edición: 2701 , Lunes, 22 abril 2019
11/11/2010

Futuro negro para quienes aspiraban a un Sahara independiente

Pedro González
El estruendoso silencio de la denominada comunidad internacional ante la destrucción del campamento de Gdeim Izik, la represión de las protestas en El Aaiún, y la caza y captura de los líderes saharauis de la protesta por parte de las fuerzas marroquíes, demuestra de manera ostensible el valor geoestratégico tanto de Marruecos como de un posible Sahara independiente. La desproporción entre uno y otro es aplastante porque lo que está en juego en última instancia, es que el antiguo territorio bajo soberanía española hasta 1975 sea por siempre marroquí, y por tanto un aliado decisivo de Occidente, o bien caiga en manos de los terroristas de Al Qaeda. Esa es la lancinante realidad, cuyas víctimas son los saharauis, que una vez se vieron reconocidos con un DNI español, pero cuyas aspiraciones de vivir y gobernar su propia tierra chocan frontalmente con los intereses de Marruecos, que en estos momentos son coincidentes esencialmente con los de Estados Unidos, Francia, España y la Unión Europea.

Pillado en sus propias contradicciones morales de su izquierdismo de salón, el Gobierno de Rodríguez Zapatero ni siquiera se ha arriesgado a enarbolar un apoyo moral a los reprimidos saharauis, y apenas se ha escuchado una tenue petición de la ministra Trinidad Jiménez solicitando a Rabat que deje entrar a los informadores. Ni siquiera ha criticado, como ha hecho su colega francés, el rechazo a la admisión en su territorio de diputados nacionales o europarlamentarios, la demostración más palpable de que Mohamed VI no quiere testigos.

Marruecos es considerado una pieza fundamental en la nada soterrada lucha contra el fundamentalismo islámico, el mismo que preconiza no un diálogo o una alianza de civilizaciones, sino la pura y dura confrontación con quienes considera responsables de su atraso y sojuzgamiento. Para Estados Unidos, el Reino alauita es la clave de bóveda de todo el norte de África, apreciación que no es de ahora mismo sino que data desde que comenzaran los procesos de descolonización en los años cincuenta. Tan es así que la famosa Marcha Verde, desencadenada por Hassan II para invadir el Sahara en 1975 mientras los allegados de Franco peleaban por alargar al máximo su agonía, fue posible entre otras cosas porque gozaba del pleno respaldo de Estados Unidos.

Ciertamente, aunque las grandes líneas estén meridianamente claras, el paripé podría haberse ejecutado mejor. Ahí está desde 1991 la Minurso, la Misión de la ONU para el Referéndum en el Sahara Occidental. Se le encomendó la tarea de monitorizar el cumplimiento del alto el fuego y elaborar un censo de votantes que permitiera celebrar la consulta popular sobre el futuro de la región. Pero, desde su implantación quedó claro que el referéndum no se celebraría jamás. La oferta máxima de Marruecos era una autonomía más o menos amplia, pero siempre bajo su soberanía.

Los hechos son tozudos, y el principal es que el tiempo ha jugado a favor de Marruecos, que ha invertido del orden de 4.000 millones de euros anuales en asegurar su presencia y en implantar una colonización imparable. La pequeña aldea que era El Aaiún cuando el gobernador español salió en febrero de 1976 tras entregar el territorio a los administradores marroquíes y mauritanos (éstos renunciarían poco tiempo después a favor de Rabat), se ha convertido en una ciudad de casi 200.000 habitantes, de ellos solo 40.000 saharauis. Estos últimos viven en su mayor parte de un magro subsidio mientras contemplan cómo los colonos marroquíes se hacen tanto con los empleos públicos como con los negocios en los que de una forma u otra interviene la administración. Esa toma de conciencia de su situación como ciudadanos de segunda clase es la que alentó el levantamiento del campamento de Gdeim Izik y las protestas y enfrentamientos posteriores.

Por otra parte, el protagonismo que ha vuelto a tomar el Frente Polisario se debe a dos circunstancias: la primera es su propio riesgo de perder el control sobre los refugiados. Asentados en Tinduf, en territorio argelino junto a la frontera con Marruecos, los adolescentes y jóvenes saharauis han comenzado a rebelarse contra sus mayores, a los que acusan de no haber obtenido resultado positivo alguno al cabo de 35 años de la salida de España de aquel territorio. Son los que no se resignan a seguir languideciendo de miseria y aburrimiento en sus campamentos y propugnan retomar las armas contra Marruecos. La segunda circunstancia es la actitud de Argelia, su principal protector, que no quiere aparecer como un antagonista abierto de Marruecos y prefiere utilizar al Polisario como verdadera punta de lanza. La desconfianza entre Argel y Rabat sigue en los mismos niveles que motivaron el cierre de sus fronteras comunes, pero ambas capitales tienen como enemigo común a Al Qaeda, que no ceja en hostigarles con atentados de diversa índole.

Estas son las causas del atronador silencio que se guarda del lado europeo del Estrecho de Gibraltar, también de la ONU, de la que se espera al menos el gesto de ampliar las tareas de la Minurso a garantizar también un mínimo de respeto a los derechos humanos. No hace falta llegar a la desestabilización de la monarquía alauita para constatar la catástrofe que ello significaría para la UE, con España a la cabeza de las consecuencias. Si Mohamed VI no lograra contener a los sectores marroquíes más radicales, la inmigración, el tráfico de drogas, las ingentes inversiones españolas en territorio alauita, Ceuta, Melilla y hasta las Islas Canarias constituirían otros tantos frentes para hacer tambalear no ya al gobierno de Zapatero sino al propio Estado español.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2019 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...