de la empresa el gobierno separó los activos de ingeniería y proyectos de los de producción de combustible. La división desgajada fue vendida a Electricite de France (EDF) y Areva se quedó con la división de combustibles. Este año la empresa ha anunciado una mejora significativa de sus resultados sin el lastre de la división de ingeniería. La reducción de generación nuclear del 75% al 50% supone parar una veintena de plantas generadoras con el consiguiente coste. La Sociedad Francesa de Energía Nuclear, un lobby industrial del sector, calcula el coste total para el sector nuclear del orden de los 40.000 millones de euros. La otra cara de la moneda es la velocidad en el reemplazo de fuentes de energía.

El Gobierno ha tenido que postergar el cierre del viejo reactor nuclear de Fassenheim hasta 2018 porque no tiene aun los medios para producir la energía de sustitución. En realidad este es el problema global del programa de transformación. Construir una nueva infraestructura que sustituya el 25% de la generación nuclear. La previsión de los técnicos es que en lo inmediato la transformación va a implicar un incremento en la utilización de combustibles fósiles ya que se deberá incrementar la producción en las plantas convencionales existentes mientras se desarrollan las plantas de generación renovable en el país. La sustitución de plantas no es algo espontáneo sino que debe ser planificado y el desarrollo de las nuevas infraestructuras va a demandar importantes recursos financieros al mismo tiempo que va a dejar parados bienes de equipo sumamente costosos cuya vida útil no se ha extinguido con lo cual su periodo de amortización no se ha completado.

Esta situación ha llevado a algunos analistas del sector a la conclusión de que coyunturalmente, como ocurre en Alemania, pueden aumentar las emisiones de carbono. El año pasado un equipo parlamentario calculó el coste del cierre de Fassenheim en 5.000 millones de euros y el despido de unas 2.000 personas.

Por añadidura, Francia deberá verificar como de sostenible es el coste de la transición hacia una mayor participación de las renovables en la mezcla de generación eléctrica del país. España se ha convertido en un ejemplo de una política destinada a primar a las renovables que se ha convertido en insostenible, en parte por la crisis económica, y ha sido reformada por el Gobierno del Partido Popular. La crisis, que tiene pocos visos de superación, de la empresa sevillana Abengoa que anunció su pre concurso de acreedores, es decir un periodo de protección de los acreedores, es un ejemplo del efecto que tiene la modificación de una política energética que estableció en su momento un régimen de primas a las generadoras renovables. La modificación del régimen de subsidios se hizo para reducir el déficit de tarifa en España que pagan los consumidores. Alemania repercute sobre los consumidores los costes de la transición.

En cualquier caso si nos atenemos a las opiniones de los analistas Francia se enfrentará al mismo escenario y habrá que ver de que forma instrumenta una salida al cúmulo de factores que se desprenden del cambio de política energética. En la sociedad europea ha calado con fuerza la demanda cada vez más amplia de un régimen de generación basado en energías renovables. Cada país ha intentado responder a este reto a su manera pero todos enfrentan más o menos los mismos problemas de fondo. El principal, quién paga los costes de la transición.

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