edición: 2455 , Jueves, 26 abril 2018
16/11/2011
El margen de intervención institucional en Europa se agota

Francia trabaja contra reloj para convertir el BCE en la FED europea

La burbuja de la deuda soberana, más cerca de la explosión final
Juan José González

La crisis de la deuda, del euro, de Europa, de la Eurozona… El domingo pasado en la BBC un periodista le preguntaba a un ex ministro ¿cuál cree usted que será el próximo rescate? A lo que el ex ministro contestó medio en serio, medio en broma “me temo que ya no habrá más, que a partir de ahora serán sólo hogueras”. La conversación, como es obvio, se desarrollaba en clave de humor, pero cosas de la vida, nada más real, y es que todo indica que la de la deuda es la última burbuja que vivirá Europa, una hoguera que no se puede apagar con la liquidez del Banco Central Europeo ni con la liquidez (iliquidez) de los Estados. De nuevo, será la liquidez de los contribuyentes la que se utilice para apagar (pagar) el fuego.

Se esta agotando otra fase de la crisis, la que señala el final o agotamiento de las reservas bancarias, una vez que la mayoría de las entidades se han dejado en estos tres años y medio varios trozos de sus triples aes, coartada utilizada por la mayoría de ellas para proteger, aislar y salvar sus activos. Incluso en el caso español, el asunto es más grave, ya que ni siquiera se aviene a desprenderse de los activos inmobiliarios, más tóxicos que las amanitas phalloides. Y una vez agotados los ratings bancarios, igualmente útiles para endeudarse ad infinitud, la llamada de auxilio suena con fuerza en lo más alto de la torre del BCE en Bruselas. Las aes, ya se decía –Trichet insistió  cada vez que se lo preguntaron- están siendo utilizadas para bordear la normativa bancaria, concretamente, los criterios de Basilea II. La operativa es casi obligada porque es la forma más práctica y barata de endeudarse, puesto que los activos triple AAA no ponderan como riesgo según la norma bancaria.

Pero los activos triple AAA pueden tener pérdidas, situación que obliga a que los bancos centrales soliciten liquidez para evitar que contabilicen las pérdidas, situación que podría resultar catastrófica si es que llega a producir.

Y parece que se va a producir. Sin embargo, otro hecho de mayores proporciones puede apartar del primer plano de la actualidad la explosión de la burbuja bancaria: se trata de la burbuja de la deuda, burbuja soberana, por naturaleza, por origen y por dimensiones.

Los observadores se fijan en los últimos meses en la actitud de un país de la Eurozona que pretende pasar de puntillas por la crisis, inadvertido, como si su situación fuera la de un archipiélago dentro del continente europeo. Francia. El país galo, el otro extremo del Eje, se defiende bien, trabaja para conseguir que las agencias calificadoras no le toquen el rating del país. Lo esta consiguiendo con notable esfuerzo aunque esta a punto de perderlo. Con un rating inferior los precios del dinero son otros y las ratios de apalancamiento también. Los bancos ya navegan en esas aguas desde algún tiempo, aunque con menor intensidad, pues los mercados o puertos donde atracar están cerrados.

El ex ministro en su respuesta, como el periodista en su pregunta, aludía a la próxima explosión, a las pérdidas de vocales y consonantes en los riesgos soberanos. Una situación que, probablemente sería una hoguera, no una crisis ni una burbuja, una hoguera. La situación del mercado se vuelve complicada: las entidades bancarias llevan a cabo una barrida monumental del mercado para hacer acopio de liquidez, disparan con la artillería disponible: bonos, pagarés, convertibles, fondos, depósitos… munición variada y diversificada. Los Estados llegan una hora más tarde y se encuentran con un paisaje desértico.

Se mira entonces al Banco Central Europeo para que active las mangueras y disponga el vuelo de helicópteros para una eficaz distribución del efectivo y de la liquidez para los principales damnificados por la crisis: los Estados. Pero los Estados no pueden vender bonos ni obligaciones al BCE, porque, entre otras razones, los estatutos de constitución le prohíben la adquisición de papel a los Estados miembros.

Y el BCE no es la FED, no se sabe si para bien o para mal, pero no es la FED. Francia y Alemania planean juntos una nueva Europa, para lo cual deberán alcanzar un elevado grado de entendimiento y consenso institucional, entendimiento que hará posible la conservación de la moneda única, de los controles y obligaciones por constitución de los déficit y gastos del Estado y, por supuesto, de un nuevo estatuto que habilite al BCE para adquirir deuda soberana de los Estados miembros, como la FED, igual. Es la única forma de alejarse de la hoguera.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2018 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...