edición: 2831 , Miércoles, 23 octubre 2019
24/08/2010
Responsabilidad Social “estándar”

Género, Comunidad y Derechos Humanos, las nuevas piedras de toque de la Global Reporting Initiative

El organismo busca la revisión de estos aspectos en su afán por proporcionar una nueva guía más completa y actualizada
El reporte integrado es el objetivo del organismo como aval de una RSC más comprometida
Beatriz Lorenzo

Ha sido la pura necesidad de sobrevivir en tiempos revueltos la que ha conseguido en un periodo de tiempo relativamente breve lo que no había sido posible durante décadas de desmañada gestión corporativa: llegar a encumbrar el concepto de transparencia empresarial como valor esencial del nuevo modelo productivo más honesto y comprometido. Y es que no sólo los avances tecnológicos y la velocidad de las telecomunicaciones dificultan cada vez más las prácticas oscurantistas; la transparencia es también el mejor alimento para la confianza y el beneplácito de los grupos de interés, y se traduce a la larga en una mayor robustez a la hora de soportar tiempos difíciles. La necesidad de encontrar cauces de comunicación cada vez más fluidos y veloces ha llevado la revolución al -hasta ahora- tibio escenario del reporting corporativo, que no solamente se ve en la disyuntiva de remozarse, reinventarse y adaptarse a los tiempos, sino que debe enfrentarse también a los nuevos vientos de la integración y la armonización como medio idóneo para ganar en confianza y comparabilidad. En la Sociedad de la Información apenas hay ya lugar para los tradicionales reportes en formato papel, que durante décadas han sobrevivido maniatados y parciales, conviviendo con webs corporativas cuajadas de información sesgada o edulcorada, separando de forma radical la información puramente económica de la vistosa capa de maquillaje social y ambiental. Por el contrario, la armonización, la integración y el seguimiento de unas pautas prefijadas se revelan como los nuevos sellos de unos reportes más trabajados, veraces y comprometidos.

Ciertamente, la necesidad de integrar la información social y medioambiental con la relativa a gobierno corporativo enlaza con las últimas pautas de la Global Reporting Initiative. El organismo ha apostado recientemente por un único informe, el “Rethink Rebuild Report”, fijando el ambicioso objetivo de que hacia 2020 deberán existir unos estándares que aúnen los indicadores financieros, los sociales  los medioambientales. Para ello, se ha creado el “International Integrated Committee Secretary”. También otras instituciones tanto públicas como privadas abogan por la integración, como la consultora KPMG, que ha concluido tras una investigación al respecto que el vínculo entre todas las vertientes empresariales conlleva una mayor valoración por parte de los mercados. El estudio “Información Integrada”, elaborado por la consultora, señala que durante 2008 solamente un 3% de las entidades del Global Fortune 250 presentaron sus informes de manera integrada hasta el momento, una tendencia que, sin embargo, va claramente en aumento.

En el afán por fomentar el reporting responsable, Global Reporting Initiative ha abierto un periodo de consulta acerca de tres temas de referencia en la nueva guía G3: Comunidad, Género y Derechos Humanos. La creciente relevancia de estas tres cuestiones ha motivado el interés revisionista de la Global Reporting Initiative. En materia de género, se busca identificar las cuestiones clave y los aspectos que necesitan ser modificados, según una guía práctica dada a conocer de la mano de expertos de la Corporación Financiera Internacional.

AFÁN DE REVISIÓN

Más novedosas son las motivaciones que descansan tras el afán de revisar los aspectos relativos a la Comunidad. Ciertamente, el concepto de “impacto en la comunidad” precisa de una aclaración y actualización, sobre todo en lo que se refiere a las operaciones de negocio y actividades de la comunidad más allá de las puras inversiones o- en otro sentido- las acciones filantrópicas.

Así las cosas, a la hora de calcular la huella social conviene tener en cuenta el capital social, concepto que, en la conocida definición de Putman, alude a las interconexiones entre los diversos elementos que conforman el tejido social, personas, redes de personas u organizaciones y las normas de reciprocidad y confianza que derivan de ellas. El propio concepto de la Responsabilidad Social lleva inherente la idea de compromiso, integración, cooperación y vínculo entre las compañías y la comunidad. El capital social ha de orientarse a esa búsqueda, a la minimización de la huella social. Para Juan L. Doménech el desarrollo sostenible “necesitaría algo más que lo económico, lo social o lo ecológico para ser realmente sostenible; necesitaría ese ingrediente cultural "extra" (no solo el conocimiento laboral) que capacita a la persona a auto-desarrollarse y a auto-progresar. Sería un cuarto eslabón, el auto-conocimiento (el cual, a su vez, influye en el resto de sistemas), que supondría la culminación de la sostenibilidad”.

Un buen ejemplo de minimización de la huella social estaría compuesta por los negocios en la conocida como “Base de la Pirámide”-que engloba  a los casi dos tercios de la humanidad que no giran al ritmo de la enorme rueda del sistema económico mundial- y que ha ido tomando forma en los últimos tiempos. Los negocios en la base de la pirámide que realmente son transformadores de desarrollo social y económico reúnen características comunes, tales como el estar basadas en modelos de negocio que crean valor para la empresa y la comunidad, contemplar los elementos de la Triple Bottom Line (impacto social, económico y medioambiental de la actividad empresarial) y tener potencial a gran escala para conseguir un impacto transformador sobre la sociedad y generar beneficios económicos.

Por último, en materia de Derechos Humanos, priman las recomendaciones del Pacto Mundial de Naciones Unidas y las pautas marcadas por el proyecto “Derechos Humanos. Un Llamado a la Acción” que busca fomentar la integración de los derechos humanos en las memorias de responsabilidad corporativa desde un enfoque más real y pragmático, más allá de la pura ética y las elucubraciones teóricas.

Así, a través de su labor de integración y revisión continua, la labor de GRI entronca con conceptos como el de la Triple Bottom Line, herramienta para  la que las dimensiones social, financiera y medioambiental soportan de forma equitativa el peso de las compañías, yendo más allá de la Responsabilidad Social como herramienta “decorativa” y desgajada del modelo de negocio.

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