edición: 2847 , Viernes, 15 noviembre 2019
16/10/2019
banca 
El BCE sigue sin ofrecer incentivos

Fusiones bancarias, todos de acuerdo en el callejón sin salida de la autoridad reguladora

Presionan los mercados y presiona el regulador para acelerar el ritmo de las operaciones que, sin embargo, esperan algún gesto o estímulo del regulador
Juan José González
Coinciden los principales responsables de las cuentas de resultados bancarias en que los banqueros centrales no les dejan otra salida más que las operaciones corporativas. En una reciente reunión del sector financiero, los consejeros delegados de las primeras entidades del país observan los acontecimientos, políticos, económicos y de mercado, como el escenario previo de próximos movimientos empresariales en el sector, fusiones o integraciones bancarias, como dice Jaime Guardiola, CEO del Sabadell "por activa como por pasiva", pero habrá fusiones, un asunto presente en estos momentos en las estrategias de cualquier entidad bancaria. Y coinciden  también los CEOs bancarios en que la situación aceleradamente cambiante y mutante que se observa en la vida de la industria bancaria, se prolonga demasiado en el tiempo. Anuncios de EREs que se negocian a la baja o al alta, mayor movilidad geográfica, cierres de oficinas o en ocasiones traslados y reunificación de sucursales... excesiva actividad insólita, hasta el punto de haberse convertido EREs y cierres en ocupaciones crónicas, lo que denota tensión, presión y cambio en estructuras organizativas. Cuando se modifican con tanta frecuencia, intensidad y profundidad las redes y sus plantillas significa que hay un cambio de estrategia, algo muy racional pero que responde a una exigencia, a un problema que no es otro que la sobredimensión del sector bancario.
Reflexionan estos días los primeros espadas de la ejecución bancaria -los CEOs- acerca de los problemas del sector, acosados por la estrategia monetaria del banquero central europeo, exigidos por la presión que éste viene aplicando en los últimos tiempos, forzados por las carencias que muestran los resultados bancarios y obligados por los cambios del entorno, los (no tan) nuevos competidores tecnológicos. Demasiados problemas y frentes de batalla abiertos que apremian la búsqueda de soluciones.

Señala alguno de estos consejeros que en su trabajo se combinan las necesidades de la cuenta de resultados, con la presión de reducir los costes y el apremio de las autoridades que incitan constantemente a la búsqueda de soluciones corporativas. Dicen, asegura uno de ellos, que debe ser compatible el objetivo de reducir costes y analizar la posibilidad de una fusión con un competidor. Que al mismo tiempo que se reduce el tamaño de la red y se hacen EREs, también se pueden ir haciendo las cuentas de una posible fusión.

De la misma forma que se imponen las rebajas de costes en el sector, las autoridades regulatorias sugieren que también se impone adaptar el tamaño del sector a la demanda del mercado, que en otras palabras significa aceptar la sobredimensión actual de la oferta financiera, con exceso de marcas comerciales y de grandes bancos. Claro que, a la hora de hablar de fusiones los bancos se plantean la dimensión geográfica sobre la que se proyectarán los objetivos que mueven a llevar a cabo una operación corporativa, esto es, fusión nacional, en casa, o fusión trasnacional, fuera de casa. Algunas entidades no consiguen despejar esta primera variable.

La posición de los banqueros centrales, como es el caso del europeo BCE, parecen haber descubierto que en la medida en la que se mantenga la rigidez de la política monetaria, de tipos bajos y negativos, la prolongación de la misma presionará al sector bancario a pisar el acelerador corporativo y probar el juego de las fusiones como paliativo a las duras condiciones monetarias presentes y futuras. Los bancos han contraatacado al entender que la postura del BCE era agresiva y beligerante, ante lo que los bancos reaccionaron con críticas a la gestión y a la eficacia del regulador.

Un regulador que por el momento tan solo se limita a señalar la sobredimensión del sector pero que sigue sin aportar lo que podría ser algún estímulo para propiciar los movimientos corporativos que demanda. El regulador se encuentra ahora ante un escenario de una crisis bancaria, otra nueva, quizá no tan exigente y dura que las anteriores pero crisis al fin. Al ritmo que vienen marcando las crisis bancarias, el sector entrará en breve en la tercera en poco más de una década, algo anormal para el sector y para el público o clientela a la vez que muy difícil de explicar por las autoridades bancarias europeas. Sobre todo cuando todos coinciden en señalar los mismos problemas.

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