edición: 2306 , Martes, 19 septiembre 2017
02/03/2011
Desarrollo Sostenible

Gobernanza global sostenible, el desafío del siglo XXI

Beatriz Lorenzo

A medida la recuperación global de la crisis financiera da sus primeros pasos, los reguladores, el sector público, las organizaciones y demás grupos de interés se ven cada vez más en la necesidad de examinar el comportamiento de las empresas más de cerca que nunca. A la luz de los recientes escándalos corporativos, los stakeholders son muy conscientes del modo en que una mala gestión de los aspectos ASG (ambientales, sociales y de buen gobierno) puede dañar seriamente la reputación de una compañía. Sin embargo, el desarrollo sostenible y la Responsabilidad Social como herramientas no se reducen únicamente al ámbito corporativo. También el sector público y los organismos internacionales se configuran como vórtices imprescindibles a la hora de dar pie a un nuevo modelo de gobernanza global, más sostenible y orientada a la supervivencia a largo plazo.

La idea de un modelo de gobernanza global sostenible urge cada vez más en la actual situación, no sólo económica, sino también social y geopolítica. La conservación de la tierra y los espacios y recursos naturales aparece cada vez con más relevancia en la búsqueda de un desarrollo sostenible. Naciones Unidas calcula que en total casi 20 millones de hectáreas de tierras de cultivo- un área equivalente a la mitad de tierras cultivables de toda Europa- ha sido vendida o está en proceso de adquisición en el tercer mundo. Uno de los estudios más completos sobre la cuestión es probablemente el publicado en 2009 por el Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo (IIED), que certifica que la apropiación de tierras es un fenómeno en ascenso, y advierte de que es cada vez mayor el riesgo de que campesinos pobres acaben siendo expulsados de sus tierras o pierdan el acceso al agua y a otros recursos. Además, el neocolonialismo agrario le arrebata sin duda el trabajo al campesinado y crea tensiones sociales extremas y violencias civiles. En relación con este tema, la biodiversidad y su gestión se están convirtiendo en los temas clave de la agenda sostenible de los últimos tiempos. 

En esta línea, el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD) anunció la semana pasada en Tokio que está preparando una Guía Corporativa de Valuación de Ecosistemas que proporcionará un marco para las empresas a evaluar y valorar su impacto y dependencia en la diversidad. ”Las empresas que entienden y valoran su ecosistema tendrán una gran ventaja sobre sus competidores”. La guía de valoración, que WBCSD lanzará el segundo trimestre de 2011, ayudará a las empresas a poner en práctica los objetivos y las soluciones propuestas por el estudio de la Economía de los Ecosistemas y Biodiversidad (TEEB), una importante iniciativa internacional impulsada por los ministros de Medio Ambiente del G-8 para analizar los beneficios económicos globales de la diversidad biológica y los costos de su pérdida.

ECOLOGIZACIÓN

En general, las pautas marcadas para buscar solución a los problemas globales se orientan cada vez más por la senda del desarrollo sostenible. Nacen así conceptos como el de la “ecologización de la economía”, que tuvo ya su origen en el Informe Brundtland de 1987, que el define al desarrollo sostenible junto al rol del crecimiento económico, la equidad social y el papel de los poderes políticos: “Responder a las necesidades esenciales requiere no sólo una nueva era de crecimiento económico para las naciones en las cuales la mayoría es pobre, sino también la seguridad de que los pobres recibirán una porción justa de los recursos necesarios para mantener el crecimiento económico. Tal equidad debiera ser apoyada por los sistemas políticos para que aseguren la participación real de los ciudadanos en decisiones políticas y una mayor democracia en las decisiones internacionales”.

Así las cosas, la creación de un “Forum Global por la Sostenibilidad” se perfila como la nueva meta de entidades como Greenpeace y el Instituto Ethos de Empresas y Responsabilidad Social, que lanzan la iniciativa aprovechando la Cumbre de Río+20. Así, el Instituto Ethos asegura que para alcanzar la visión de una economía inclusiva, verde y responsable, será necesario desarrollar un conjunto de acciones que formarán parte de una amplia agenda nacional y suprapartidaria. “Esa agenda deberá elaborarse en un abarcador proceso de movilización social que involucre las principales fuerzas de cambio, con influencia en las políticas y mecanismos de mercado que van a sustentar y orientar los procesos económicos”, asegura el organismo.

De ese modo, en un informe publicado por Ethos, se establece que la economía inclusiva, verde y responsable que se impone al mundo en función de los desafíos ambientales, sociales y éticos debe orientarse por los factores estratégicos: valores e innovación. Hay que desarrollar los valores que darán soporte a actitudes que abran nuevos campos de visión, de producción de conocimiento y de comportamientos sustentables. Además de eso, se habrá de estimular una mayor inversión en investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, procesos y relaciones mercantiles y de producción, estimulando un ciclo de innovación en busca de sistemas sustentables de producción, distribución y consumo de bienes y servicios.

Además, a nivel europeo la Comisión Europea ha anunciado el desarrollo de nuevos indicadores para evaluar los avances de los Estados miembros en pro de una “economía más verde”. Son tres los nuevos indicadores que pretenden ponerse en marcha; para medir la ecoeficiencia, la productividad de los recursos –que calibra el grado de uso o abuso de los recursos naturales-y para medir los impactos ambientales y el modo en que se gestionan los residuos. Se trata de ampliar el concepto de desarrollo sostenible tanto en el ámbito público como privado, estableciendo así un sistema de “gobernanza verde” global.

Sin embargo, el camino por recorrer es todavía largo. El reciente Informe “Riesgos globales 2011” del World Economic Forum señala que el mundo está “enfrentándose a graves limitaciones básicas en cuanto al agua, los alimentos y la energía. Las poblaciones y el consumo creciente, además del cambio climático, aumentan este desafío, mientras que las interconexiones entre estos problemas dificultan una adecuada respuesta”. Es más, esta escasez es susceptible de provocar tensiones e inestabilidad a nivel social y geopolítico, haciendo que se tambalee todavía más el ya de por sí endeble tablero de juego de la economía mundial.

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