edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
28/01/2015
Tolerancia germana

Grecia desbarata a Merkel la salida controlada de la austeridad

España se habría evitado una parte de los recortes sociales y de desempleo
Juan José González
Una mezcla de hechos consumados y de hartazgo parece estar en el origen del final de una estrategia política y económica, como es la austeridad, impuesta por los gobiernos más fuertes de Europa en el último lustro para combatir la crisis. La puntilla a esa estrategia se encuentra ahora en las manos del nuevo Gobierno heleno, díscolo en continuar bajo la tortuosa fórmula. Contestada y agotada, la estrategia ha conseguido disciplinar a una buena parte de los presupuestos más alegres y administraciones manirrotas. Pero el final de la terapia no era la `voladura´ de la austeridad, sino la salida controlada y supervisada por Alemania, y cuya primera manifestación habría sido el plan de compra de deuda por parte del BCE. Paradójicamente, España se pierde la oportunidad de frenar sus recortes al haber cumplido los compromisos.
Los últimos movimientos del Banco Central Europeo y de las reacciones del ministerio de Finanzas germano, o el silencio cómplice de la canciller Merkel sobre el plan Draghi, son importantes señales que sirven para interpretar que los gobiernos europeos se encuentran en la fase final de la austeridad. Como señal es también la reacción de la canciller ante las intenciones negociadoras del nuevo Ejecutivo de Atenas, una actitud, nueva, que apunta a una fase de renegociación del rescate de Grecia en términos más razonables, para que se pueda pensar en una recuperación de la normalidad en el país.

La primera señal de cambio en la postura alemana se produjo por la escasa resistencia mostrada por la canciller al plan de compra de deuda del BCE, lo que no evitó alguna declaración de miembros de su gobierno. El mensaje que se pudo leer no dejaba lugar a dudas: Alemania se resignaba al plan Draghi, lo cual significa un cambio de rumbo admitido con sutilidad por la canciller porque el movimiento del BCE forma parte de la salida medida y controlada de la estrategia de austeridad. El sí de la canciller al plan de compra de deuda es prácticamente total, puesto que tan sólo llegó a solicitar al BCE que dejara bien claro los importes de las compras y sus titulares, habilitando una cuenta separada en prevención de futuras contingencias (entre ellas la ruptura de la moneda única).

Otra de las señales que no ofrece lugar a dudas sobre el cambio de estrategia germana, es la ausencia de amenazas de expulsión de la moneda única si el Syriza se hacía con el poder en Grecia. En esta ocasión, el silencio germano en la campaña electoral es interpretado como complice de la nueva postura europea ante lo que se veía como inevitable: la victoria del partido radical. Una actitud que no pasa inadvertida para nadie, en especial para la formación política hoy en el poder porque viene a reforzar su anunciada estrategia de negociación.

Así las cosas, con la falta de reacción de Merkel como reacción a la renegociación del rescate que propone Grecia, puede decirse que la canciller sigue controlando la salida de la fase de austeridad. Incluso se puede comprobar la ausencia de reacción germana en que no parece haber puesto muchos inconvenientes a una reinterpretación del Pacto de Estabilidad que, si bien no sufre cambios sustanciales, deja un ligero margen a una relajación, o flexibilidad, en la evaluación del déficit de cada socio de la Unión, una proposición impensable hace apenas un año.

Aunque a partir de ahora el encargado de mover ficha será el Gobierno griego, otros socios de la Unión ya han comenzado a moverse al entender que la fase final de la política de austeridad puede traer algún beneficio, como evitar más recortes sociales o aplicar más reformas estructurales. Italia y Francia han visto clara la oportunidad y ya tienen sobre la mesa la petición de ampliación de los plazos de reducción del déficit. Pero España parece que no podrá aprovechar el final de la austeridad para suavizar algunas de sus políticas. El adelanto del Ejecutivo español en el cumplimiento de los deberes impuestos por Bruselas -reformas y recortes- han reducido a nada los posibles beneficios del final de la austeridad.

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