edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
14/11/2008
La Bolsa de Moscú ha tenido que suspender varias veces su operativa

Gazprom camufla sus debilidades en las grietas europeas

El castillo de naipes les comienza a temblar a Putin y Medvedev
Los capitales están en fuga, el rublo amenaza devaluación y el ´default´ es una posiblidad
Javier Aldecoa

Saborea en boca de su reconciliación con Bruselas la niebla del órdago en las espaldas de Repsol. Si ‘se disuelve como un azucarillo’ -Solbes dixit- no será gracias a las almenas de Bruselas, a los aspavientos de Sarkozy y Merkel, ni sólo por los muros de la sorpresa de Sebastián. París, Roma y Berlín no quieren manchar el cordón umbilical al  40% de su gas: disfrazan de espanto los puentes a Moscú, pero se los tienden. Con la rebaja de la ‘cláusula Gazprom’, la UE se lo ha puesto más fácil, el resto lo han hecho las pértigas de sus ‘entretenidas’ E.ON, ENI, Total y GDF-Suez. Ya lo decía el comisario europeo de energía, Andris Piebalgs: si el desembarco de la estatal rusa no se consuma, será por su falta de músculo.

Tiene el 90% de la mano pública en sus espaldas, los rublos que el Kremlin les ha prometido a las cuatro grandes energéticas rusas para salir de compras, más ambiciones que reservas y la ‘OPEP del gas’ recién engendrada con Qatar e Irán. Pero el castillo de naipes les comienza a temblar a Putin y Medvedev y a los 130.000 millones de dólares ‘soberanos’ de su fondo de estabilización. Razón de más para celebrar la vuelta al redil diplomático con la UE afilando sus garras energéticas en el corazón de la Vieja Europa. Y buscar consuelo a su descapitalización bursátil y a la disminución del 30% de sus provisiones hacia el mercado alemán. Gazprom se lo juega todo a la carta de más gas y más caro (prevé que sus exportaciones gasíferas a Europa aumenten un 37,8% hasta el 2015) y en las puertas que sus socios le abran en la UE. Aunque sea a cañonazos de humo.

Moscú juró hacer de Gazprom su embajadora energética y expandir su telaraña por las grietas europeas. Tiene reservas y, desde ahora, el 70% del gas mundial y más de un tercio a la mano del que consume Europa, gracias a una ‘troika del gas’ con piel de alianza, llamada a hacerle valer la energía a sus compradores. Lo saben Ucrania y Alemania, que encajan ya nuevas tarifas. Más gas y más caro para compensar la anemia bursátil del coloso ruso. Y es que la niña bonita de los ensueños energéticos del Kremlin respira por sus propias heridas. Pero también por las de las zozobras financieras rusas: para desgracia de las acciones de sus gigantes empresariales, la invasión de Georgia y la influencia política del Kremlin sobre el sector privado han alimentado una oleada de ventas, más de un cierre temporal del parqué moscovita y el aleteo del fantasma de un ´default´, que no han podido espantar ni las inyecciones de liquidez pública para reflotar el sistema bancario, ni  la promesa de 20.000 millones de dólares para acciones, ni la reducción a cero de los impuestos sobre las plusvalías a largo plazo y las rebajas de impuestos a medio y largo plazo para el sector petrolero. Además, la devaluación del rublo puede estar a la vuelta de la esquina. Y todo ello con el crudo a 50 dólares.

Gazprom no oculta sus problemas de liquidez: tendrá que cobrárselos a Europa -ahora que el euro/dólar ha pasado de 1.50 a 1.25-. Ya acuna la amenaza de renunciar al dólar para sus exportaciones. Como los analistas advierten, puede tener el enemigo en casa, disfrazado de problemas de desabastecimiento, de urgencias de inversión y de la flaqueza de su músculo para nutrir un despliegue global que sólo sus ansias atisban. Roma no paga traidores. Zhukov peina los celos y las presiones para E.ON, RWE, Enel y GDF-Suez en las espaldas españolas. El pulso está servido, de lado y lado. Moscú advierte por boca de su embajador ante la UE: la dependencia energética europea tejerá los caminos a Rusia cada vez con hilos más gruesos. Ya le ha marcado en las espaldas de Ucrania y Azerbaiyan las líneas rojas de esa dependencia. 

