edición: 3055 , Lunes, 28 septiembre 2020
14/01/2010

Grecia, enfermo grave tirando a crítico

Pedro González
No es, desde luego, el único país de la Unión Europea que ha hecho trampas jugando con los datos estadísticos que sirven de base para la obtención de los muchos fondos y subvenciones que se otorgan desde Bruselas. Todos los países mediterráneos de Europa aprendieron pronto el arte del birlibirloque contable, aunque los presuntamente más éticos y puritanos de la Europa del Norte tampoco andan escasos de maña y destreza en la pelea a codazos por hacerse con mayores porciones de la tarta comunitaria. En esa pugna norte-sur europea los que sufren el clima más plomizo y frío calificaron a los del sur como PIGS (acrónimo de Portugal, Italy, Greece y Spain), con el doble lenguaje de tildarlos de cerdos a causa de su presunta afición al artificio, la infracción y la contravención disimulada de la ley.

Partiendo de la base de que ese calificativo general es tan arbitrario como injusto, lo cierto es que siempre hay alguno de esos PIGS que da la nota. El más estridente suele ser Grecia, cuya situación actual va a poner a prueba tanto la solidaridad europea como la solidez de su sistema monetario. Las cifras que Atenas facilita a los organismos internacionales, con ser gravísimas,  ya no se las cree nadie. El último dato, que sitúa el déficit público de Grecia en el 12,7% del PIB –cuatro veces mayor que el estipulado como límite y el mayor de toda la Unión Europea- es exactamente el doble del que el propio Gobierno griego facilitó a Bruselas a finales de septiembre, lo que lleva a pensar que la realidad sea aún más abultada. La Oficina Estadística Comunitaria (Eurostat) tampoco se cree las cifras que Grecia le facilita sobre los fondos de la Seguridad Social, la deuda de los hospitales públicos y las transacciones realizadas entre el Gobierno y las empresas públicas. La corrupción en estos tres capítulos esenciales parece ser bastante más que una mera sospecha.
 
El primer ministro, Giorgios Papandreu, se encuentra cada día con una nueva sorpresa. La herencia recibida del gobierno conservador de Karamanlis puede diagnosticarse con un solo vocablo: bancarrota. Término demasiado taxativo, por lo cual Papandreu rebaja el diagnóstico y solo reconoce de momento una triple crisis, financiera, económica y fiscal, aunque no oculta su gravedad al señalar que “representan una amenaza nacional”.
 
La emergencia de la situación griega supone también un test decisivo para toda la UE. Más de uno de los países grandes del norte, pongamos por caso Alemania, albergaría en su fuero interno irrefrenables deseos de echar a Grecia del euro. Las tensiones que soporta la moneda única a causa del incumplimiento de todas las recomendaciones de ajuste son contempladas en las denominadas locomotoras como un lastre que puede provocar vías de agua en el buque europeo. En los círculos financieros de Frankfurt, pero también de Bruselas e incluso de Londres –Gran Bretaña fue en su momento el principal valedor,  de la inclusión, casi a la fuerza,  de Grecia en la UE-, se recuerda que Atenas se incorporó al euro tras haber falsificado las estadísticas sobre déficit y deuda, ya que no cumplía los criterios de convergencia. Abundan en la impresión de que la laxitud de entonces es causa de los males actuales.
 
En los últimos días han pasado por la capital griega tanto altos cargos del Banco Central Europeo como del Fondo Monetario Internacional, que han urgido a Papandreu a que no demore ni un minuto más la adopción de las brutales medidas de ajuste que se imponen. El presidente de la UE, Herman Van Rompuy, también ha tomado la muñeca del enfermo griego y ha notado la extrema debilidad de su pulso, de manera que el capítulo heleno ha de ser por fuerza uno de los más importantes de la cumbre de febrero para saber por fin qué medidas, iniciativas y política común decide la UE para salir de la crisis.

La situación de Grecia servirá también de test para evaluar otras que le pisan los talones en cuanto a la enormidad de su fiebre, como es el caso de España y Portugal. Por cierto, el régimen de sanciones que propuso inicialmente el presidente Zapatero para los países que incumplan las normas y acuerdos de la UE, -trocado después en “estímulos” para los cumplidores- tenía precisamente a Grecia, España, Portugal e Italia como los primeros candidatos a ese hipotético tirón de orejas.

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