edición: 3025 , Viernes, 7 agosto 2020
26/06/2020
Denominador común de las economías de Francia, Italia y España

Gobierno y estructura económica, cómplices del desastre que apunta el FMI

No sólo el turismo, sino también un sector empresarial superpoblado de empresas pequeñas y microempresas son la parte del sistema económico más insegura y vulnerable que se repite, en distinta forma y magnitud, en todas las crisis económicas
Juan José González
De nuevo las instituciones y organismos supranacionales acaparan la atención pública. En esta ocasión, el grito procede del Fondo Monetario Internacional que desde un hipotético horizonte lejano pronostica un desastre económico, mayor aún que el cocinado en los hornos de casa del Gobierno pero en línea con el Banco de España, que ahora reclama la medalla de haber sido el primero en lanzar una cifra que a nadie gustaba ni nadie quería considerar. Que las previsiones del FMI sean habitualmente un tanto `radicales´ por exageradas y/o desmesuradas, puede animar a los más optimistas o a los menos pesimistas. Pero lo cierto es que la voz del FMI se ha escuchado con la suficiente claridad como para razonar que sus cifras no deben andar muy lejos de lo que puede deparar el futuro para la economía europea. Incluso muchos habrían señalado al escucharlas que el Fondo se confundirá, como siempre. Y como siempre deben ser los datos y las cifras valorados en sus justos términos, lo que no resta para que se puedan extraer algunas consecuencias positivas de las previsiones del FMI y se desprendan de estas algunas interpretaciones y conjeturas, pues también el Fondo trabaja con conjeturas. Aceptando que el "mal de muchos..." no debe servir de consuelo, sí hay que tener en cuenta que en ese grupo de calamidades se produce un triple empate que no debe ser soslayado, pues la previsión técnica apunta a que España (-12,8%) viaja en la desgracia junto a Italia (-12,8%) y Francia (-12,5%) pues los tres socios se mueven con caídas del doce y pico de su riqueza nacional, es decir, por encima de la media europea que el organismo económico sitúa en el 10%.
Se podría decir entonces que es probable que los tres Gobiernos y las tres economías tengan algo en común; seguramente, sus sistemas económicos, sus estructuras fiscales, sociales, empresariales... tendrán muchos aspectos en común, pero también es cierto que todos ellos, a su vez, dependen de las normativas comunes de la Unión Europea. Por tanto, si se da ese denominador común entre los tres socios, como también la caída prevista del PIB, es probable que la autoría de la catástrofe económica no sea responsabilidad única de las gestiones de los Gobiernos. Lo que no les exime de reproches y acusaciones de ineficacia en numerosos momentos de la crisis en estos últimos tres meses.

La actuación de los tres Ejecutivos nacionales (España, Italia y Francia) ha puesto de manifiesto no sólo numerosas carencias de la gestión política, reflejo del escaso acierto y menor talento del que se esperaba de los actuales gobernantes. La crisis de la pandemia deja al descubierto en los tres casos, suficientes carencias estructurales de las economías que han influido en la catástrofe. El sistema sanitario y la llamada seguridad social, así como los servicios asociados a estos se han mostrado insuficientes y deficientes. Como también la fuerte dependencia de la riqueza nacional (común también en los tres Estados) ha provocado un desastre, un roto en las economías que siguen dependiendo en exceso de las mismas industrias. En este sentido, se repite, crisis tras crisis, las mismas características estructurales de la economía y sus sectores, como también la dimensión de las empresas, particularmente en España, donde a paesar de que las pymes concentran la mayoría del empleo, se convierte el sector de las pymes y el turismo con sus industrias auxiliares, en puntos débiles e inseguros del sistema económico. De ahí que la estructura económica española, como las de franceses e italianos, deberían ser revisadas. Y no sólo por iniciativa nacional sino también de la Unión Europea.

El nivel de deterioro que se espera en el corto y medio plazo de las economías europeas, aunque basado en estimaciones y conjeturas técnicas están referenciados a una situación nueva como es una pandemia. No se tienen noticias o referencias contemporáneas de la eficacia en la aplicación de terapias y medicinas, fiscales o monetarias en las últimas crisis: ni siquiera serviría la más reciente financiera de 2008 por su menor tamaño, como tampoco la Gran Depresión al tratarse de estructuras económicas y desarrollos muy alejados en el tiempo. 

La muy larga convalecencia de las economías debida a la crisis de 2008, ha pillado al sistema inmunológico occidental con escasos anticuerpos y ha imposibilitado una reacción más eficaz de las herramientas clásicas -políticas fiscales, monetarias, sociales, económicas e industriales-. De modo que la pandemia se ha encontrado con el terreno abonado para causar males, daños y destrozos. Doce años, nada más y nada menos, desde aquella crisis financiera, Europa es ahora un grupo de pacientes que aguarda en la sala de espera de un consultorio médico que un facultativo le prescriba una medicina para resolver los males. Pero la medicina parece alcanzar por el momento sólo para calmar el dolor.

Las economías europeas, en particular, las del sur de Europa, registran de nuevo la misma patología que en crisis anteriores, y continúa con la misma debilidad que en ocasiones anteriores, con unas deudas y déficits que no permiten la recuperación de los enfermos. Deudas y déficits que apenas permiten un margen de movimiento para actuaciones de urgencia, para cubrir, por ejemplo, las necesidades sociales. A la hora de buscar responsables, la primera mirada se dirige a los Gobiernos y sus gobernantes, primeros responsables en una parte importante de las gestiones en el corto y medio plazo de las decisiones, de la gerencia de las crisis. Cabe pensar, sin embargo, que el análisis sobre presuntas culpabilidades de una crisis no debería limitarse a juzgar comportamientos, medidas y decisiones de los gerentes políticos sino también en profundizar en los sistemas fiscales, las estructuras económicas y productivas, el sistema normativo que rige las relaciones económicas y sociales. Porque es probable que la otra parte de la responsabilidad de las crisis se deba a su ineficacia. Aunque también es cierto que esta última depende siempre de los gobernantes.

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