Bruselas pretende reforzar el gasoducto Nabucco; fortalecer a otros proveedores, con Noruega en cabeza (segundo exportador a la UE); busca un atajo sahariano-nigeriano y promete acciones conjuntas para cerrar sus almenas a la dependencia del gas ruso y las presiones de la ‘OPEP del gas’ sobre los  precios. Pero GDF-Suez, Total, E.ON y  ENI están dispuestos a ser sus introductores de embajadores. Y hasta ahora la llave del gasoducto Nord Stream, las excepciones a la aplicación descafeinada de  la ‘cláusula Gazprom’ y los atajos centroeuropeos, magrebíes y asiáticos le demuestran a Moscú que todos los caminos rusos del gas -y de sus precios- conducen a la UE, con los vecinos del Este como rehenes. Los de siempre no molestarán. Los tentáculos energéticos del Kremlin han encontrado en el entreguismo de doble faz de Roma, París y Berlín y las grietas abiertas a golpe de tanque en el Cáucaso sus mejores embajadores. Gazprom penetra por las contradicciones energéticas de Europa y el empeño de la sarkodiplomacia nuclear en torear a dos manos -con el capote diplomático de la UE y el estoque inversor propio-. Hasta el momento lo ha hecho por los atajos argelino, luso, nigeriano o libio hacia la UE. Y ahora -Berlín se lo dejaba claro  hace menos de un mes- puede saltar la cláusula comunitaria allá donde se lo permitan. De frente, hasta la cocina de más de un accionariado. Por eso ahora no se conforma con venderle el 40% del gas a la UE. Quiere más y está dispuesta a pagar su desembarco con el canje de fichas en campo propio. Tiene en los rublos oficiales y en el acuerdo de asociación estratégica que la UE vuelva a repensar desde hoy, los nutrientes para su avidez.

LAS PÉRTIGAS DE TOTAL, E.ON, ENI y GDF-SUEZ

Gazprom tienta la suerte con Total, aspira a arañarle más que la intención a Enel en Italia y busca los activos de BP. Eso, sólo para abrir boca. Ahora que las presas directas en la UE están más a mano -al menos sobre el papel- no tendrán que consolarse con despejar los atajos libios, lusos y nigerianos para llegar al corazón de la Vieja Europa.  Bruselas le ha enseñado unas líneas rojas que Gazprom se siente más fuerte para saltar. GDF Suez, Total y Enel le ponen algunas de las pértigas. Con el puño cerrado sobre Georgia, Osetia y Abjasia tiene la llave para cortarle el oxígeno –o al menos ponérselo caro- al Gasoducto Nabucco.  Y con Berlín, París y Roma, la alfombra roja hace mucho que está tejida. Francia hace ojos ciegos a las arremetidas diplomáticas de Sarkozy.

Si la gala Total tiene en cuenta nuevos proyectos será con Gazprom, con la que ya comparte trabajo en Shtokman, en el Ártico. GDF Suez se conforma con llegar al bocado ruso por los atajos de las explotaciones regionales, con Lukoil como introductor de embajadores. Para empezar, con la cesión de un 15% en el proyecto de exploración del sector azerbaiyano del Mar Caspio, una tarta a repartir con el 20% de la Compañía Estatal Petrolera de Azerbaiyán, como punto de fuga a la presión sobre Georgia. Gazprom se cobra los favores futuros en las carmes de Alstom- que acaba de firmar el acuerdo más jugoso con Transmashholding -Total -con la explotación conjunta de Stockman- y EDF, que estrecha lazos con Inter Rao. Y afina sus encantos con los tories británicos.

