edición: 2865 , Viernes, 13 diciembre 2019
14/11/2019

Google anuncia que ofrecerá cuentas corrientes a sus usuarios mediante acuerdos con dos bancos

La plataforma tiene actividad financiera a través de Google Pay pero este paso tiene distinta proyección
Carlos Schwartz
Google anunció un acuerdo con Citibank y con Stanford Federal Credit Union, una cooperativa de crédito, para ofrecer cuentas corrientes a sus usuarios sin necesidad de solicitar una licencia bancaria en Estados Unidos, algo que allí difícilmente lograría. De tal suerte que si se analiza el anuncio lo que se destaca es que la oferta de cuentas corrientes es en realidad un pacto comercial entre la plataforma de Internet y un gran banco y una cooperativa de crédito poco relevante en el sistema financiero estadounidense.
La asociación de ex alumnos de la Universidad de Stanford es socia de la cooperativa, y ésta brinda servicios a los estudiantes. El ejecutivo de Google, César Sendagupta, explicó que como ex alumno de esa Universidad estaba afectivamente ligado a la cooperativa y que muchos empleados de Google abrirían seguramente cuentas allí. Google informó que aún no tiene decidido si va a cargar comisiones por la gestión y administración de las cuentas que se alojarán en los respectivos bancos y bajo su nombre, pero que serán comercializadas y gestionadas por la plataforma digital. No está claro de qué forma este gigante de Internet va a sacar dinero del invento.

Citibank es uno de los bancos más grandes del sistema financiero estadounidense asolado en algunos periodos de su historia, no muy distantes, por problemas de solvencia, pero a pesar de su dimensión su red de sucursales es limitada por comparación, por ejemplo, con JPMorganChase. Por lo tanto, tener un convenio con Google tiene todo el sentido del mundo. Si se piensa en esos términos, tanto Citibank como la cooperativa de crédito Stanford, van a recibir de la plataforma de Internet una masa de clientes significativa si se hace una comercialización agresiva. Esto colocaría a Google en la posición de obtener ingresos sobre las cuentas corrientes que genere para ambas entidades. La naturaleza del acuerdo no se ha hecho pública, y por lo tanto estos aspectos se mantienen lejos de la mirada de la opinión pública.

Google tiene una aplicación denominada Google Pay que es un medio de pago electrónico que ha sustituido a Android Pay y Google Wallet. En realidad es sólo una pasarela electrónica en la que se alojan las tarjetas de crédito del usuario. Mediante un acuerdo con los emisores de tarjeta y los comercios Google obtiene su tajada en materia de ingresos. Es decir que, así como no tendrá cuentas corrientes propias, no tiene una tarjeta de crédito propia. Alphabet, la empresa cabecera de Google y otras plataformas de su propiedad, dice que la información que se genera en Google Pay no se cede a nadie. Hasta que no se demuestre lo contrario esto es así en lo que respecta a sus afirmaciones.

Pero la información que se genera en materia de transacciones, tanto por Google Pay, como por las cuentas corrientes que estarán disponibles a través de la plataforma el año que viene, estarán en manos de Google. Es decir que quedan al alcance de Alphabet, la use o no, una masa de información sobre hábitos de consumo, capacidad económica, ingresos y pagos, de millones de usuarios, quizá en algunos casos de decenas de millones. Este hecho va a atrapar la atención de los legisladores y reguladores dentro de la jurisdicción de Alphabet, de eso no cabe duda. Entre otras cosas porque los legisladores estadounidenses tiene en el punto de mira a las grandes plataformas de Internet, al igual que los reguladores de la Unión Europea. Una de las grandes fuentes de ingresos de Google es la venta de publicidad y ya es objeto de investigación del regulador europeo la cesión de información de usuarios a las empresas de publicidad que gestionan la inserción de anuncios en tiempo real mientras los usuarios miran páginas web en el buscador homónimo.

Apple también tiene un medio de pago electrónico, Apple Pay, que funciona de manera similar al Google Pay. Pero además se ha asociado a Goldman Sachs para emitir una tarjeta de crédito. La tecnológica ha tenido problemas con el banco con el que se asoció para la tarjeta porque la comercializó como un producto propio, afirmando que era una tarjeta que no había sido diseñada por un banco, cuando en realidad su emisor es Goldman Sachs, y Apple es una boca de venta para colocar el medio de pago entre los usuarios de sus terminales. Facebook tuvo la idea de lanzar una criptomoneda propia, Libra, pero la integridad del consorcio que formó se resquebrajó muy rápido bajo la presión de los reguladores que comenzaron a poner condiciones duras al ingenio y a hacer preguntas difíciles de contestar.

No está claro que ese proyecto vaya a sobrevivir. Lo que está claro es que las gigantescas plataformas de Internet estadounidenses expresan de forma acabada la tendencia a la monopolización de la oferta de bienes y servicios propia del sistema económico y social con el que convivimos. Lo que Alphabet, la propietaria de Google, no agita mucho es el hecho que en diciembre de 2018 obtuvo una licencia bancaria en Lituania, es decir en la Unión Europea. Atención “banca europea”. La plataforma está en la mira de los reguladores de la competencia en Europa por varios motivos, no sólo su manejo de la información de usuarios en la publicidad, también está bajo presión el sistema operativo de telefonía móvil Android de su propiedad. 

Pero el centro del negocio de Alphabet de momento sigue siendo la información, que es sobre lo que pivota su buscador, el gran negocio del grupo. Por ello, cada vez que el propietario de la plataforma incursiona más en profundidad dentro del territorio de la información, más preguntas surgen y más complejo se hace su papel de monstruo que domina todas las esferas de los servicios. Alphabet anunció esta semana haber firmado un acuerdo con el segundo grupo de salud privada de Estados Unidos, Ascension, con 50 millones de pacientes asegurados. El servicio de nube digital de Alphabet va a gestionar la base datos de Ascension, una sociedad cristiana sin fines de lucro, y tendrá acceso a los datos confidenciales de enfermedades, tratamientos, expectativas de vida, consumo de medicinas, de esos 50 millones de personas cubiertas por Ascension. 

Desde luego que Alphabet afirma que esos son datos confidenciales de los cuales no se puede hacer uso. La cesión de esa información a un tercero para almacenar es legal de acuerdo con la legislación estadounidense, y es legal también utilizarla y analizarla para fines específicos relacionados con el cuidado de la salud. Si esa información se utilizara para otro tipo de investigación se quebrantaría la ley. La complejidad de las plataformas y su acumulación de información, cada vez más sensible, comienza a dotarlas de una vis cada vez más amenazadora. Llegará un momento en que los estados deberán determinar qué es negocio privado y qué es interés público. Como en el caso de Libra.

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