edición: 2579 , Lunes, 22 octubre 2018
16/02/2015
Grecia 
Conseguir superávit público

Los socios europeos dan por sentado el impago de Grecia

La mejor forma de cobrar la deuda es evitar que aumente en el futuro
Alexis Tsipras, primer ministro griego
Juan José González
La prima de riesgo española ya ha comenzado a descontar una parte de la quita de parte de la deuda que Grecia tiene contraída con el Gobierno español. Lo mismo sucede con las primas de riesgo francesa e italiana, y menos en la alemana y en las del resto de acreedores. Es una situación que poco a poco se va clarificando. El Ejecutivo griego ya sabe que sus socios saben que lo que no se puede pagar tampoco se va a poder cobrar, una especie de tautología que ya forma parte del fondo de las negociaciones entre deudores y acreedores. En las dos últimas semanas las dos partes, griegos y socios de la Unión Europea, tienen en cuenta que el pasado está plagado de antecedentes que `legitiman´ la postura de resistencia del deudor, y ponen de ejemplo a los Gobiernos occidentales que nunca han tenido superávit público. Es una buena razón para oponerse a las pretensiones de la UE, un clavo ardiendo.
El pulso entre socios acreedores de la UE y el deudor y también socio heleno, entra esta semana en una fase de cierto realismo. El Ejecutivo griego mantiene una postura firme, razonada y basada en que las condiciones impuestas por los acreedores son tan fuertes, leoninas e imposibles de cumplir que equivalen a admitir que los deudores nunca podrán pagar lo que deben, y que, por tanto, lo que deben hacer unos y otros para no perder el tiempo son los términos, tiempos y volumen del default y su administración. Mientras tanto, las primas de riesgos seguirán subiendo.

Puesto que la suspensión de pagos, desde el punto de vista económico, no parece ser ningún problema insuperable para Europa, tan sólo el 2% del PIB de la Unión, no tiene sentido alargar los plazos de negociación entre las partes si, al final, la única forma de `cobrar´ la deuda es que ésta no aumente en el futuro. Lo cual pasa por ayudar a Grecia a conseguir superávits públicos en los próximos ejercicios, como también por enterrar, graduar o matizar la política de austeridad.

Una de las muchas ideas que llevaba el ministro de Economía, Yanis Varoufakis en su cuaderno de bolsillo, cuando despegó de Atenas, además de la vieja reivindicación del perdón de las deudas de la postguerra, era más contemporánea. El griego mencionó a todos y cada uno de sus interlocutores en Paris, Londres, Bruselas y Berlín que le constaba que en los últimos 36 años una veintena de Gobiernos pertenecientes a la OCDE no había alcanzado nunca la posición de superávit primario. 36 años son muchos presupuestos seguidos, uno detrás de otro, que alguien muchas veces se ha encargado de consentir y que equivale a que la deuda pública de cualquiera y de todos esos países que no conocen la posición de superávit primario, no será pagada ni devuelta jamás.

El responsable de las finanzas griegas concluye, por ello, que está convencido de que sus socios de la Unión Europea ya no cuentan con que Grecia devuelva el dinero, pague sus deudas. Al contrario que esos países que nunca han logrado superávit primario, Grecia sí lo alcanzó en octubre pasado, cuando Antonis Samaras, entonces primer ministro, comunicó que el programa fiscal de su gobierno había logrado 2.530 millones de euros de superávit, el 1,4% del PIB que suponía el doble del objetivo previsto. Todo un primer síntoma de las intenciones y de las posibilidades de un socio que pretende cumplir sus compromisos. Aunque no parece suficiente para los socios de la Unión.

Con la premisa de que la deuda es impagable e incobrable, la Unión se encuentra ante un socio pequeño y debilitado por sus finanzas públicas en la ruina, y que tan sólo cuenta con una posible salida: que le permitan graduar la forma de corregir y evitar que el déficit público no crezca esos 25.500 millones de euros cada año. Lo que no deben hacer los socios, por tanto, es amagar con estrangular a las empresas y bancos privados, cortando la financiación de la liquidez de emergencia. Es la única forma que tiene el Gobierno griego de lograr una remontada económica. Cualquier otra salida será más nociva a medio y largo plazo. Aunque para ello los socios europeos, los acreedores, deban garantizarse que cumplirán los compromisos.

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