edición: 2828 , Viernes, 18 octubre 2019
29/11/2018

Francia se encamina a un aumento de la participación estatal en EDF y a su reestructuración futura

El plan energético anunciado por el Gobierno Macron tiene que superar el escollo de las nucleares
Carlos Schwartz
El primer ministro de Francia, Édouard Philippe, afirmó que el estado aumentaría su participación en el virtual monopolio eléctrico EDF por encima de su actual 83,7%. Esta posibilidad, incluido tomar el 100% del capital, se deriva del gigantesco escollo que enfrenta el país para acometer su nuevo plan energético anunciado esta semana.
El escollo es la infraestructura nuclear que supone el 71% de la generación de energía eléctrica en el país. La propuesta, aunque ha movido la meta en una década respecto de los planes del anterior gobierno, supone una gigantesca movilización de capital y EDF se ha visto tocada, sino hundida, tras el rescate de la empresa de tecnología nuclear del estado Areva. Esta última ha desarrollado el modelo de Reactor Europeo Presurizado (REP) que lleva ocho años de retraso en su construcción en la central nuclear de Flammanville en Normandía y muchos miles de millones de euros en gastos no presupuestados. Una verdadero revés financiero para EDF y el motivo de una severa crisis en Areva. 

Plantas similares se construyen en Finlandia, también con gran retraso y sobrecostes inasumibles, y se han proyectado para Hinkley Point en Reino Unido. En 2015 el Gobierno de François Hollande elaboró un plan para reducir al 50% la generación nuclear en el país para 2025. El presidente Macron, que elaboró como ministro de Economía del gobierno precedente el plan de salvación de Areva, ha calificado ese objetivo de inasumible y ha extendido el plazo para la modificación de las fuentes de generación hasta 2035. 

La infraestructura nuclear francesa se desarrolló en un lapso de entre 15 y 20 años entre las décadas de 1980 y 1990 en una operación de inmenso calado. Pero el diseño de esta implantación acelerada, que supuso inicialmente que en torno al 85% de la generación del país fuera nuclear, tiene un problema logístico: la obsolescencia programada de las centrales nucleares, que en Francia es de 40 años, se concentra en un horizonte temporal muy ajustado.

El plan energético aprobado ahora por París, apalancado con subsidios del orden de los 30.000 millones de euros, se propone triplicar la generación eólica y multiplicar por cinco la generación solar. Como es fácil de comprender, un proyecto de esta naturaleza, apoyado en un aluvión de subsidios, requiere una gran movilización de capital lo que determinará de forma casi inevitable que el estado tome en sus manos todo el capital social de la empresa. Entre otras cosas porque llevar adelante los objetivos previstos deberían implicar una escisión de los activos de EDF en dos grandes unidades: renovables y nucleares. Ambas, y cada cual por razones específicas que hacen a su esencia industrial, requieren fuertes sumas de capital. 

El Gobierno ha dicho que no habrá necesidad de nuevas nucleares hasta 2035, lo cual demuestra una confianza excesiva en la capacidad de desarrollar los objetivos renovables que se ha propuesto dentro de los plazos anunciados. Aunque esto parece más fácil que tener éxito en un reactor europeo presurizado tras las experiencias de Francia y  Finlandia. Es por ello que el Gobierno ha decidido dar tiempo a EDF para encontrar una solución más eficiente y más barata que la que ha desarrollado. Habrá que ver si lo logra de un lado, y del otro si contemplará los niveles de seguridad que se exigen a escala internacional tras el accidente nuclear de Fukuyima en 2011. 

Dentro del plan energético se prevé desmantelar 14 reactores hasta 2035 atendiendo a su antigüedad. En realidad, Francia debería acelerar el desmantelamiento de las centrales nucleares para evitar que la sustitución se convierta en un verdadero cuello de botella, aun si se extendiera la vida útil de 40 a 60 años porque la obsolescencia seguiría convergiendo en un breve lapso de tiempo de acuerdo con la opinión de expertos del sector eléctrico.

Uno de los elementos que va a gravitar sobre el desmantelamiento de las centrales nucleares es la eliminación de las centrales térmicas de carbón. El ejemplo de la 'Energiewende' de Alemania es aleccionador. La rápida paralización de las centrales nucleares desembocó en un aumento de las emisiones de CO2 por la sustitución de generación mediante centrales que quemaban lignito. 

Una de las incógnitas del nuevo plan energético es cómo va a incidir en la posición de Francia como principal exportador de energía eléctrica de la Unión Europea (UE) y si el plan considera esta realidad actual de su sistema eléctrico. Por el contrario, el desarrollo del plan puede plantear la conjetura de que Francia deberá importar energía a lo largo de su desarrollo. No sólo para sustituir la generación de energía eliminada del sistema, sino además para regular los precios en el supuesto que los países interconectados con Francia tengan una oferta suficiente de energía renovable más barata. 

Desde luego, y a menos que ocurra un milagro pirenaico, esa oferta no provendrá de España con una interconexión raquítica  de 2.800 MW con planes para ampliarla hasta los 5.000 MW hasta 2020. Si los planes se cumplen. Es decir que Francia tendrá problemas para regular el precio de la electricidad como ha ocurrido a todos los países de la UE que han acometido la sustitución de su infraestructura tradicional de generación en función de incrementar la cuota de renovable. Este no es un problema banal para el vecino. Francia tiene una concepto instrumental de la energía eléctrica que está subordinada a las necesidades de la infraestructura industrial del país. 
No es precisamente el caso de España. Motivo por el cual ha cuidado celosamente el precio del KW para el consumidor particular e industrial. 

Acosado por la rebelión ciudadana por el incremento del precio del gasóleo el gobierno de Macron ha tenido buen cuidado de dejar establecido en el texto de su plan que se introducirá un nuevo régimen regulador para los combustibles a partir de 2025 más favorable para asegurar precios bajos para los consumidores mientras se mantienen costes de generación bajos para EDF. Como Macron acaba su presidencia en 2022, habrá que ver qué ocurre con estos compromisos en caso que no obtenga un nuevo mandato de cinco años. El plan desde luego puede ser criticable, e incluso se puede cuestionar que alcance los objetivos que se propone. Lo que no se puede discutir es que se trata de un plan energético integral.

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