edición: 2109 , Viernes, 2 diciembre 2016
18/09/2008

Gazprom aprieta la pinza sobre la UE

Javier Aldecoa

Prometió hacer de Gazprom su embajadora energética y expandir su telaraña por las grietas europeas. El Kremlin ha empezado a ejecutar la obertura de su partitura al son del conflicto en Georgia. Estrecha el cerco sobre Nord Stream; tiene la llave para cortarle el oxígeno –o al menos ponérselo caro- al Gasoducto Nabucco. Penetra por las grietas italianas y galas en el corazón de la Vieja Europa, reedita las amenazas de Ucrania y pone firmes a Azerbaiyan y Armenia, que preferirán rendirse a los encantos - sobre todo militares - de Moscú. La UE le ha enseñado unas líneas rojas que Gazprom se siente fuerte para saltar. GDF Suez, Total y Enel le ponen algunas de las pértigas y beben de los cañones de Putin y Medvedev los vientos a Gazprom. Y ahora que la ‘claúsula Gazprom’ puede ponerle puertas a sus ambiciones en tierras de los Veintisiete y que Bruselas y Moscú aliñan una negociación estratégica que puede tardar dos años en llegar a buen puerto, la gasista rusa despliega los atajos centroeuropeos, magrebíes y asiáticos para consolidar su poderío en el Viejo Continente.

Roma, París y Berlín doman la furia de Washington y Londres con la fusta de sus idilios energéticos con Moscú. Nadie quiere quedarse este invierno sin gas y petróleo, con los precios por las nubes. Gazprom aprovecha y tiende los puentes a sus atajos sobre las espaldas del miedo europeo. Tiene reservas, ambiciones, la mano de hierro de Putin y Medvedev y la alianza germana, ahora que utiliza a Schröder como introductor de embajadores. En suspenso las negociaciones para renovar el acuerdo que regula las relaciones comerciales entre ambas partes.  Decididas a recuperar de tierras siberianas lo que el miedo georgiano y las debilidades de Occidente les privan en precios y confianza de los mercados, Enel y Total arriman el ascua de la energía a Gazprom. No van a ser menos que GDF Suez. No permiten que el ruido de los tanques rusos y las arremetidas de Vladimir Putin al tablero caucasiano corten sus alas. Todo lo contrario.Avanzan por su cuenta y aprovechan el fuera de juego, ahora que la UE se echa un paso atrás. Se regodean en las estrecheces de la puerta de Gazprom, que amenaza con la salida a BP y se hace de rogar con Repsol. No hay mal que por bien no venga, ni guerra en Georgia que cien años dure. Lo saben la italiana y las galas.

Si Total tiene en cuenta nuevos proyectos será con Gazprom, con la que ya comparte trabajo en el campo de Shtokman, en el Ártico. A falta de prospecciones rusas que llevarse a la boca- pasan por Gazprom y como ya saben Repsol y Shell no es tan fácil sentarse a su mesa- GDF Suez se conforma con llegar al bocado ruso por los atajos de las explotaciones regionales, con Lukoil como introductor de embajadores y la sacudida rusa como impulso para los países de su orbe, que buscan alternativas a la dependencia de Moscú. Para empezar, con la cesión a Gas de France-Suez de un 15% en el proyecto de exploración del sector azerbaiyano del Mar Caspio, una tarta a repartir con el 20% de la Compañía Estatal Petrolera de Azerbaiyán, como punto de fuga a la presión sobre Georgia.


Enel produce ya el 5% de toda la electricidad que se genera en Rusia y está decidida a que lo que ha unido Serve  no lo separe nadie. Rusia necesita 60.000 millones de euros en cinco años en nuevas plantas de generación para cubrir una demanda que creció un 25% entre 1998 y 2006. Y Flavio Conti - tiene otra empresa de generación en San Petersburgo NWTPP -no está por perderse ese bautizo, Su compromiso con el Gobierno de Vladimir Putin es realizar inversiones a largo plazo de 8.000 millones. Y ya saborea El Ebitda que la italiana espera conseguir en 2012 en este mercado, en el que tiene el 5% (más de 9.000 MW): mil millones. Barra libre de gas desde 2010 a cambio de la llave al atajo europeo sobre la Vieja Europa. No sólo con una participación en una de sus centrales en Italia- probablemente la del Adriático- sino por una mayor cuota del pastel accionarial – del 20 al 40%- en Seve Energía, a favor de la rusa.  Conti le despeja las puertas. Hasta la cocina de la italianidad. Que no es poco, a la vista de las turbulencias en el proyecto para la construcción del gasoducto que unirá Rusia con Alemania a través del mar Báltico tras la crisis por el conflicto de Georgia y las pataletas de Polonia y compañía, que se niegan en rotundo a recibir el gas de Putin y a ser la correa de transmisión de sus condiciones.

CASTIGO GERMANO

Con cada vuelta de tuerca a la relación entre Conti y Putin, con cada promesa de una mayor porción de la tarta italiana- centrales y la compañía Seve-  Gazprom se siente segura. Su baile zapatea en las espaldas alemanas y en los intereses de Berlín y RWE, que pagan en desidia y facturas el repudio de los Veintisiete a las mañas de Moscú. Total, GDF Suez y Enel arañan los galones de Alemania, ahora que Merkel  atempera los pasos de Sarkozy y tiene que ponerle diques a su propio partido criatiano-demócrata, que no deja de mirar a los desmanes de la geopolítica moscovita en el primer socio del comercio germano. La diplomacia germana trata de pescar, sin éxito, en aguas ajenas: Argelia, Libia y Nigeria. Las mismas en las que la primera gasista rusa se ha hecho fuerte. Durante su última gira por la región, tanto Bouteflika como Gaddafi le han demostrado a Angel Merkel que Berlín no es lo que era y está hoy por hoy a la cola de sus prioridades. Si la gira y la pinza sarkoziana la han dejado sin conquistas energéticas que llevarse a la boca a E. On y RWE, la crisis de Georgia le ha permitido medir el dolor del castigo ruso: los recortes de gas y el fantasma de los precios.

