edición: 2287 , Miércoles, 23 agosto 2017
19/11/2012
Ni la Ley de Reestructuración bancaria ni el Real Decreto para la Sociedad definen el capital de la misma

Gobierno y banca siguen negociando las condiciones para la entrada de esta en la SAREB

Los bancos temen que haya un traslado del riesgo hacia arriba, de la SAREB a las entidades que participen en su capital
Carlos Schwartz

Una ley y un real decreto publicados el 15 y16 de noviembre dan cuenta del nivel de dificultad con el que ha tropezado el Gobierno a la hora de definir la capitalización de la denominada “Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria", en adelante SAREB. La constitución de dicha sociedad ha tropezado con la resistencia de los grandes bancos a integrarse en ella porque el objetivo del Gobierno es que sean las entidades de crédito las que sufran las primeras pérdidas por el traspaso de activos dañados con el dudoso aliciente de que en el futuro se rentabilizará la operación de saneamiento bancario. La posibilidad de que la adquisición de activos inmobiliarios den beneficio en el futuro con la perspectiva de un mercado en caída libre y sin referencia de precios no convence a los bancos. Pero, lo que es peor, es que temen y con razón que haya un traslado del riesgo hacia arriba, de la SAREB a las entidades que participen en su capital, ya que la sociedad y sus vehículos van a sufrir pérdidas durante los primeros años de actividad.

“Ese asunto no está cerrado” afirmaba este fin de semana una fuente de medios financieros a la pregunta de cuando sería constituida la SAREB de la cual deberán pender una serie de gestoras de Fondos de Activos Bancarios (FAB). El viernes, la onda de rumores, confirmaciones y desmentidos acerca de los bancos que estaban dispuestos a participar como socios había impuesto la confusión sobre el escenario más probable. “Las entidades están intentando obtener a título individual contrapartidas por su participación y todavía es prematuro saber quienes van a entrar y quienes no. Es cierto que algunas, por sus adquisiciones al FROB, tienen un mayor compromiso con el Gobierno, pero al mismo tiempo buenos argumentos para no participar. Como es lógico todos quieren algo a cambio”, afirmaba la fuente consultada. El Gobierno ha visto tambalear sus esfuerzos en torno a lo que pintaba muy bien en el papel, pero que no es más que un ejercicio de ingeniería financiera.

“La cuestión central para el Gobierno es romper el eslabón inevitable entre crisis bancaria y deuda pública forzando a los bancos a entrar en el capital de la sociedad con mayoría accionarial y desembolsando dinero”, de acuerdo con las fuentes consultadas. Si más del 50% del capital está en manos privadas la Unión Europea (UE) no considerará a la SAREB como un instrumento del Estado. Por lo tanto la financiación que esta extienda a los bancos de un lado, ni las pérdidas en las que incurra, tendrán la consideración de deuda pública aunque tengan aval del Estado. La batalla entre el Gobierno y la banca en torno a la entrada en el capital de esta sociedad queda reducida a este problema. El modelo es la National Asset Management Agency (NAMA) de Irlanda constituida en 2010. El 51% del capital de NAMA era privado, pero estaba en manos de filiales de bancos que tuvieron que ser rescatados a su turno por el Estado en 2011. En el proceso de venta de esos bancos a otros inversores el Estado se quedó con el 66% de NAMA. Es decir que al cabo del camino los problemas de liquidez de la banca no fueron resueltos, los bancos siguen sin dar crédito y el Estado es mayoritario en el banco malo de Irlanda.

La existencia de un verdadero obstáculo en la concreción de la SAREB queda al desnudo por los alcances de la Ley 9/2012 de Reestructuración y resolución de entidades de crédito que define en cinco puntos de su capítulo VI la naturaleza de dichas sociedades como destinatarias de los activos dañados, pero mientras desarrolla la transmisión genérica de los activos no define a las sociedades más que como instrumentos para el saneamiento de los bancos. El Real Decreto 1559/2012 por su parte se limita en su Artículo 18 a señalar que: “El importe inicial del capital social y la prima de emisión serán determinados por el FROB en función del volumen previsto de actividades y operaciones de la SAREB y las necesidades financieras esperadas”. Es decir, no se establece de cuánto será su capital ni como se habrá de distribuir. El Gobierno esperaba tener estos elementos definidos para cuando los instrumentos legales se hicieran públicos, pero eso no ha sido posible porque hasta ahora no han logrado un acuerdo amplio sobre el particular con sus “socios”.

El Real Decreto en su Artículo 19 se extiende en quienes pueden ser socios de la SAREB. Pero poner en papel las atribuciones de una sociedad instrumental destinada a ser receptora de los activos dañados de las entidades financieras no forma parte de ningún arcano. Sobran los modelos. Lo que es difícil es constituirlas, como lo está demostrando la propia experiencia del Gobierno estas semanas. Para peor en el sector hay plena conciencia de que este proceso no va a resolver los problemas de liquidez de la banca ni esta quedará en disposición de reactivar el crédito al sector privado una vez transmutados en oro degradado sus activos dañados. La semana pasada una fuente de la Administración difundió la especie de que el capital se limitaría inicialmente a 5.000 millones de euros. De acuerdo con la misma 1.000 millones serían en dinero y 4.000 en bonos subordinados. Algunos medios de prensa afirmaron que de esos mil millones la banca aportaría 500, y que sobre esa base habría acuerdo.

No parece muy limpio este razonamiento, porque la banca debería tomar el 51% del capital para hacer bueno el modelo que el Gobierno propugna, y hasta donde se puede colegir 500 es solo el 10% de 5.000. El 51% serían 2.550 . Sin embargo, el principal problema es que la entrada de la banca en la SAREB va a reforzar la correlación entre el riesgo de los bancos y el riesgo país, algo de lo cual las entidades de crédito son bien conscientes.

A lo largo de esta semana el Gobierno debería dejar zanjado el misterio de la composición de capital de la sociedad y anunciar quienes serán sus socios privados. Como han dejado al desnudo con la Ley de Reestructuración y resolución de entidades de crédito y el Real Decreto de Régimen jurídico de las sociedades de gestión de activos, el nudo del problema es el capital de las sociedades. Sin dinero no hay saneamiento, solo hay ingeniería financiera. Por cierto, el NAMA en el cual filiales de bancos al borde la quiebra aportaron 51 millones de euros para un capital total de 100 millones utilizó un factor de apalancamiento de 35. Es decir emitió deuda por 3.500 millones de euros. Valiente modelo.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2017 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...