edición: 2723 , Jueves, 23 mayo 2019
10/02/2009

Gazprom quiere que la UE pague sus gasoductos en Europa

Javier Aldecoa

Con las heridas de la ‘guerra del gas’ aún recientes, Europa ha tratado de darle cuerda a sus alternativas energéticas. Pero los puntos de fuga de los Veintisiete no hacen más que mover ficha en un tablero en el que Gazprom les dibujó ya la geometría y ahora quiere definirle también la contabilidad. Será susto o muerte. Lo reconocía el Europarlamento: entona la rendición del gasoducto Nabucco y llama otra vez al ‘lobo’ de Gazprom a cuidar  del gas europeo. Será por las venas de Nord Stream -gracias a E.ON- o South Stream -con la venia de Eni-.

El Kremlin no sólo acaricia el tridente del gas para la UE en la próxima década y sus alternativas. Pretende además que Bruselas y sus socios europeos corran con las facturas, aunque además se nutran después con su gas. Ya ha comenzado a hacerlo con los 24.000 millones del Nord Stream, aprieta el paso antes de que comience su explotación en 2011. Un 70% se cubrirá con cargo a fuentes de financiación externas. Paradojas de la geometría comunitaria, Polonia puede tener que purgar su oposición rascándose el bolsillo, si Moscú consigue luz verde del Banco Europeo de Inversiones.

El pactismo de ENI, E.ON y GDF y el pragmatismo de Asia Central siguen dejando a la UE en manos del gas del Kremlin, que además de la ‘pinza de precios’ engrasa ahora la de los gasoductos, antes de que pueda prosperar alguno de los tratamientos de choque contra la tenaza moscovita: el recurso al GNL, el aumento de la capacidad de stock de los Veintisiete, la diversificación de los proveedores, o la reducción de las infraestructuras terrestres. Las batallas del gas están formalmente acabadas con Gazprom, pero la guerra energética no ha hecho más que comenzar. Europa tiene aún los pies fríos, la cabeza caliente y los precios y las rutas para su gas aparcados otra vez en el limbo ruso. Por eso Bruselas no quiere estropearle la foto a Moscú, ni siquiera está dispuesta a afearle la firma del nuevo acuerdo de asociación estratégica, en sustitución del que vence a finales de año. Ni rastro de sanciones o la cuarentena para los acuerdos pendientes con Rusia.

LUZ VERDE DE BRUSELAS

Lo recordaba Barroso: Rusia sigue siendo el socio energético más importante de la UE, deseosa  de mantener un comercio abierto y libre de proteccionismo con Rusia,  su tercer socio comercial, después de EEUU y China, con un intercambio de 280.000 millones de euros en 2008. La UE apoya el ingreso de Rusia en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Otra cosa serán las facturas. Para empezar, la de los daños por la ‘guerra del gas’ no tiene aún apellidos. La ‘gasolina’ del gasoducto Nabucco tampoco está. La Comisión Europea sólo está dispuesta a pagar 250 millones de los más de 4.500 millones de euros que costará a medio plazo (más de 7.000 a largo). Y Alemania, Italia y Bulgaria juegan a dos manos, con Nabucco en una y los gasoductos Stream en la otra. Moscú lo sabe, tanto como para atreverse a llamar a la puerta de los 5.000 millones de euros no utilizados del presupuesto comunitario para infraestructuras de interconexiones energéticas en la región báltica y el centro y el este de Europa.

Bruselas, por ahora, mira para otro lado. Nord Stream y South Stream son asuntos comerciales, cosa de Eni el sur y de E.ON el norte, como se empeña en predicar el presidente de la Comisión Durao Barroso. La UE no les pondrá ninguna traba, por más que su apellido paterno sea el de Gazprom. Otra cosa serán los euros. Pagar, pagará, pero no en inversiones, ni por la puerta principal. Moscú perfecciona la ecuación: gas por miedo, gasoductos a cambio de libertad; y energía a costa de aflojar la tenaza proteccionista sobre la importación de coches, acero y maquinaria de la UE. Para decisiones más concretas habrá que esperar al menos a la Cumbre Europea del 7 de mayo.