Para enfado de E. ON y RWE, Alemania- con un volumen de intercambio anual de 50.000 millones de euros con Moscú-, le ha reabierto las puertas a Gazprom con la oposición franco-germana a la segregación de las energéticas y le tiende la alfombra roja a la arteria de su penetración en la Vieja Europa. Pagan ya las facturas los consumidores y las empresas alemanas: tras la última subida de un 25% en 2008, el precio del gas- dependiente de la armada energética rusa-  podría subir en Alemania este año un 40%, y un 75% en un año. Y BP, si se consuma la entrada de Gazprom en el 50% del capital de KPN, pagará su alianza con el incómodo compañero de viaje. Poco para Médvedev, que no se resiste a pasar nuevas facturas conjuntas a los Veintisiete.

Por mucho que Washington trate de imponerle a Angela Merkel un bloqueo al Gasoducto del Norte, Rusia alimenta las urgencias de Berlín y tapona las alternativas de toda Europa. Gazprom tiene en sus manos la principal arteria gasista de Europa, los 1.200 km del Nord Stream, la llave de su tranquilidad en cinco países y el 51% del accionariado de una tubería llamada llamado a cubrir hacia 2015 hasta el 25% de las necesidades de la Unión en las importaciones adicionales del gas natural, por mucho que el Parlamento Europeo y los países bálticos se opongan a su avance. Y, si nadie lo impide, también ejerce la pinza con la que cortar el bypass de Nabucco, un proyecto de 8.000 millones auspiciado por Bruselas y Washington, que no necesitaba ya de la crisis georgiana para poner a dudar a sus inversores, a la vista de su origen azerbayano, de su exposición a Georgia y de los riesgos de su paso por las fronteras turco-georgiana o iraní hasta Austria. La húngara OMV, la rumana Transgaz, la búlgara Bulgargaz, la alemana RWE y la turca Botas buscan ya en los predios de Egipto e Iraq.

LOS ATAJOS AFRICANOS

La ‘claúsula Gazprom’ puede ponerle puertas a sus ambiciones en tierras de los Veintisiete, Bruselas y Moscú mantienen en el aire sus acuerdos comerciales y aliñan una negociación estratégica que puede tardar dos años en llegar a buen puerto. Por eso la gasista rusa despliega los atajos centroeuropeos, magrebíes y asiáticos para consolidar su poderío el Viejo Continente. Con Gerhard Schroeder y Berlusconi convertidos en los  “Rasputines” del gas ruso de Vladimir Putin y Médvedev, cualquier grieta es trinchera para Gazprom, llamada a suministrar a Europa hasta 30.000 millones de metros cúbicos anuales de gas natural nigeriano a través de Níger y Argelia a partir de 2015 y dispuesta a demostrar que- para desgracia de las grandes compañías energéticas europeas- todos los caminos de gas para Europa, Asia y el Norte de Áftrica pasan por Moscú. Lo hace por la puerta nigeriana en el transahariano y por la ventana argelina con Sonatrach, ahora que el gasoducto de Medgaz,- llamado a convertirse en la autopista del poderío ibérico y europeo de la argelina - ha comenzado el tendido submarino entre Almería y Beni Saf. Teje su telaraña con hilos propios y ajenos, ahora que quienes viven de su suministro quieren escapar de la red de su dependencia. Gaddafi está dispuesto a ayudarle con reservas, ductos y la alfombra roja a ENI e Italia; Irán con la llave de los hidrocarburos para la exportación y Sonatrach con la pinza argelina que penetre a través del transahariano en los mercados de España y Potugal, allá donde no llega con Galp. 

Gazprom penetra por el arco del triunfo alemán. Por las grietas de Serbia- que a pesar del acuerdo con Bruselas se echa en brazos de la rusa y pone la alfombra roja no sólo al paso de un gasoducto hacia Europa, sino  de la adquisición por Gazprom del 51% del monopolio nacional NIS. El ejemplo de Ucrania ha dejado a ojos vista cómo se las gasta Gazprom. Ya lo hizo bajo los auspicios de Medvedev. Y promete seguir ahora que su patrón está en el Kremlin y que la crisis de Georgia le ha enseñado las líneas rojas de los Veintisiete.  Cerca sus opciones en Europa. Tapona sus salidas. Y se apodera de sus entradas.  Todos los países de Europa centromeridional han firmado acuerdos bilaterales con Rusia sobre suministro energético. Algunos se han unido al proyecto del gaseoducto South Stream que hace la competencia al Nabucco, financiado por la UE y EE.UU y al Sistema de Oleoductos del Báltico BTC-2, una ruta de 1.300 kilómetros que supone un intento de diversificar sus rutas de exportación para reducir su propia dependencia de redes de transporte soviéticas como el oleoducto Druzhba (Amistad), en respuesta a la ‘deslealtad’ del bieloruso y  a los esfuerzos de la UE y de su antigua órbita- desde Turkmenistán a Ucrania- por zafarse de su alargada sombra.

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