edición: 2885 , Viernes, 17 enero 2020
11/12/2019
Las barbas del vecino galo

Francia acelera las alarmas para una reforma urgente de las pensiones en España

La explosión social en el vecino país, a propósito de la reforma de las pensiones, es un mensaje para el futuro Gobierno español
Juan José González
Cuando un vecino pone las pensiones a remojar es quizá la llamada que estaban esperando sus vecinos para empezar a mover no las soluciones posibles a los problemas de las pensiones en España, sino a plantear la estrategia para presentar en sociedad y a través de los interlocutores sociales y políticos las propuestas de reforma de la financiación del sistema de pensiones. Un sistema tocado y malherido que trata de evitar su hundimiento. El déficit de las pensiones es hoy uno de esos grandes problemas que requiere grandes medidas, grandes soluciones o grandes reformas. Y probablemente también grandes sacrificios. Con independencia de que los problemas del sistema de pensiones de Francia, el vecino de las barbas, y de España son diferentes, sí habría que considerar que los problemas comunes, el común denominador es la financiación y la gestión del sistema de pensiones. Pero es en esta ocasión la reacción de la calle, la respuesta popular la que puede ilustrar las sensibilidades de los interesados en asunto tan capital. En este sentido, la respuesta, las manifestaciones y huelgas que pueden paralizar el país entero, son el mensaje, la señal de que se trata de un problema de naturaleza espacial como son las pensiones. Seguramente a estas horas alguien en el Gobierno, en el departamento encargado del ramo, la Seguridad Social, estará tomando nota de la reacción de los franceses.
Al parecer, las medidas para la reforma del sistema de pensiones, propuestas por el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, no gustaron a sus ciudadanos y estos, enfadados y contrariados, decidieron proceder a bloquear el transporte y aéreo del país, lo que en la práctica equivale a inmovilizar Francia. Aquel es un país vecino con un sistema leonino de pensiones, de difícil manejo y de imposible eficacia. Nada menos que 42 regímenes diferentes de jubilación. 

Si bien la reforma parece justa, equilibrada y razonable, por cuanto, y en líneas generales, propone un sistema de puntos por el que por cada euro cotizado se creen idénticos derechos para todos los contribuyentes llegado el momento de la jubilación, no entienden lo mismo los colectivos afectados por la reforma que, en este caso, son, entre otros, los trabajadores de la Renfe francesa, la SNCF al igual que los de la red del área de Paris.

Con todas las cautelas debidas y salvando las distancias entre uno y otro vecino, la evolución de las cifras de las pensiones en uno y otro caso evidencian problemas de financiación y otros problemas como son la gestión de las pensiones y la diferente pirámide de población, que a la postre, acaba condicionando las posibles medidas a aplicar por los gobernantes. Para empezar, el Gobierno galo dispone de un margen de actuación temporal que no tiene el español. Prueba de esto es que, por aplicar un término que entienden muy bien los economistas y todo el mundo, el caballo del déficit de la Seguridad Social lleva un trote que dificulta cada mes más su seguimiento.

Al respecto hay una cifra que debería estar preocupando a los gobernantes en funciones (y a los aspirantes a la misma función de Gobierno) como es que el montante de la mensualidad de las pensiones españolas está tan cerca de los 10.000 millones de euros de gastos (de los que cerca de 7.000 millones son pagos a los actuales jubilados) como lo estuvo la cifra devengada en noviembre pasado de 9.734 millones de euros y que estaría acreditando que el trote de la deuda anual de las pensiones lo hace a un ritmo cercano al 5%.

Dejando al margen qué sucedió con aquellos casi 69.000 millones de hace nueve años que figuraban en la caja de reserva, habrá que tener en cuenta también que los créditos que ha ido necesitando la Seguridad Social en estos últimos meses para atender el pago religioso de sus gastos asciende ya a 52.700 millones de euros. Todo lo cual dibuja un paisaje de la Seguridad Social que la convierte en una inseguridad social que es, ni más ni menos, a la que tendrá que hacer frente el próximo Gobierno. Comenzando por detener la sangría, siguiendo por crear la actividad necesaria para crear empleo suficiente y en cantidad para alimentar los ingresos de la Seguridad Social. A buen seguro que el futuro Ejecutivo ya estará trabajando en medidas y reformas urgentes encaminadas para resolver el problema urgente. Aunque no se sabe si antes de proponer las reformas debería llamar a mantener la calma y evitar lo que el vecino no logró: explicar las propuestas de reformas antes que estalle el conflicto social en la calle. De ahí la importancia de poner las barbas a remojo.

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