No es casualidad que David Cameron y su secretario financiero, Alan Duncan, hayan visitado varias veces en los últimos meses los predios del gigante energético ruso. Eni de ‘Celestina’ abre la puerta al desembarco en el ‘campo elefante’ libio y extiende los puentes del Gasoducto del Sur. Mano a mano, favor con favor se paga. Más ahora que Gazprom puede soltar alguna operación fuera o dentro de Europa.  Angela Merkel se volvió de Moscú a Berlín con un acuerdo de cooperación para la explotación del yacimiento de gas siberiano Jushno Russkoje y un intercambio de activos en las manos: E.ON obtendrá el 25% menos una acción en el yacimiento Yuzhno-Russkoye y, a cambio, Gazprom recibirá el 49% en la sociedad rusa ZAO Gerogaz, en la que ya dispone de un 3%. Y la italiana Enel, que produce ya el 5% de toda la electricidad que se genera en Rusia, está decidida a que lo que ha unido Serve no lo separe nadie: barra libre de gas desde 2010 a cambio de la llave al atajo europeo. No sólo con una participación en una de sus centrales en Italia sino por una mayor cuota  accionarial -del 20 al 40%- en Seve Energía, a favor de la rusa.

La península no es ajena a su despliegue. De la mano de Sonatrach, con un pie en Argel -donde acaba de inaugurar su primera oficina africana- la gasista rusa busca diversificar su desembarco en España y Portugal. Intenta entrar en los mercados ibéricos y, a la vista de su fracaso en la compra de Indeza, ahora reconoce que sólo a través de África podrá. Negocia aliarse con la argelina para construir a cuatro manos el gasoducto transahariano que conectará Nigeria con el Mediterráneo, llamado a transportar 25.000 millones de metros cúbicos desde 2015, en concreto para repotenciar el acuerdo que Sonatrach firmó en 2002 con la nigeriana NNPC, para construir la mayor parte de los 4.200 kilómetros que transcurren por el país centroafricano. Muanmar el Gaddafi está dispuesto a ayudarle con la venta de reservas, gasoductos y la alfombra roja a ENI en Italia; Irán con la llave de los hidrocarburos para la exportación y Sonatrach con la pinza argelina que penetre a través del transahariano en los mercados de España y Potugal, allá donde no llega con Galp.

LAS ALMENAS DE BRUSELAS

La UE se conforma con pelearle a Moscú el atajo nigeriano con el proyecto de un gasoducto transahariano hasta Europa y con tratar de arañarle concesiones a Gazprom y Lukoil en sus propios predios. Georgia ha dejado claro que lo de los caminos alternativos al gas ruso no será para hoy. Y no acaba de encontrar en Ucrania -el paso intermedio de la cuarta parta del gas ruso hacia Europa- la gatera justa. Para convertirse en el único importador de gas, Naftogaz tendrá que pagar todas sus deudas, cumplir puntualmente con los pagos futuros y dar a unidades de Gazprom la posibilidad de operar en el mercado ucraniano.

Por mucho que Washington trate de imponerle a Angela Merkel un bloqueo al Gasoducto del Norte, Rusia alimenta las urgencias de Berlín y tapona las alternativas de toda Europa. Gazprom tiene en sus manos la principal arteria gasista de Europa, los 1.200 km del Nord Stream, la llave de su tranquilidad en cinco países y el 51% del accionariado de una tubería llamada a cubrir hacia 2015 hasta el 25% de las necesidades de la Unión en las importaciones adicionales del gas natural, por mucho que el Parlamento Europeo y los países bálticos se opongan a su avance. Y, si nadie lo impide, también ejerce la pinza con la que cortar el bypass de Nabucco, un proyecto de 8.000 millones auspiciado por Bruselas y Washington, que no necesitaba ya de la crisis georgiana para poner a dudar a sus inversores, a la vista de su origen azerbayano, de su exposición a Georgia y de los riesgos de su paso por las fronteras turco-georgiana o iraní hasta Austria.

