edición: 2287 , Miércoles, 23 agosto 2017
24/10/2014
Malestar de la banca

Gobierno y Banco de España crean falsas expectativas sobre el crédito tras las pruebas de estrés

Presión reguladora, presión política y desconfianza económica, obligan a extremar la cautela al sector
Juan José González

En teoría, las pruebas de resistencia de la banca, cuyos resultados se conocerán este domingo, son consideradas como la piedra angular del futuro del sector bancario en Europa; de la Unión Bancaria. Y para ello, el Banco Central Europeo quiere contar con unas entidades financieras sanas, cuyos balances no escondan peligros y puedan contestar con fuerza ante cualquier amago de crisis. Para ello, y entre otras medidas, ha establecido que las 128 entidades consideradas como sistémicas, cuenten con una solvencia garantizada por una base de capital suficiente, y evitar así que se repitan en el futuro algunos problemas del pasado. Las pruebas, o test de estrés, son de carácter indicativo y están orientados a dar credibilidad y a aportar confianza en los agentes económicos, lo cual debe redundar en una normalización del crédito. Para el Gobierno español, igual que para el resto, el aprobado que parece adelantar todas las fuentes "bien informadas", es la panacea, el pistoletazo de salida para que la liquidez que abruma y rebosa en las cajas, vea, al fin la luz en el mercado.

El Banco de España está plenamente identificado y corrobora y se esfuerza en potenciar el mensaje del Ejecutivo con falsas expectativas, como por ejemplo que, a partir del domingo, se producirá una explosión en toda regla del crédito. Habrá que estar preparado. La presión ha ido en aumento a medida que se acercaba la fecha en que se conocerán las notas del examen. Opiniones del ministro de Economía sobre la buena salud del sistema bancario español, así como las procedentes del Gobernador del Banco de España, han creado todo un cúmulo de expectativas de futuro de dudoso cumplimiento. 

La primera y más espectacular es la que hace referencia a la pretendida explosión que se producirá con el crédito, el cual comenzará a fluir tan ligero como el agua. Es la opinión del Gobernador del Banco de España de hace apenas tres semanas, y que no hace, si no ampliar un poco más el mensaje del ministro de Economía, satisfecho por el valor, no tanto (o no sólo) por el peso económico del mismo, sino también, por la carga política que conlleva.

Presión, exceso de expectativas y mensaje político, se combinan de esta forma y se transforman en malestar en el sector bancario, cuya estrategia en el último año se viene caracterizando por la prudencia. Una actitud de no arriesgar que contrasta con la oficial del Gobierno y del Banco de España en adelantarse a los hechos para vender la piel del oso. Porque el debate de fondo es que el sector bancario comience a abrir el grifo del crédito, algo que no pasa necesariamente por la obtención de una buena calificación de la solvencia de las entidades financieras. En este sentido, los bancos han decidido tiempo atrás conservar a buen recaudo la liquidez y evitar los riesgos hasta no haber comprobado que el horizonte parece más despejado.

La opinión más compartida en el sector el presente ejercicio, la expresa claramente un alto directivo bancario, afirmando que "está resultando ser de una complejidad técnica distinta a la de años precedentes". En lo que va de año, los ingresos del sector por los créditos, se encuentra a niveles de hace diez años, y la rentabilidad sigue en descenso a pesar de la notable bajada del coste de los depósitos. La producción crediticia había repuntado en los primeros de año si se comparan con el año antes, pero resulta insuficiente para mantener la totalidad de la cartera y, mucho menos para aumentar los créditos. Por tanto, la rentabilidad sigue a la baja.

Lo cierto es que el sector continúa confuso y sin ver claro ese horizonte, horizonte económico que no termina de asegurar cuánto crecimiento económico se espera para, a continuación tomar decisiones de inversión. Los bancos españoles han seguido en líneas generales, la misma actitud de prudencia respecto al futuro. Quieren evitar que se repitan episodios como sucedió en alguna, que se vio obligada a hacer una desinversión de urgencia, de último extremo. En cualquier caso, la superación del examen del BCE no va a tener un efecto inmediato sobre la actividad crediticia en España y, como ya han adelantado algunas de las entidades que estos días presentan resultados trimestrales, la estrategia de la prudencia ante la revisión de la calidad de los activos, sigue en su plena vigencia, puesto que la salud del balance se deberá seguir manteniendo de la misma forma que continuarán las provisiones en sus niveles más altos.

En esta situación, el sector hace sus cuentas considerando que las pruebas de estrés que se vienen produciendo a lo largo de estos últimos ejercicios, no hacen más que reforzar el capital y mantener las provisiones, es decir, mayores y crecientes exigencias que, lejos de liberar recursos, han reforzado las rigideces y el estrangulamiento para la producción crediticia, todo lo contrario de facilitar la apertura del grifo. Por tanto, hasta que no se clarifique el futuro económico en Europa y se suavice el impacto regulatorio sobre el crédito, va a ser complicado que el Gobierno y el Banco de España vean cumplidos sus optimistas pronósticos sobre la explosión crediticia que al parecer viene después de las pruebas de estrés.

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