Según las previsiones más modestas, los suministros de gas a Europa deben aumentar en 70.000 ó 100.000 millones de metros cúbicos anuales para poder satisfacer la creciente demanda. Ahora que despeja la batalla del suministro, son las tarifas y las vías de distribución lo que está en cuestión para Gazprom. Las necesita para compensar que la gasista perdió el 74% de su valor y bajó de tercer a undécimo lugar en el mundo en el último año. Hoy sólo cuenta con reservas para cubrir su demanda interna hasta 2010 y los inversores internacionales han comenzado a deshacer posiciones en los ADR de la compañía, a la luz de su  elevada deuda y su dependencia de las decisiones de Vladimir Putin. El vicepresidente de Gazprom, Alexander Medvédev, calcula que los países miembros de la UE tendrán que pagar el próximo año entre 260 y 300 dólares por cada mil metros cúbicos del gas ruso. Pero, al menos durante el primer año, los ingresos por exportaciones de Gazprom disminuirán entre 18.000 y 25.000 millones de dólares en relación con 2008.

NORD SREAM Y SOUTH STREAM

Ya lo decía Miller, el presidente de la petrolera rusa: la UE no tendrá gas para hacerlo correr por las venas del Nabucco. Menos aún ahora que Rusia se ha encargado de cerrar filas con Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán a golpe de mejores precios y un fondo de ayuda ante la crisis financiera. Los Veintisiete han terminado por rendirse a la sentencia del ex director de la Agencia Internacional de la Energía,  Claude Mandil: Nabucco verá la luz sólo si es con Rusia. El gas de Irán y las reticencias de Turquía lo avalan. El informe sobre política energética de la UE da alas a las nucleares, las renovables y el GNL. El Europarlamento respalda la construcción de nuevos gasoductos, como el que conecta Argelia, España y Francia y aboga por cooperar con el norte de Africa para fomentar las energías solar y eólica. Eso es todo. Se abraza a la ambigüedad. Lo hacen los veintisiete con el gasoducto Nabucco y lo repiten Roma, París y Berlin con sus gigantes energéticos. Mejor garantizar el gas -aunque más caro- que seguir la senda ucraniana.

Con esa consigna y el chovinismo en ristre, por mucho que París, Roma y Berlín pongan el grito en el cielo y el miedo en las restricciones de Gazprom, sus alfombras rojas y el beneplácito de Eni, E.On, Total y GDF han seguido abriéndole las grietas de la UE para Gazprom, las mismas que Moscú conoce y horada a ojos cerrados una y otra vez. Con Gerhard Schroeder y Silvio Berlusconi convertidos en los  “Rasputines” del gas  de Vladimir Putin y Dimitri Médvedev, cualquier grieta es trinchera para una compañía llamada a suministrar a Europa hasta 30.000 millones de metros cúbicos anuales de gas natural nigeriano a través de Níger y Argelia a partir de 2015.

Moscú ya ha comenzado la construcción de Nord Stream, que debe pasar por el fondo del Báltico y llevar el combustible ruso – hasta 31.000 millones de metros cúbicos anuales- directamente a Alemania. Si Nord Stream se enfrentó con presiones desde fuera -Estonia trató de conseguir que fuese negativo el dictamen ecológico-, South Stream -con el respaldo abierto Serbia, Hungría, Grecia, y Bulgaria ya sellado- puede tropezar en rivalidades internas desde tierras austriacas y galas antes de su despegue en 2013. Pero las espadas, a su paso chocarán por la pugna por participar más y más barato. Hungría apoya el ducto, pero reconoce que necesita diversificar los lazos de su energía y se lo piensa dos veces para aceptar que Rusia construya en su territorio húngaro un depósito subterráneo complementario. Grecia mira a Bruselas pero no deja de impulsar lo 1.500 millones de euros para la construcción del gasoducto Burgas-Alexandroupolis, a cuatro manos con Bulgaria, pero con las riendas y la mayoría accionarial en manos rusas.

