Gazprom utiliza a Ucrania para subir el precio del gas a Europa
edición: 2534 , Viernes, 17 agosto 2018
07/01/2009
Rusia rentabiliza el conflicto

Gazprom utiliza a Ucrania para subir el precio del gas a Europa

De paso, 'fuerza' la construcción de nuevos gasoductos con el miedo a los problemas de suministro para salvar los escollos pendientes
Javier Aldecoa

Juega con el grifo del gas. Por más que ponga la escusa de la culpa ucraniana, aprovecha que su venganza pasa por Kiev para venderle más y más caro a la UE. Lo necesita para que cuadren sus cuentas y las ambiciones del Kremlin. Y lo prefieren por los caminos de Bielorrusia y Turquía. Gazprom bautiza la OPEP del gas con restricciones para Europa, opaca con amenazas las negociaciones pendientes con E.ON, RWE, GDF y Eni y hace del miedo el embajador de la pinza de precios que necesita con urgencia para suplir las líneas rojas de su producción. No es -no sólo- el suministro, sino las tarifas y las vías de distribución lo que está en cuestión. El presidente de Gazprom ha comenzado una gira por la UE para cosechar los resultados de su campaña de miedo, en precios, acuerdos y promesas de consumo. La deuda le pisa los talones a Alexei Miller pero antes de que Naftogaz y Gazprom echen su pulso cara a cara, las puertas para renegociar precios y condiciones estarán más abiertas.

No es casual que para los próximos meses Gazprom tenga en su horizonte oficial pagar unos 625 millones de dólares para elevar su participación de control en la red nacional de gasoductos de Bielorrusia. Ya durante la anterior crisis, en 2006, incrementó en un 25% el suministro con destino a los países europeos a través de esta ruta alternativa. Un camino que permite al Kremlin -que acaba de sellar un acuerdo con Bielorrusia- vender el gas más caro y sin pasar por los recelos de Kiev. Ucrania paga 179,5 dólares por cada 1.000 metros cúbicos de gas, y espera que esta cifra no supere los 240 dólares en 2009. Nada más lejos de la bitácora de Moscú y Gazprom, que le promete cobrarle a  Naftogaz 418 dólares -el precio de mercado -si no salda su deuda y firma nuevos contratos. Para empezar, nada menos que a 450 dólares por cada 1.000 metros cúblicos el gas que le acusa de haberle sustraído.

La reducción a menos de un tercio  de ese 80% del gas que Gazprom vende a Europa a través de Ucrania ha dejado a Bulgaria, Grecia y Macedonia sin suministro, al borde de la crisis energética y a Austria, Croacia y Turquía, Polonia, Eslovaquia, Italia, Grecia  y la República Checa con mucho menos oxígeno energético del que necesitan.  Gazprom presiona con la pinza ucraniana en las espaldas de sus aliados: la austríaca OVM, el mayor de Europa Central, sólo recibe el 10% del gas ruso previsto. Y Moscú ha respondido a las pretensiones de GDF-Suez de bajar los precios a los consumidores galos en abril con el recorte del 70% del gas a Francia. Gazprom se dribla a sí mismo en la pantomima: presentará demanda a la Corte Internacional de Arbitraje de Estocolmo, para obligar a Naftogaz de Ucrania a garantizar el tránsito de gas a Europa y ofrece a los consumidores europeos afectados por los cortes de gas presenten demandas contra Ucrania como signataria de la Carta Energética. Poco le importa que Ucrania le haya abonado los 800 millones del primer plazo de su acuerdo. Lo de Gazprom no es más que otro ‘interruptor’ en el circuito de su pinza de precios y producción. La puesta de largo por todo lo alto de la OPEP del gas que acaba de inaugurar. Pero esta vez, en la tradicional guerra del gas Moscú trata de hacerse fuerte en posiciones menos favorables: los precios mundiales del gas, fuertemente vinculados a los del petróleo, tienden a disminuir; y Ucrania tiene almacenadas reservas suficientes para tres meses (16.000 millones de metros cúbicos). Razón de más para estrecharle el cerco a los Veintisiete. El vicepresidente de Gazprom, Alexandr Medvédev, calcula que los países miembros de la UE tendrán que pagar el próximo año entre 260 y 300 dólares por cada mil metros cúbicos del gas ruso.

