edición: 2557 , Miércoles, 19 septiembre 2018
24/12/2008

Gazprom bautiza la ‘OPEP del gas’ en las debilidades europeas

Compensa sus urgencias con la pinza de precios para la UE
Ana Zarzuela

Moscú adorna el bautizo el club gasista -esta vez definitivo- y busca padrinos para la alianza de sus doce socios. Todo por la puerta de las presiones. Lo necesita ahora que Gazprom enseña sus grietas: menos producción, menos exportación, deudas a la vista y apreturas de inversión, sobre todo para el campo de Yamal. Y que el Kremlin tiene que pagarles a sus cuatro gigantes petroleros todas las cuentas para que puedan seguir con la caza de activos por Europa. Lukoil baila en las murallas españolas una ‘danza cosaca’ nada espontánea al son de las contradicciones en las que Rusia se redogea.

Moscú, con Gazprom en ristre- el mayor productor de gas del mundo -se cobrará mientras tanto en precios sus zozobras financieras y los horizontes que ni la producción ni el desembarco accionarial le ponen fácil. Más gas y más caro. Viniendo del mismísimo Putin, su advertencia tiene tanto de amenaza como de pronóstico: la era del gas natural barato es ya historia si Moscú tiende -como espera- la mano de la ‘OPEP del gas’.

Promete que desde el buque insignia de la troika gasista no controlarán la producción y los precios. Pero, abrazado al músculo energético de Irán, Libia, Argelia, Venezuela, Nigeria, Qatar, Indonesia y Bolivia y con el 47% del gas que consume Europa en la mano, no hace otra cosa que asegurarse garantías para poder estrechar la pinza de precios. O, al menos, cobrarse compensaciones a cambio de aflojar la tenaza gasista. Lo saben bien Ucrania y Alemania.

La pinza del gas por parte de Rusia llegará de la mano del pulso a la OPEP de petróleo, ese mismo que mantiene a Putin como invitado eterno. Moscú tendría que someterse a sus reglas, pero ya ha advertido que la única forma de entrar sería presionar sobre EEUU y Europa “para frenar la caída de los precios del crudo”.  Si lo consigue, podrá hacerse al menos con la vista gorda de los aliados de la OPEP a su nuevo club gasista. Muchos de ellos son también productores de gas. Rusia aspira a obtener en la Organización el rango de observadora permanente. Y espanta el miedo en las espaldas europeas para su guerra de precios y sus desembarcos accionariales. Mejor garantizar el gas -aunque más caro- que seguir la senda ucraniana. Por mucho que París, Roma y Berlín pongan el grito en el cielo y el miedo en la ‘OPEP del gas’, sus alfombras rojas y el beneplácito de ni, Enel, E.On, Total y GDF adornan las grietas de la UE para Gazprom, las mismas que Moscú conoce y horada a ojos cerrados.

Mientras llega o se espanta el mapa de sus operaciones en el corazón de Europa, Moscú se cobrará en carnes europeas sus zozobras financieras. Más gas y más caro para compensar la anemia bursátil  del coloso ruso. Lo saben Ucrania y Alemania, que encajan ya nuevas tarifas. El Kremlin juró hacer de Gazprom su embajadora energética y expandir su telaraña por las grietas europeas. Tiene reservas, ambiciones y, desde ahora, el 70% del gas mundial y un tercio del que consume Europa a la mano gracias a la troika que pondrá de largo el 23 de diciembre ‘con Qatar e Irán, una OPEP del gas con piel de alianza, llamada a hacerle valer la energía a sus compradores. El pulso está servido, de lado y lado. Y Rusia ya acuna la amenaza de renunciar al dólar para sus exportaciones. Aviso para navegantes: habrá precios más altos. Y más gas, ya se lo ha dicho Gazprom a la cara de Sarkozy y GDF-Suez y delante de Wulff Bernotat, el presidente de E.ON, que ve cómo se chafan sus promesas a los clientes alemanes. El presidente de GDF pide reciprocidad, quiere su cuota de avidez en el mercado ruso, pero a Medvedev no le importa. Ha desplegado en su cara el desembarco parisino. Tanto que asusta el miedo de EDF, que pide ya un índice de tarifas europeas independientes.  Quiere ser el  grupo de referencia gasista de Francia. Y el de Italia, Austria y Bulgaria. Para empezar, promete triplicar su distribución en suelo galo para hacerla pasar de 1,5 a 3 millones de metros cúbicos en cinco años.

