edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
16/12/2010

Gana Berlusconi; pierde Italia

Pedro González
La crispación se respira en todos los rincones de Italia con puntos de ignición en los numerosos disturbios registrados en Roma, Milán, Nápoles, Turín, Trieste, Bari, Génova y Palermo. Hasta Venecia, que sufre estos días el periódico espectáculo de su ‘acqua alta’, que inunda sus plazas más emblemáticas, registró marchas multitudinarias de protesta en el puente de Rialto. Una profunda sensación de amargura y abatimiento se ha apoderado de gran parte de la población, especialmente entre los jóvenes, tras el vergonzoso espectáculo ofrecido por el debate y votación de la moción de censura contra Silvio Berlusconi, presentada por su ex socio Gianfranco Fini. En el violento ajuste de cuentas la Cámara de Diputados italiana pudo escuchar lo que es un sentimiento general: que el poderoso magnate y primer ministro del país está en el poder para hacer negocios, para legislar exclusivamente a su favor saltándose las reglas que haga falta y tejiendo una tupida red de impunidad.

Así se lo espetó el líder de Italia de los Valores (IdV), el ex magistrado Antonio Di Pietro, secundado por buena parte de los diputados de Futuro y Libertad (FLI), de los de la izquierda del Partido Democrático e incluso de los democristianos de la UDC. No fue suficiente puesto que Berlusconi recuperó los votos de seis diputados que habían desertado de sus filas, además del de varios traidores a Fini y a Di Pietro y el de dos tránsfugas de la izquierda. Todos ellos sospechosos de haber sido comprados con los métodos habituales de Il Cavaliere, desde la cancelación de una hipoteca a la amenaza de hacer quebrar las empresas de una diputada pasando por el viejo sistema mafioso del maletín repleto de dinero.

Esa sensación de mercadeo indecente y de impunidad es la que se ha instalado en la sede nominal de la soberanía popular, y la que irrita a una sociedad tan azotada por la crisis económica que intuye será el próximo e inminente objetivo de los mercados. Con una deuda del 116% de su PIB, una Italia desestabilizada y zarandeada se antoja una nueva presa para los profesionales de la especulación.

La pírrica victoria de Berlusconi por tres votos culmina dos años horribilis para Il Cavaliere: su mujer le pidió el divorcio y una pensión estratosférica; la prostitución y las drogas aderezaron su biografía; se reanudó un proceso contra él por presunto fraude fiscal; su popularidad cayó con estrépito y un mafioso arrepentido le vinculó a la Cosa Nostra siciliana. Pero, todas esas peripecias personales golpean a toda Italia, cuya población reclama a gritos la convocatoria de nuevas elecciones generales aunque crea cada vez menos en que esa salida urgente suponga una solución real, toda vez que el sistema actual desemboca en la práctica de unos diputados que ponen su fidelidad a los partidos muy por encima de los intereses ciudadanos.

La derrota de Gianfranco Fini, además de evidenciar la fractura de la Cámara, aplaza los intentos de regeneración prometidos por el líder del FLI, compromiso al que a pesar del escepticismo reinante se intentan agarrar las capas de la población que confiesan poca o nula confianza en que esta clase política les saque de la crisis.

Berlusconi, tras despachar con el presidente de la República, Giorgio Napolitano, ha declarado que no dará satisfacción a quienes le piden el adelanto de los comicios. Para ello cuenta no solo con sus aliados xenófobos de la Lega Norte de Umberto Bossi sino también con los democristianos de Pierferdinando Casini, que a pesar de haber votado a favor de la moción de censura contra Berlusconi podría variar de tendencia si el Vaticano así se lo indicara. No será en todo caso más que un parche a la prolongada agonía de un primer ministro que se aseguró en 2008 una mayoría parlamentaria aplastante de 100 escaños, ahora reducidos a los tres de ventaja con los que ha derrotado a su ex aliado Fini. Su ciclo, “su imperio de cartón piedra” –Di Pietro dixit- no parece que pueda sostenerse mucho más tiempo so pena de seguir arrastrando a Italia hasta nuevas simas de descrédito.

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