Eni se hace querer con la alfombra roja a un gasoducto a cuatro manos con el que Gazprom se asegurará que su gas corra por el sur de Europa.  La italiana, por la gracia de la sintonía entre Berlusconi y Putin y el 30% de la mano estatal, es propietaria del 89% del gasoducto TAG desde Rusia y la ficha europea con la que Gazprom extenderá el South Stream. Y con el 70% del gas mundial en la mano, la ‘troika’ del gas le garantiza aún más la llave para cortarle el oxígeno -o al menos ponérselo caro- al Gasoducto Nabucco. Gazprom negocia además aliarse con la argelina Sonatrach para construir a cuatro manos el gasoducto transahariano que conectará Nigeria con el Mediterráneo, llamado a transportar 25.000 millones de metros cúbicos desde 2015, en concreto para repotenciar el acuerdo que Sonatrach firmó en 2002 con la nigeriana NNPC, para construir la mayor parte de los 4.200 kilómetros, que transcurren por el país centroafricano.

NABUCCO, SIN OXÍGENO

La ‘guerra del gas’ ha marcado las urgenciasa Europa, Gazprom dibujó la geometría. Por eso la UE trata ahora de darle cuerda a sus alternativas energéticas. Pero el gasoducto Nabucco tiene tantos lastres como los atajos argelinos, la gatera libia, o la producción noruega. Caro -con unas facturas de al menos 4.600 millones de dólares que hasta ahora los Veintisiete no estaban dispuestos a pagar- tardío, abocado a sumar el gas de todos los países de Asia Central y Azerbaiyán y huérfano de alianzas. El diseño de sus arterias marca a fuego la geografía de los desencuentros europeos y el ascendente que aún mantiene Moscú. EEUU promete garantizar la seguridad del gasoducto Nabucco. Todo con tal de acercar a Georgia a la OTAN y descolocarle al Kremlin el ajedrez euroasiático. Pero pagar, Washington  no paga.  Bruselas tampoco. Nabucco está diseñado para reducir la dependencia europea de Rusia pasando por Azerbaiyán, Georgia, Turquía, Bulgaria, Rumania, Hungría y Austria. No será antes de 2013, ni más de 21.000 metros cúbicos al año; en el mejor de los casos, el equivalente al 40 ó 50% del suministro europeo. Eso siempre que Bruselas consiga despejar sus ‘venas’ desde Turquía a Austria, aunar a las repúblicas bálticas y de Asia Central y arrancar su gas de los cantos de sirenas de Gazprom.

Bruselas no descarta llamar incluso a las puertas de Irán, si consigue resolver sus diferencias políticas. Después del conflicto ruso-ucranio que las dejó sin gas, Bulgaria y Turquía han visto la luz de las bondades del Nabucco. Turkmenistán, el tercer país centroasiático en riqueza gasista, ha sido el único en aceptar unirse al proyecto. Azerbaiyán no ha decidido si participará como país de tránsito o como proveedor de hidrocarburos y en Irak, el Gobierno se lo piensa. Pero ni Kazajstán ni Uzbekistán están por la labor. Todo lo contrario: el presidente ruso, Dimitri Medvédev, se puso de acuerdo con Islam Karímov para comprarle todo su gas. El Kremlin mueve sus fichas al calor de la influencia política y de las golosinas económicas: Rusia y Kazajstán negocian la creación de un fondo de desarrollo regional en el marco de la Comunidad Económica Eurasiática (CEEA).  Gazprom ha aceptado sacrificar una parte de sus beneficios para afianzarse en el Asia Central, lo ha hecho con Uzbekistán y lo cocina con Kazajstán y Turkmenistán, aún a costa de tener que reemplazar los precios acordados en contratos a largo plazo, asumir tarifas el doble de caras que hace un año para Moscú y saltar la línea roja de la rentabilidad, al menos durante 2009.

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