Alemania -con un volumen de intercambio anual de 50.000 millones de euros con Moscú-, le ha reabierto las puertas a la gasista rusa con la oposición franco-germana a la segregación de las energéticas y le tiende la alfombra roja a la arteria de su penetración en la Vieja Europa. Moscú, con la ampliación de su alianza con E.ON, avanza en el proyecto de gaseoducto submarino báltico, a pesar de las críticas de Polonia y Suecia. Pagan ya las facturas, desde hace meses,  los consumidores y las empresas teutonas: tras la última subida de un 25% en 2008, el precio del gas -dependiente de la armada energética rusa-  podría subir este año un 40%, y un 75% en 2009 según los cálculos de la Cancillería. Y BP, si se consuma la entrada de Gazprom en el 50% del capital de KPN, pagará su alianza con el incómodo compañero de viaje.

LAS FLAQUEZAS DE GAZPROM

El primer ministro Putin enseña el incremento de la producción de gas un 2,5% hasta noviembre para probar que la energía rusa sigue impasible, aunque el crudo haya pasado de 140 a 40 dólares. Jura que dispone de recursos para llevar de conquista la economía nacional y, para demostrarlo, inyectará 185.000 millones de dólares en el sector bancario, antes de nada a los estatales  Sberbank, VTB y Gazprombank, los llamados a ‘patrocinarles’ las aventuras europeas a las cuatro grandes petroleras nacionales. Gazprom hace valer sus galones de mayor productor mundial de gas con Europa: provee el 26% del gas que consume el continente y tiene en sus manos la llave energética de 22 países, entre ellos Alemania, Italia, Francia y Turquía. Pero las entregas del gas ruso al mercado alemán disminuyeron en un 30% en  2007, así como el volumen de suministros a otros usuarios europeos: Hungría (44%), Bélgica (37,5%), Francia (20,69%), Italia (16,56%) y Austria (15,07%).

Pero en noviembre, la producción de gas de Rusia disminuyó en 54.400 millones de metros cúbicos en relación a octubre (un 2,4%) y en un 6,6% en relación a noviembre de 2007.  Sólo el aumento de precios ha permitido un incremento del 31% de su beneficio en 2008. Y Gazprom necesita tapar sus miserias: Gazprom neft, su unidad petrolera, tendrá que cancelar  1.534 millones de dólares de deuda en 2009, casi la mitad de su deuda total, que no ha hecho más que crecer desde 2006.  Como los analistas advierten, puede tener el enemigo en casa, disfrazado de problemas de desabastecimiento, de urgencias de inversión y de la flaqueza de su músculo para nutrir un despliegue global que sólo sus ansias atisban.A la vista de esa evidencia, Moscú se lo juega todo a la carta de más gas y más caro: prevé que sus exportaciones gasíferas a Europa aumenten un 37,8% hasta el 2015 y asciendan a 165.000 millones de metros cúbicos de gas en el 2009, frente a los 161.000 millones de metros cúbicos de este año.

No es la Nezavisimaya Gazeta la única que advierte de las líneas rojas del poderío gasista ruso, ahora que Kazajstán aspira a la construcción de grandes buques petroleros para prescindir de la red de tuberías rusas. Ahora que Siberia occiental está en declive, todos los caminos del gas ruso pasan por Yamal, pero para que el nuevo yacimiento del Círculo Polar deje de ser una zona casi desértica por desarrollar para convertirse en la gran reserva energética del Kremlin, Gazprom tendrá que destinarle el 30% de sus inversiones en los próximos dos años, más de 26.000 millones de euros, de espaldas a la participación extranjera, que Miller tratará de cargar en las cuentas de los usuarios europeos.

