edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
07/11/2012
Las tensiones de financiación y el sobrecoste de la “marca España” alimentan relocalizaciones

Grandes y medianas empresas estudian segregar operaciones y domiciliarlas fuera de España

Carlos Schwartz

Los departamentos de estrategia de grandes y medianas empresas españolas rentables consideran en qué medida sus posibilidades de financiación mejorarían si relocalizan una parte de sus operaciones para evitar las tensiones de liquidez que soportan por la ausencia de crédito y los costes financieros. “Empresas cuyos ingresos proceden en un 85% de su actividad internacional, y que tienen una gran concentración de operaciones de largo plazo en mercados exteriores están analizando la conveniencia de mantener sus sedes en España”, de acuerdo con una fuente de una empresa industrial española. Además, las empresas muy internacionalizadas sufren crecientes trabas al desarrollo de su actividad exterior a causa del sobrecoste que implica la “marca España”.

“Tenemos un excelente proyecto que requiere financiación internacional. Supone la exportación de bienes de equipo de alto valor añadido. El negocio se paga a si mismo mediante una concesión de explotación. Pero requiere financiación del proyecto. Los bancos españoles no quieren participar aduciendo riesgo, cuando este es realmente despreciable. La banca internacional que hace financiación de proyectos analiza con suspicacia el negocio porque es una empresa española y lo primero que te preguntan es porque no te financia un bancos español”, afirma la fuente.

“Telefónica ha considerado diversos escenarios para facilitar su financiación. Una de ellas es un spin-off de activos internacionales, en particular los de América Latina, para agruparlos en una filial con sede en un país fuera de España, posiblemente Brasil”, afirma una fuente de una consultora en Sao Paulo. De acuerdo con la fuente esa filial podría cotizar en las bolsas de Brasil y de Nueva York, y “tendría menos tensiones de financiación que las que soporta ahora la matriz”. Otra fuente de un grupo industrial cuya demanda de producto está fuera de España y que dentro del país tiene sus plantas paralizadas considera la posibilidad de escindir los activos productivos establecidos en Iberoamérica y presentar una convocatoria de acreedores en España.

Las fuentes consultadas muestran un escepticismo creciente respecto de la política económica del Gobierno. “La caída de los costes laborales es un elemento, pero no podemos ir más allá de él. La falta de financiación asfixia a las empresas, y el retraso en solicitar un rescate lo pagan las empresas mientras el Gobierno habla de brotes verdes”, dice una fuente de una mediana empresa auxiliar de la industria del automóvil. “La forma de generar financiación propia es a expensas de maximizar el beneficio pero como la demanda no es elástica las empresas lo logran a costa de su personal. Es decir despidiendo gente, esa no es una buena salida”, afirma una fuente de una industria del sector de la energía, quien añade, “Mientras tanto el Gobierno habla de brotes verdes y el ministro de Economía publica un artículo en el Wall Street Journal afirmando que el futuro del país es brillante”.

“Es llamativo que el artículo de opinión del ministro de Economía aparezca en vísperas del anuncio por parte de la Comisión Europea de sus previsiones económicas que son claramente adversas para España y que contradicen el persistente anuncio de brotes verdes”, señala un alto ejecutivo de una empresa del sector de la energía. “El problema de la financiación es capital para revertir la situación, y si el Gobierno sigue negando la necesidad de un rescate las posibilidades de que las empresas puedan refinanciarse se aleja en el horizonte. El Gobierno no ha sido siquiera capaz de resolver el problema de capital de los bancos en crisis, ni sus problemas de liquidez...”, concluye la fuente.

El revés que las previsiones de la Unión Europea suponen para la política de optimismo oficial no podrá ser disipada con un artículo de opinión del ministro de Economía. En todo caso este parece dirigido a alentar las inversiones potenciales en algunos de los proyectos que la cartera de Guindos tiene la responsabilidad de sacar adelante, como el alicaído banco malo. Pero, ciertamente, varios analistas de los fondos de inversión extranjeros que han estudiado la compra de activos en manos de los bancos españoles en crisis consideran que no se trata solo del precio de los mismos, sino también de las perspectivas del mercado interior que consideran “poco claras”.

De aquí a que la reforma financiera de algunos frutos habrá que pasar aun por encima de escollos de difícil resolución, como el futuro de Bankia y qué volumen de recursos la Unión Europea va a estar dispuesta a aceptar que se viertan en ese salvamento. Los planes del Gobierno en materia de reforma financiera se van a convertir en un incremento de la deuda pública a la vista de la incapacidad para gestionar una separación entre la crisis bancaria y la financiación por parte del Estado de esa crisis. Las empresas no cuentan con aire suficiente para la espera de una salida. Sin contar con que en el camino hacia un horizonte más luminoso haya accidentes graves.

Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) ha logrado en los primeros siete meses de este año refginanciar un 13% de su deuda total, en particular dos créditos de vencimiento en 2012. Además, ha logrado refinanciar parcialmente vencimientos de su filial Portland Valderribas. Pero, repentinamente, se han cernido las sombras sobre su filial Alpine de Austria. El crecimiento de las ventas en esa filial no guarda relación alguna con los beneficios decrecientes que genera. Pero, lo que ha colocado a la empresa en situación de riesgo es una pérdida potencial detectada pero no aflorada por una auditoría de KPMG estimada en 260 millones de euros. De acuerdo con fuentes de medios financieros sin embargo, la empresa conocía la existencia de esa pérdida. Las fuentes afirman que el origen de las mismas “es poco claro” y puede ocasionar nuevos trastornos a la empresa.

Bastaría que una gran empresa con una fuerte carga de deuda se viese accidentalmente empujada a la insolvencia para que el clima se enrareciera aun más generando nuevas tensiones en el sector bancario. FCC tiene una deuda viva superior a los 6.000 millones de euros. Los malabares del Gobierno para vestir el escaparate de un futuro dorado y postergar la asistencia financiera de la UE atentan directamente contra la supervivencia de las empresas y pone en riesgo al sector bancario cuya reforma supuestamente favorece. Es este panorama el que empuja a grandes y medianas empresas rentables a pensar estrategias que implican la segregación de activos rentables y su relocalización.

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