edición: 2910 , Viernes, 21 febrero 2020
26/11/2019

Google tropieza con objeciones a la compra de Fitbit por la sensibilidad a su tratamiento de datos

Organizaciones de consumidores temen que la información se ceda individualizada al sector de la salud
Carlos Schwartz
Una serie de organizaciones vinculadas a la defensa de la privacidad de los datos han solicitado a la Comisión Federal de Comercio estadounidense (FTC, por sus siglas en inglés) que no autorice la adquisición del fabricante de componentes usables Fitbit por parte de Alphabet, el propietario de Google, anunciada a primeros de mes. La operación por importe de 2.100 millones de dólares fue aceptada por Fitbit en noviembre. La empresa fabrica monitores usables por los consumidores que registran datos relevantes como la presión sanguínea, la frecuencia cardíaca, las distancias recorridas, con los cuales se pueden hacer valoraciones de interés para el análisis de la salud de los usuarios de estos objetos. Pero la masiva recogida de esos datos permite, mediante su tratamiento, hacer valoraciones generales de importancia significativa. Tal es así que Fitbit ha firmado una serie de convenios desde hace algún tiempo con la aseguradora United Healthcare y más recientemente con los laboratorios estadounidenses Bristol-Myers Squibb y Pfizer.
Con éstos tiene una alianza para el desarrollo de un sensor y su algoritmo, destinados a detectar la fibrilación atrial que puede servir para determinar la posibilidad de un infarto de miocardio. Fitbit fue mudando su razón social y sus objetivos de forma sesgada y de manera creciente hacia el sector de la salud de forma tal que en su descripción pública la sociedad se define como “una de las bases de datos más importantes de actividad, ejercicios y sueño”. Los ingenios usables de esta marca tienen una cuota de mercado estimada del 24% frente a un 38% de Apple con su Apple Watch y del 11% para Samsung en Estados Unidos, aunque en el resto del mundo la mayor cuota la tiene la china Xiaomi, seguida por Apple con el 15% y Fitbit con el 10%. Pero el sector de la salud es un territorio en el cual Google ha fracasado hasta ahora, tras cerrar en 2011 su operación denominada Google Health, por falta de interés de los usuarios. Fitbit por el contrario se ha extendido y tiene una comunidad de usuarios muy importante, pese a lo cual sus cuentas siguen sin arrojar beneficio, con pérdidas en 11 de los últimos 12 trimestres registrados.

Tras el anuncio del acuerdo Google señaló que la información de Fitbit no sería cedida para su división de anuncios y que se mantendría dentro del marco de la confidencialidad. Pero ni Fitbit ni Google operan en el terreno de la sanidad, por lo cual no están obligados a los términos de confidencialidad que priman en ese sector. Sin embargo, la cuestión que han suscitado las organizaciones que se oponen a la venta, es que Google es una de las mayores bases de datos de la actividad de su inmensa masa de usuarios, desde la localización hasta los desplazamientos, además de otros datos personales sumamente confidenciales. Lo que puede dar pie a la combinación de los datos obtenidos por vía de Fitbit con los que obtiene Google a través de sus diversas comunidades de usuarios, además de la que recoge de forma pasiva mediante los sistemas de altavoces y otros dispositivos que acceden a la información de los usuarios sin su conocimiento o sin consentimiento expreso.

Esto permitiría a Google atrincherarse en una masa de información sumamente confidencial cuyo uso puede ser una fuente de ingresos significativa para Alphabet. “Google no debe obtener el control de los datos sensibles e individualizados de Fitbit, que pueden ser integrados con datos de sus actuales servicios para atrincherarse en su poder monopólico”, de acuerdo con los grupos entre los que se cuentan Open Markets Institute, Public Citizen, y Electronic Privacy Information Center. “Mediante su vasta cartera de servicios de Internet, Google sabe de nosotros más que cualquier otra compañía, y no se le debería permitir agregar una nueva forma de rastrear cada uno de nuestros movimientos”, señala la solicitud. Las objeciones han surgido a pesar de los compromisos expresados por ejecutivos de Google tras el anuncio de la operación en blogs corporativos de que la información no sería cedida a nadie, incluida Google Adds, y que los usuarios tendrían acceso a revisar y eliminar sus datos personales.

La gestión de la información de sus usuarios ha sido la base de la acumulación de ingresos por parte de Google, algo que está por ejemplo en la base de su facturación de publicidad mediante Google Adds. El sector de la salud representa un18% del producto interior bruto anual de los Estados Unidos. Todas las tecnológicas que recogen datos de usuarios en sus sistemas aspiran a cerrar acuerdos con el sector de la salud, dentro y fuera de Estados Unidos. Es una frontera que todos quieren traspasar a la brevedad posible para extender su comercialización de datos que es en definitiva la actividad central de todas las tecnológicas. Esta aspiración no es privativa de Google, también Amazon y Apple apuntan a ese sector. En el caso de la empresa de Cupertino, su Apple Watch, es una terminal de recogida de esos datos. 

Por el contrario Google carece de ese tipo de monitores usables que recogen los datos sensibles de los usuarios. La adquisición de Fitbit en ese sentido era la llave de entrada. No es menos cierto que la capacidad de las grandes tecnológicas para obtener datos de usuarios, y su experiencia en procesar esa gran masa de información, también atraen al sector de la salud y de seguros. Pero uno de los elementos de preocupación es que los datos pierdan su anonimato, precisamente por la capacidad de las grandes tecnológicas para individualizar a los usuarios, ya que disponen de todos los parámetros necesarios para hacerlo. Esto haría que una vasta masa de información sensible pueda ser atribuible a personas físicas concretas, traspasando la barrera de la privacidad. Una fuga de esos datos haría las delicias de las aseguradoras del sector de la salud que están siempre preocupadas por sus riesgos al contratar servicios con sus clientes.

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