edición: 2761 , Martes, 16 julio 2019
14/01/2014
A España le interesa

Grecia busca aliados para sacar partido de la dualidad

En su doble condición de presidente de la Unión Europea y país rescatado e intervenido
Juan José González

Grecia es el segundo país de la Unión Europea que, tras Irlanda, ocupa la presidencia rotatoria del Consejo en posición de rescate y con su economía intervenida. Una situación paradójica por la que el país de turno en la presidencia de la Unión se encuentra bajo tutela de la `troika´, lo que equivale a que mientras Andoni Samaras ejerce de presidente del Consejo, un grupo de técnicos de la Comisión Europea, de su Banco Central y del Fondo Monetario Internacional vigilan y supervisan al minuto el rendimiento y la marcha de las reformas de su Gobierno en Atenas. Sin entrar en que la situación de facto podría ser susceptible de incurrir en alguna incompatibilidad, la presidencia de un país rescatado con un perfil como el griego y con un histórico de incumplimientos, de elusión y escamoteo de algunas de las medidas más duras, es decir, de un socio díscolo y con un elevado grado de inconsciencia, no deja de ser un elemento que amenaza la estabilidad de la Eurozona y, por tanto, la propia fase de recuperación iniciada hace unos meses tras haber logrado evitar la ruptura de la moneda común.

Las relaciones entre los técnicos de la troika y el Gobierno griego, cuyos representantes son los encargados de gestionar la política de los próximos meses en la Unión, está jalonada por numerosos incidentes y desencuentros, todos ellos en la medida en que el país intervenido no parece haber seguido las medidas de Bruselas, poniendo en entredicho la austeridad y las reformas convenidas por las propias autoridades griegas para conseguir las ayudas financieras. Y así, ante la evidencia de algunos incumplimientos y diversos retrasos en el programa de austeridad, los técnicos de la troika aterrizaron en la tarde ayer de nuevo en la capital helena. Es probable que el escenario que se encuentren no se haya modificado sustancialmente respecto a su anterior visita, pero lo que sí se da como seguro es que el rescate que comenzó en 2010 comienza su cuarto año con un debe en el capítulo de préstamos que alcanza casi el cuarto de billón de euros.

La incompatibilidad de la presidencia de la Unión puede encontrar ahora un fiel reflejo en un asunto tan capital como es la unión bancaria, asunto en el que varios socios europeos (los países del norte aliados con Alemania) no parecen estar muy de acuerdo con el resto. Podría darse la situación absurda en la que el presidente de la UE y el socio griego estuvieran trabajando para impulsar la unión bancaria, mientras, por otro lado, Alemania y otros países de su órbita no estuvieran de acuerdo en que, por ejemplo, Grecia, Portugal, Irlanda o Chipre formaran parte de la misma.  

Es probable que el Ejecutivo heleno presione a su primer ministro, presidente de la UE para que, en su condición de primer Ejecutivo logre una revisión de los términos del rescate así como la flexibilización en aspectos tales como los recortes presupuestarios públicos. Presiones del Gobierno griego para que, entre otros, se consiga el consenso suficiente dentro de la Unión para que sea condonada la mitad de la deuda del país, una especie de reclamación helena sobre la base del `indulto´ que en su día se aplicó a la reunificada Alemania. En todo caso, y con el objetivo declarado por Samaras de una próxima salida del rescate, la batalla para lograr la mayor ventaja en el trato de la deuda griega, no ha hecho más que empezar. Prueba de ello es que el presupuesto aprobado por el país para el presente ejercicio, cuenta con el desacuerdo de todos los supervisores internacionales, de la troika.

Pero el presidente de la Unión tendrá el tiempo tasado para 14 reuniones ministeriales, 35 encuentros de alto nivel y 33 conferencias en seis meses de Presidencia para avanzar en los varios centenares de asuntos atacados y heredados de la anterior presidencia. En realidad, Samaras contará con apenas cuatro meses para conseguir alguno de sus objetivos, en especial, los relativos a su país. Cuatro meses igualmente dedicados a hacer campaña al Parlamento Europeo para que a finales de mayo, un mes antes de la finalización del mandato, la Unión cuente con nuevos parlamentarios.

Por tanto, Samaras tiene que trabajar duro desde enero hasta abril para alcanzar algún logro en sus iniciativas, un camino muy corto para impulsar políticas de crecimiento o de creación de empleo, es decir, sortear las políticas de austeridad que tanto agrada a los socios del norte y que ahogan al Gobierno heleno. Difícil situación de compromiso para quien está obligado a `salvar´ a su país, al mismo tiempo que demostrar que las recetas de Bruselas funcionan, o que la economía europea está en fase de arranque, por mucho que con ambas no esté para nada de acuerdo.

Con todo, al presidente de la Unión Europea y primer ministro de Grecia no le son ajenas las situaciones de otros socios de la Unión como tampoco de las posiciones favorables a algunas de sus tesis de países como Portugal, Chipre, España e, incluso, como Italia en asuntos tan espinosos como la austeridad fiscal, la liquidación de entidades financieras, por poner algún ejemplo, y con los que a buen seguro lograría algún tipo de acuerdo.

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