EUROPA, SIN ALMENAS

Cártel y presiones. Moscú estrecha la llave en su mano. Hace valer el son de sus amenazas y el apellido ucraniano del 80% del gas que Rusia envía hacia Europa. Juega a interrumpir a partir de 2009 el suministro a Kiev si no paga 2.000 milones de dólares, que serán 3.200 millones en un trimestre. Poco le importa que Ucrania le haya abonado los 800 millones del primer plazo de su acuerdo. Lo de Gazprom no es más que otro ‘interruptor’ en el circuito de su pinza de precios y producción. La puesta de largo por todo lo alto de la OPEP del gas. Pero esta vez, en la tradicional guerra del gas Moscú trata de hacerse fuerte en posiciones menos favorables: los precios mundiales del gas, fuertemente vinculados a los del petróleo, tienden a disminuir; y Ucrania tiene almacenadas reservas suficientes para tres meses (16.000 millones de metros cúbicos). Razón de más para estrecharle el cerco a los Veintisiete. El vicepresidente de Gazprom, Alexandr Medvédev, calcula que los países miembros de la UE tendrán que pagar el próximo año entre 260 y 300 dólares por cada mil metros cúbicos del gas ruso. Si resisten los deseos de Moscú, no será, desde luego, por la fortaleza de las almenas europeas. La UE no ha hecho más que enseñar sus grietas.

Bruselas confiesa el miedo al suministro del gas ruso y a la falta de suministro que ya le enseñó en 2006: busca un atajo sahariano-nigeriano y promete acciones conjuntas para cerrar sus almenas a la dependencia del gas ruso y las presiones de la OPEP del gas. Bruselas pretende reforzar el gasoducto Nabucco; fortalecer a otros proveedores, con Noruega en cabeza (segundo exportador a la UE); busca un atajo sahariano-nigeriano y promete acciones conjuntas para cerrar sus almenas a la dependencia del gas ruso y las presiones de la ‘OPEP del gas’ sobre los  precios..Pero Europa le ha enseñado las heridas de su dependencia y las alfombras rojas de su servidumbre. Sólo el gasoducto Nord Stream se le puede complicar a Gazprom. GDF-Suez, E.ON, Total  y  ENI están dispuestos a ser sus introductores de embajadores. Y hasta ahora la mano tendida de Merkel y Berlusconi, las excepciones a la aplicación de la ‘cláusula Gazprom’ y los atajos centroeuropeos, magrebíes y asiáticos le demuestran a Moscú que todos los caminos rusos del gas -y de sus precios- conducen a Europa. París, Roma y Berlín no quieren manchar el cordón umbilical al  47% de su gas: disfrazan de espanto los puentes a Moscú, pero se los tienden.

Con el 70% del gas mundial en la mano, la ‘OPEP del gas’ le garantiza a Moscú aún más la llave para cortarle el oxígeno -o al menos ponérselo caro- al Gasoducto Nabucco, diseñado para reducir la dependencia europea de Rusia pasando por Azerbaiyán, Georgia, Turquía, Bulgaria, Rumania, Hungría, Austria. Pero no comenzará su despegue hasta 2013. Todos los países de Europa centromeridional han firmado acuerdos bilaterales con Rusia sobre suministro energético. Gazprom tiene en sus manos la principal arteria gasista de Europa, los 1.200 km del Nord Stream, la llave de su tranquilidad en cinco países y el 51% del accionariado de una tubería llamada llamado a cubrir hacia 2015 hasta el 25% de las necesidades de la Unión en las importaciones adicionales del gas natural, por mucho que el Parlamento Europeo y los países bálticos se opongan a su avance. Y, si nadie lo impide, también ejerce la pinza con la que cortar el bypass de Nabucco, un proyecto de 8.000 millones auspiciado por Bruselas y Washington, que no necesitaba ya de la crisis georgiana para poner a dudar a sus inversores, a la vista de su origen azerbayano, de su exposición a Georgia y de los riesgos de su paso por las fronteras turco-georgiana o iraní hasta Austria. La OPEP del gas se bautiza con promesas de nuevos cebos.

España está en su ecuación. Más ahora que, tras el frustrado intento por comprar Repsol, el gigante ruso Gazprom abre su primera sucursal en Madrid para vender energía en España. Al gigante euroasiático no le hace falta Lukoil para conquistar el mercado español. Ya lo ha hecho. Más del 20% de los suministros que reciben las refinerías españolas son ya rusos. Y se ha convertido ya en el primer exportador. Como recuerda la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio (Ceees), cualquier desembarco de Lukoil en la península le daría otra vuelta de tuerca a la ecuación aún más a favor de Moscú. Entretanto, negocia aliarse con la argelina para construir a cuatro manos el gasoducto transahariano que conectará Nigeria con el Mediterráneo, llamado a transportar 25.000 millones de metros cúbicos desde 2015, en concreto para repotenciar el acuerdo que Sonatrach firmó en 2002 con la nigeriana NNPC, para construir la mayor parte de los 4.200 kilómetros, que transcurren por el país centroafricano.

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