edición: 2515 , Lunes, 23 julio 2018
17/11/2015
banca 
Desacuerdo institucional

El BCE insiste en acelerar las fusiones bancarias en 2016

El Banco de España, de acuerdo en el fondo pero no en la velocidad, al entender que necesitan un margen de recuperación
Juan José González
La mayoría de los bancos españoles tienen por delante una difícil coyuntura para mejorar márgenes y resultados en los próximos años. Una muestra de ello se podrá comprobar en breve, al cierre del presente ejercicio, cuando se conozcan las cuentas. El escenario viene siendo objeto de análisis en el Banco Central Europeo, tan insistente como convencido de que la rentabilidad llegará en la medida en que las entidades bancarias, españolas (como también las del resto de Europa) tengan mayor tamaño, más capital. El sector financiero español acaba de cerrar una primera etapa de reestructuración, un ajuste de tamaño al tiempo que una mayor concentración del negocio. Esta parece ser insuficiente, a juicio del BCE, el nuevo supervisor, que señala la necesidad de otra vuelta de tuerca en la concentración (más fusiones) esta vez aprovechando que hay siete entidades -excajas- pequeñas cuya rentabilidad en solitario se antoja poco menos que imposible a medio y largo plazo. El supervisor español está de acuerdo, pero con algunos matices que añadir.
El supervisor no cesa en su empeño de enviar mensajes, en público y en privado, a los supervisores locales. La nueva fase de la concentración bancaria en España debe comenzar cuanto antes, incluso, antes de finalizar el año, ya debería conocerse algún acuerdo de intenciones para el próximo ejercicio. Para el supervisor local, el Banco de España, el proceso debe reiniciarse, pero no con la velocidad que pretende el supervisor europeo. A juicio del español, el calendario electoral primero y el cierre del ejercicio después deben servir para poner en orden algunas incertidumbres. En primer lugar porque no hay que olvidar el carácter local (autonómico) de la mayoría de las siete entidades financieras (excajas) que serían el núcleo central de esta nueva fase. Y en segundo lugar, porque las cuentas, los resultados del ejercicio 2015 revelarán con mayor precisión la marcha de la salud de las entidades, algo que se sabe decisivo para afrontar cualquier negociación.

El BCE sigue insistiendo en su mensaje sobre la necesidad de aprovechar el modelo (fusiones) de las economías de escala para conseguir una rentabilidad que difícilmente lograrán las entidades en solitario, en clara referencia a los siete bancos medianos. En este sentido, el supervisor parece plantear dos escenarios diferentes: en uno, deben acometer una concentración interna, en el mercado español para, en otro escenario, plantear la posibilidad de otras operaciones corporativas en el exterior, con entidades del resto de Europa.

Pero quizá sea en este punto, donde los supervisores no parecen estar alineados. El BCE, seguramente desconozca las peculiaridades y singularidades de las entidades locales, de los bancos procedentes de las cajas de ahorros, cuyos accionistas continúan en las fundaciones bancarias. Son los dueños de las entidades, con representantes políticos locales que difícilmente aceptarán la pérdida de influencia y poder en las entidades. De ahí la dificultad inicial de acelerar algo tan complejo en el arranque.

El Banco de España se muestra de acuerdo en el fondo de la tesis del supervisor central: que la prolongación en el tiempo de los tipos interés bajos acentuará aún más la caída de la rentabilidad. Pero matiza el supervisor europeo que la velocidad que desea imprimir a la nueva etapa de fusiones debe ser más lenta. Las autoridades bancarias españoles admiten los males que aquejan al sector financiero, especialmente al grupo de las siete entidades (Abanca, BMN, Cajamar, Ibercaja, Kutxabank, Liberbank y Unicaja). Pero no creen que sea el momento más adecuado para que comiencen a desarrollar la primera fase de ese proceso en el que tanto insiste el supervisor europeo: la salida a Bolsa, el paso previo (quiere dar a entender el BCE) para cualquier operación corporativa.

Una razón de peso, en opinión del Banco de España, y de las propias entidades, es que ese primer movimiento en un mercado bajo (y al parecer, a la baja) no haría, si no, añadir mayor dificultad a las entidades, puesto que la valoración de las acciones a colocar en el mercado estaría en línea con el mercado mismo, la Bolsa. Aunque por otro lado, una baja valoración en este mercado sería un buen atractivo para posibles inversores transfronterizos que siguen muy de cerca la evolución de algunas de estas entidades bancarias.

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