ESTRECHECES DE COLOSO

Miller jura que la sombra de los problemas financieros no va con ellos. Alardea de su músculo: el propio, el prestado por los rublos del Kremlin y, si es necesario, el arrebatado a sus aliados. Tamaño, la tercera mayor compañía energética mundial por capitalización, con un valor de 129.000 millones de euros -sólo por detrás de la norteamericana Exxon (290.000 millones) y la china Petrochina (231.000 millones)-, tenerlo lo tiene. Músculo, también. Según sus propios datos,  es el grupo con mayores reservas probadas de gas en el mundo -un 17%-, aunque sus ambiciones se extienden también al resto de hidrocarburos. Otra cosa es que le alcance, más aún cuando el capital social de Repsol en manos de Sacyr presenta un valor en bolsa de unos 2.700 millones de euros.

Es mucho más que la compra del club de fútbol Zenit y las ansias tifosis de Medvedev y Putin lo que Gazprom busca satisfacer. Junto a Lukoil aspira a afilarse las garras con los rublos de Medvedev y a salir de caza a buscar gangas en Europa y África. Planea invertir hasta 2030 entre 544.000 y 647.000 millones de dólares en proyectos de extracción, transporte y licuefacción de gas y modernización de infraestructuras. Para los próximos meses tiene en su bitácora oficial comprar un 50% de la división Tomskneft de la estatal Rosneft  -3.660 millones de dólares- y pagar unos 625 millones de dólares para elevar su participación de control en la red nacional de gasoductos de Bielorrusia. Pero ni el aumento de su beneficio un 31,7% en el primer trimestre, ni sus promesas de cerrar el año con un margen superior a 35.000 millones de dólares, ni la amenaza de recurrir, si es necesario -no sería la primera vez-, a hipotecar sus ingresos futuros, pueden opacar que la sequía crediticia y los precios del crudo le comienzan a moderar sus ansias. Menos aún que, después de dos años de expandir sus tentáculos, (incluído el control del proyecto Sakahlin-2 con Royal Dutch Shell), su deuda- ya a final de 2007- era de 61.000 millones de dólares, 21.000 de ellos en el corto plazo.

A los gigantes rusos del gas y el petróleo les cuesta trabajo conseguir un préstamo de sus bancos. El mercado interno de la deuda pública promete permanecer cerrado hasta finales de año como mínimo. Y aunque el Banco Central considera que el mercado de valores ruso ya superó el punto más álgido de la crisis financiera, seguirá padeciendo problemas de liquidez durante más de un año. El castillo de naipes les comienza a temblar al primer ministro Vladimir Putin y el presidente Medvedev. Les empiezan a pesar las advertencias de Standard & Poor´s, de que su calificación de crédito ´BBB+´ enfrentará riesgos si Moscú usa dinero de sus fondos soberanos y de pensiones para respaldar a unos castigados mercados financieros o soltar la chequera para sus aventuras energéticas. Gazprom cotiza con un descuento importante respecto a su sector: a 3 veces los beneficios de 2009, frente a las 6,8 veces de Petrobrás o las 8 veces de ExxonMobil.

Saborea más de un bocado difícil de digerir. Tendrá que escoger muy bien, ahora que los analistas calculan en 20.000 millones los beneficios que tendrá que tener en los dos próximos años para digerir todos sus desembarcos. Y meter más de uno de los platos de su despliegue global a la nevera de la paciencia. Gazprom suelta lastre. Para comenzar, ya intenta hacerlo con el joint venture con BP en el campo siberiano de TNK y la amenaza de dar un paso atrás en su cuota de control del campo de Kovykta. Y peina el miedo a sus socios  desarrollo de Shtokman, llamado a costarle entre 15.000 y y 20. 000 millones de dólares, a pesar de su nivel de riesgo.

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