LA UE ENSEÑA SUS GRIETAS

La primera petrolera rusa se ha dejado rodar desde hace tres años por la cuesta de la voracidad. La compra de compañías enegéticas dentro y fuera de Rusia la ha dejado seca de liquidez, abocada a saciar sus deudas aporreando la puerta del Kremlin –espera 5.500 millones de su rescate- corta de reservas y dependiente de los vecinos asiáticos y las ex repúblicas soviéticas, a las que compra gas a 65 dólares para revenderlo a otros países a 250 o 420 -el precio medio a Europa Occidental en 2009-. A Gazprom se le afean los precios pero también el suministro, ahora que China puja más y mejor con Turkmenistán y Kazajstán. Necesita vender más, pero sobre todo le urge vender más caro. Saciar su liquidez; ejercer sin fisuras como ariete energético de las pretensiones de Putin y Medvedev y marcar el terreno a la competencia, a los accionistas de gasoducto Nabucco- la compañía austríaca OMV, la húngara MOL, la búlgara Bulgargaz, la rumana Transgaz, la turca Botas y la alemana RWE-, ahora que algunos habían comenzado a ‘patalear’ y que la presidencia checa amenazó con prescindir de Moscú y mirar al gasoducto del sur. 

Si Europa resisten los deseos de Moscú, no será, desde luego, por la fortaleza de las almenas comunitarias. La UE no ha hecho más que enseñar sus grietas. Ni los esfuerzos por marcar las distancias y las promesas de no entrometerse en un conflicto comercial, ni las lagunas de la cláusula Gazprom engañan a Moscú. Propuestas como la del puerto belga de Zeebruges, que asegura ser capaz de aprovisonar Bélgica y Europa Occidental con Gas Natural Licuado (GNL) son aún un espejismo. Lo sabe RWE, que ha tenido que recurrir a Noruega para hacer frente a una caída del 5% de su suministro. Y París: no es casualidad que un Sarkozy recién  defenestrado del trono europeo se apreste a ser embajador de buena voluntad con Moscú y Alexei Miller. Todo con tal de que sus promesas en las narices de GDF-Suez no se cumplan. Al menos no tan pronto.

Sólo el gasoducto Nord Stream se le puede complicar a Gazprom. GDF-Suez, E.ON, Total  y  ENI están dispuestos a ser introductores de embajadores.  París, Roma y Berlín no han querido manchar el cordón umbilical al  47% de su gas: disfrazan de espanto los puentes a Moscú, pero se los han tendido. Todos los países de Europa centromeridional han firmado acuerdos bilaterales con Rusia sobre suministro energético. Gazprom tiene en sus manos la principal arteria gasista de Europa, los 1.200 km del Nord Stream, la llave de su tranquilidad en cinco países y el 51% del accionariado de una tubería llamada llamado a cubrir hacia 2015 hasta el 25% de las necesidades de la Unión en las importaciones adicionales del gas natural, por mucho que el Parlamento Europeo y los países bálticos se opongan a su avance. Y, si nadie lo impide, también ejerce la pinza con la que cortar el bypass de Nabucco, un proyecto de 8.000 millones  de dólares auspiciado por Bruselas y Washington, que pone a dudar a sus inversores, a la vista de su origen azerbayano, de su exposición a Georgia y de los riesgos de su paso por las fronteras turco-georgiana o iraní hasta Austria. Nabucco está diseñado para reducir la dependencia europea de Rusia pasando por Azerbaiyán, Georgia, Turquía, Bulgaria, Rumania, Hungría y Austria. Pero no comenzará su despegue hasta 2013.

El pulso está servido, de lado y lado. Y Rusia ya acuna la amenaza de renunciar al dólar para sus exportaciones. Aviso para navegantes: habrá precios más altos. Y más gas, ya se lo ha dicho Gazprom a la cara de Sarkozy y GDF-Suez y delante de Wulff Bernotat, el presidente de E.ON, que ve cómo se chafan sus promesas a los clientes alemanes. El presidente de GDF pide reciprocidad, quiere su cuota de avidez en el mercado ruso, pero a Medvedev no le importa. Ha desplegado en su cara el desembarco parisino. Tanto que asusta el miedo de EDF, que pide ya un índice de tarifas europeas independientes.  Quiere ser el  grupo de referencia gasista de Francia. Y el de Italia, Austria y Bulgaria. Para empezar, promete triplicar su distribución en suelo galo para hacerla pasar de 1,5 a 3 millones de metros cúbicos en cinco años.  Alemania -con un volumen de intercambio anual de 50.000 millones de euros con Moscú-, le ha reabierto las puertas con la oposición franco-germana a la segregación de las energéticas y le tiende la alfombra roja a la arteria de su penetración en la Vieja Europa. Moscú, con la ampliación de su alianza con E.ON, avanza en el proyecto de gaseoducto submarino báltico, a pesar de las críticas de Polonia y Suecia. Pagan ya las facturas, desde hace meses,  los consumidores y las empresas teutonas: tras la última subida de un 25% en 2008, el precio del gas -dependiente de la armada energética rusa- podría subir este año un 40%, y un 75% en 2009 según los cálculos de la Cancillería. Y BP, si se consuma la entrada de Gazprom en el 50% del capital de KPN, pagará su alianza con el incómodo compañero de viaje.

