edición: 3055 , Lunes, 28 septiembre 2020
15/02/2013
En la vuelta a la escena de Mafo

FROB y CNMV, o cómo mantener la tortura de los accionistas de Bankia

Economía no controla la crisis del banco, que puede provocar el descalabro de la reestructuración
Juan José González

La letal advertencia del FROB sobre Bankia, torpe respuesta a un rumor, acerca de "una importante reducción del nominal de las acciones" y "una significativa dilución de los actuales accionistas" (“pérdidas significativas” dijo en un primer momento) ha sido como echar pólvora al fuego, rectificación inocente de una institución que debería observar mayor inteligencia en sus movimientos. Y de ahí el resultado: caída del valor a mínimos y una entrada en acción lenta y pesada, sello y costumbre de la CNMV para suspender la cotización de Bankia. Es lo que tiene andar jugando con la información mediante el uso de eufemismos, utilizando circunloquios en evitación de males mayores que acaban por provocar todo lo contrario. La pérdida de valor, completa, total o próxima a cero de las acciones del banco, no admite circunloquios, como si “dilución significativa” fuese capaz de paliar las pérdidas en las acciones del banco, ya irreparables, irrecuperables. Seguramente no fue el destino el que hizo coincidir la torpeza del FROB con el regreso de MAFO a escena.

No se puede vivir en la ambigüedad informativa durante meses y más meses, a expensas de la coyuntura ni de las decisiones políticas de un FROB y una CNMV vacilantes, confusos e inseguros, temerosos ante cualquier invitación, venga del ministerio de Economía, de la Justicia o de la calle, esa respuesta social que tanto inquieta, afea y afecta, a un asunto que se ha llevado por delante el ahorro de miles de pequeños inversores, ahorradores y clientes de Bankia. Como si a estas alturas de la crisis de Bankia, no tuvieran claro esos pequeños inversores, ahorradores en general, que aquel depósito en la confianza puesto en las acciones de la entidad, ha sido un fracaso. De ahí que el movimiento de FROB y de CNMV, no sirva más que para mantener la agonía de un suplicio, la prolongación de la tortura como método de `atención al cliente´. Todo bajo el amparo de una próxima conversión de las acciones, así como las vistas a las que deberán asistir los responsables del Supervisor que en su día fueron corresponsables de la salida al mercado bursátil del banco.

Lo cierto es que sólo ha bastado la aparición del exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, en su regreso a los escenarios, en este caso a la Audiencia Nacional, para que el `affaire Bankia´ recupere todo el peso informativo. Ordóñez consintió que la operación de Bankia viera la luz y el parqué aquel 20 de julio de 2011, con un imparable Rodrigo Rato inasequible a cualquier barrera jurídica, financiera o política, para que los accionistas `supervivientes´ del descalabro hayan desayunado con una noticia peor, si cabe, que la anterior: que sus acciones llegarán a valer 0,01 euros. Por tanto, es razonable su pase por el citado tribunal como responsable directo, si bien, en esta ocasión acude como testigo, y por tanto, la única forma de defensa no será otra más que contar la verdad sobre los hechos.

El calvario de los accionistas de Bankia no ha terminado, a pesar de que el valor de su inversión tienda más a cero que nunca en los próximos días. En ese punto muerto se encontrarán miles de pequeños ahorradores convencidos de que las acciones de un banco antes caja contaban con tantas bendiciones como garantías. Fe ciega en la propuesta que un exministro, exvicepresidente del Gobierno, exdirector general del FMI y ahora presidente de la entidad como Rodrigo Rato, no podría ser superado por ningún aval. Pero Rato falló, a pesar de contar con casi todas las bendiciones y con casi todas las garantías.

Contra viento y marea se presentó en la calle, y en la Bolsa de Madrid, un Rodrigo Rato dispuesto a vencer a la adversidad, consciente de que las siete cajas que llevaba dentro de su caja no llegaría a puerto. Pudo con el viento pero se lo llevó la marea y, aunque comenzó a cotizar aquel 20 de julio de 2011, al grito y lema “Todo un futuro juntos”, pocos podían imaginar el resto de la película. Pocos porque unos cuantos se temían lo peor. Y lo peor no tardó en llegar; la intervención del Estado, la nacionalización de Bankia.

Seguramente la experiencia de la Bankia de Rato (no la de Goirigolzarri) servirá para numerosas moralejas, lecciones, consejos y enseñanzas. Para instituciones, banqueros y políticos, pero sobre todo debería servir para quien llevado de un ánimo legítimo, ha conseguido que los pequeños ahorradores vean ahora quebrada su confianza en la banca y en los banqueros, en el sistema o en el Estado. Por todo ello, FROB, CNMV y Gobierno deberán plantearse cómo devolver la confianza a unos desalentados y defraudados ahorradores, ahora escaldados con el fiasco de Bankia; mala experiencia y hoy pesadilla, no se sabe si con la lección aprendida.

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