edición: 2943 , Miércoles, 8 abril 2020
24/11/2011

Frenar a los islamistas, principal objetivo de las elecciones en Marruecos conforme a la nueva constitución

Pedro González
Con diez meses de adelanto sobre la fecha prevista, 22 millones de marroquíes en edad de votar están llamados a las urnas este viernes. Es poco probable que acuda más del 37% de ese censo, índice de la participación registrada en 2007, y que ya se consideraba bastante bajo. Superarlo es empero fundamental para dar credibilidad a las reformas constitucionales impulsadas por Mohamed VI, adelantándose a la ola de cambios exigidas por la oleada de revueltas árabes. Además, el gran objetivo de los comicios es frenar el imparable auge de los islamistas presuntamente moderados del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), al que buena parte de los analistas independientes conceden una mayoría aplastante.

Para evitarlo, se ha conformado a toda prisa una coalición absolutamente heterogénea, e incluso contra natura, de ocho partidos, denominados ya en la jerga político-informativa como el G-8. La principal de esas ocho formaciones es el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), de Fuad Alí El Himma, amigo y confidente del rey, que creó precisamente este partido para ganar las elecciones municipales de 2009. El Himma ha preferido no concurrir personalmente en esta ocasión ante la avalancha de críticas suscitadas por la oposición del Movimiento 20-F, que lo acusaba de ser un testaferro del monarca. En todo caso, hay pocas dudas de que el G-8 ha sido inspirado desde las altas esferas del poder, para evitar precisamente el presumible avance arrollador del PJD.

En cuanto al citado Movimiento 20-F (que toma su nombre de la primera oleada de manifestaciones desatada en varias ciudades el 20 de febrero de 2011), también es un conglomerado bastante heterogéneo, donde se incluyen desde los islamistas más radicales de Justicia y Caridad, hasta los comunistas. Califican de farsa todo el proceso de reforma constitucional por lo que llaman a la abstención, por lo que reclamarán el triunfo de sus tesis si el índice de participación no supera ampliamente el 37% de los últimos comicios generales.  

Al redactar sus reformas constitucionales, Mohamed VI tuvo no obstante la precaución de inspirar una ley electoral que impida mayorías absolutas para gobernar en solitario. Esa necesidad de acudir a alianzas, acuerdos y consensos se justifica desde el poder como una muestra de la buena salud democrática del sistema. Pero, si ganara el PJD, el rey estaría obligado a elegir a su primer ministro en esa formación política. Es muy probable que así suceda, imponiéndose una cohabitación inédita, en la que el monarca conservaría de todas maneras el control directo de carteras tan importantes como Interior, Defensa y Justicia, piedras angulares de la política de cualquier gobierno.

El PJD ya impuso sus límites en la reforma constitucional. El más importante de ellos, no traspasar la línea que divide el carácter político-religioso del régimen, de un laicismo de corte netamente occidental. “El laicismo es incompatible con la encomienda de los creyentes”, declaraba hace unos días el secretario general adjunto del PJD, Lahcen Daudi, en alusión a la cualidad de comendador de los creyentes, el líder religioso de los marroquíes, del propio rey Mohamed VI. Los islamistas ya impusieron en la reforma constitucional su condición de que no se tocara el estatuto de la mujer, que no se le dieran más derechos, como por ejemplo la igualdad ante la herencia, so pretexto de que procedían de la sharía.

Los comicios constituyen por lo tanto un test sobre el grado de aceptación de la vía reformista emprendida por Mohamed VI. Se celebran apenas un mes después de los de Túnez, y que han supuesto el triunfo arrollador de los islamistas de Ennahda (Renacimiento). Las primeras declaraciones poselectorales de los líderes de Ennahda no fueron precisamente muy tranquilizadoras respecto de su carácter moderado, aunque esa impresión deberá confirmarse o desmentirse a lo largo de una legislatura que tiene carácter constituyente. Marruecos ha emprendido una vía distinta, que en caso de resultar exitosa puede inspirar otros procesos en otros confines del mundo islámico, como por ejemplo en las monarquías del Golfo. Una baja participación y/o una victoria contundente de los islamistas sin contrapesos pondría en cuestión el experimento.

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