edición: 2513 , Jueves, 19 julio 2018
02/02/2018

Grandes corporaciones chinas investigadas por el Gobierno por su nivel de endeudamiento en apremio

HNA y Wanda muestran signos de tensión financiera con el agravante que vender activos es complejo
Carlos Schwartz
Un grupo de grandes corporaciones chinas están desde el año pasado en la mira del Gobierno por su alto nivel de deuda y el apalancamiento que siembran dudas sobre la naturaleza sostenible de sus entramados financieros. La preocupación oficial saltó a la luz por la caída en picado de las acciones de Dalian Wanda Film en Shenzen. Las empresas cuyo nivel de endeudamiento ha sido investigado son Dalian Wanda, Fosun International, y el conglomerado HNA entre las cotizadas y la aseguradora no cotizada Anbang. Funcionarios del Gobierno confirmaron que estaban llevando adelante una investigación sobre los niveles de endeudamiento de empresas. La investigación ha supuesto la paralización de muchas inversiones previstas por los grupos en cuestión. Uno de los problemas que enfrentan estas empresas es que sus adquisiciones se han hecho sobre la base de un endeudamiento colosal cuya dimensión real es difícil de conocer, sobre todo la parte en moneda local. En casi todos los casos las acciones de las empresas que se han adquirido están en garantía de la deuda contraída. Con lo cual si se venden activos el dinero va a parar a manos de los acreedores en primera instancia. Lo cual quiere decir que si las grandes corporaciones comienzan a tener problemas de liquidez lo tienen difícil para aliviar las tensiones vendiendo activos. 
Esta semana Wanda ha hecho una operación que ha vendido a través de los medios de comunicación como un cambio de estrategia por el cual una de las empresas de su conglomerado, Dalian Wanda Commercial Properties (DWCP), que acumula tierra y edificios comerciales pasa de ser un desarrollador inmobiliario a ser un gestor de activos inmobiliarios. Pero si vamos al fondo de la cuestión lo que ha hecho el accionista relevante del Club Atlético Madrid ha sido vender el 14% de DWCP a un grupo de empresas tecnológicas con bolsillos profundos que pueden -o no- sacar partido de la propiedad de tiendas físicas si dan el salto de Internet al suelo, bajan de la nube por así decirlo y besan la tierra.

Para subrayar el paso teórico de desarrollador a gestor se cambiará el nombre de la empresa a Dalian Wanda Commercial Management (DWCM). Pero la realidad es más gris que el fulgor áureo que rodea las iniciativas de Wang Jianlin, el fundador del conglomerado. El 14% que se vendió ahora estaba en manos de los inversores que financiaron la salida de la empresa de la bolsa de Hong Kong que supuso un coste de 4.400 millones de dólares acordado con los accionistas en agosto de 2016. La salida se hizo efectiva en septiembre de ese año con el objetivo de salir a bolsa en algún mercado de China continental con el argumento que obtendría una mejor valoración. Parte del acuerdo con los inversores privados era que si no salía a bolsa debería iniciar el pago de un interés anual del 12% a partir de septiembre de 2018, es decir dos años después de su salida.

Lo cual sugiere que Wanda vendió el 14% aparcado en manos de inversores a cambio de una retribución que no se ha hecho pública para evitar el pago de altos intereses sobre la deuda pendiente. La venta del 14% a TenCent, JD.com, Sunac y Suning fue por un importe de 5.370 millones de dólares pero es difícil saber si la diferencia con la deuda de 4.400 millones se quedó en el bolsillo de Wanda o pagó una plusvalía pactada más intereses a los anteriores accionistas de esa participación. Lo que está claro es que si algo se quedó en casa es una gota de agua en el océano respecto del saldo de la deuda viva de Dalian Wanda. La empresa intenta reducir y reestructurar su deuda para modificar su balance en un esfuerzo que nadie sabe si se va a coronar con éxito. WCPM tiene que hacer frente a un pago de 510 millones a finales de marzo por un crédito sindicado. Debe pagar otros 1.000 millones en mayo y un vencimiento de 600 millones de dólares en bonos off shore en noviembre, es decir 2.110 millones de dólares.

Otra de las corporaciones agobiadas por el peso de su deuda y bajo la lupa de las autoridades es HNA, propietaria desde líneas aéreas hasta cadenas de hoteles de lujo y de una participación significativa en Deutsche Bank. Una corporación gigantesca pero endeudada hasta límites difíciles de establecer de forma fidedigna que hasta hace muy poco era la invitada más cortejada de los bancos de negocios que la consideraban fuente inagotable de recursos y por tanto candidata a adquirir lo que le pusieron enfrente. Ahora HNA debe prepararse para 20.000 millones de dólares en vencimiento de bonos entre 2018 y 2019 cuyo precio ha caído de forma significativa incrementado su rentabilidad hasta el 18%. El problema es que los que tienen esos bonos no los pueden vender porque realizarían unas pérdidas considerables por la caída del precio. 

Por lo tanto los tienen que mantener en sus carteras mientras la solvencia de la empresa es puesta a prueba a diario. Hay signos de que el grupo de empresas atraviesa por tensiones de liquidez en la compleja estructura del grupo que abarca 16 empresas cotizadas y capas superpuestas de sociedades instrumentales y participaciones cruzadas. 

Las empresas se han financiado con bancos chinos pero también han apelado a fuentes de financiación alternativas como los créditos privados entre partes a muy alto interés lo que contribuye a la dificultad de valorar la deuda en moneda local. La expansión alimentada por la deuda es una cultura asiática que funciona hasta el momento en que las empresas comienzan a tener problemas para cumplir con el servicio de dicha deuda. Este constituye el punto crítico. Dentro de esta cultura está el acaparamiento de tierras que a medida que se revalorizan contribuyen a la capitalización. 

Hasta que dejan de valorizarse y su precio se derrumba… algo que puede ocurrir como quedó demostrado con la crisis financiera de 2007. Pero para HNA soplan además otros vientos adversos tras sugerir un empresario que en el grupo había intereses de un alto cargo del Gobierno: Wang Qishan. Este último era una de las personalidades involucradas en la lucha contra la corrupción. Meses después de la denuncia contra Wang Qishan este dimitió al comité de la secretaría política del Partido Comunista Chino. Esto no ha hecho más que complicar todavía más la situación de HNA.

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