LAS DEBILIDADES DE GAZPROM

Gazprom hace valer sus galones de mayor productor mundial de gas con Europa: provee el 26% del gas que consume el continente y tiene en sus manos la llave energética de 22 países, entre ellos Alemania, Italia, Francia y Turquía. Pero las entregas del gas ruso al mercado alemán disminuyeron en un 30% en  2007, así como el volumen de suministros a otros usuarios europeos: Hungría (44%), Bélgica (37,5%), Francia (20,69%), Italia (16,56%) y Austria (15,07%). Sólo el aumento de precios ha permitido un incremento del 31% de su beneficio en el primer semestre de 2008. A la vista de esa evidencia, Moscú se lo juega todo a la carta de más gas y más caro: prevé que sus exportaciones gasíferas a Europa aumenten un 37,8% hasta el 2015 y asciendan a 165.000 millones de metros cúbicos de gas en el 2009, frente a los 161.000 millones de metros cúbicos de este año. Y Gazprom necesita tapar sus miserias: Gazprom neft, su unidad petrolera, tendrá que cancelar  1.534 millones de dólares de deuda en 2009, casi la mitad de su deuda total, que no ha hecho más que crecer desde 2006.  Como los analistas advierten, puede tener el enemigo en casa, disfrazado de problemas de desabastecimiento, de urgencias de inversión y de la flaqueza de su músculo para nutrir un despliegue global que sólo sus ansias atisban. A la vista de esa evidencia, Moscú se lo juega todo a la carta de más gas y más caro: prevé que sus exportaciones gasíferas a Europa aumenten un 37,8% hasta el 2015 y asciendan a 165.000 millones de metros cúbicos de gas en el 2009, frente a los 161.000 millones de metros cúbicos de este año. Ni los vaticinios de los analistas -el precio caerá a entre 260 y 300 dólares en 2009- ni el viraje en el tablero de sus suministradores centroasiáticos ayudan.

Hace un año, Gazprom, aspiraba a convertirse en la mayor compañía del mundo por valor de mercado, y favorecida por los elevados precios del petróleo y el apoyo político del Kremlin, consiguió el tercer lugar, detrás de Exxon Mobil y General Electric. En vez de invertir en prospecciones y nuevas explotaciones, dedicó un capital inmenso de la compañía a adquirir empresas petrolíferas privadas, para convertir al Estado ruso en un nuevo monopolio. Hoy sólo cuenta con reservas para cubrir su demanda interna hasta 2010, su capitalización ha disminuido un 76% y los inversores internacionales han comenzado a deshacer posiciones en los ADR de la compañía, a la luz de su  elevada deuda y su dependencia de las decisiones de Vladimir Putin. Pone el dedo en un beneficio neto que casi se triplicó en el primer semestre de 2008 para despejar la atención de los agujeros negros de sus cuentas y el lastre de una deuda que le pisa los talones de sus pretensiones: 38.000 millones de dólares -la mitad que el conjunto de compañías del sector público y privado en la India, China y Brasil- un tercio de ellos reembolsables en junio de 2009. Hace menos de una semana que ha tenido que pedir un préstamo al estatal Vneshekonombank (VEB) a 500 puntos sobre el líbor para refinanciar una parte de un préstamo que tomó de Deutsche Bank en 2004 y no ha tenido más remedio que reducir su participación en el banco Gazprombank al 25%, la mitad.

Gazprom aprovecha y tiende los puentes a sus atajos sobre las espaldas del miedo europeo. Gracias al canje de acciones recién sellado con E.ON atesora ya en sus manos la participación del 49% que E.ON Ruhrgas -su principal accionista extranjero- tiene en la compañía rusa ZAO Georoosgaz. Acaba de anunciar la formación de una empresa conjunta con las italianas A2A e Iride para el suministro del gas natural a Italia entre 2008 y 2022. Si Total tiene en cuenta nuevos proyectos será con Gazprom, con la que ya comparte trabajo en el campo de Shtokman, en el Ártico. Enel produce ya el 5% de toda la electricidad que se genera en Rusia y está decidida a que lo que ha unido Serve  no lo separe nadie. Su compromiso con el Gobierno de Vladimir Putin es realizar inversiones a largo plazo de 8.000 millones. Barra libre de gas desde 2010 a cambio de la llave al atajo europeo sobre la Vieja Europa. No sólo con una participación en una de sus centrales en Italia -probablemente la del Adriático- sino por una mayor cuota del pastel accionarial -del 20 al 40%- en Seve Energía, a favor de la rusa.  Conti le despeja las puertas. Hasta la cocina de la italianidad. Que no es poco, a la vista de las turbulencias en el proyecto para la construcción del gasoducto que unirá Rusia con Alemania a través del mar Báltico tras la crisis por el conflicto de Georgia y las pataletas de Polonia y compañía, que se niegan en rotundo a recibir el gas de Putin y a ser la correa de transmisión de sus condiciones.

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